28Febrero2017

Stephen King o teoría del error y la desmesura

Una lectura de “Stephen King. Alabanza y crítica”; un recorrido del narrador y poeta Federico Sironi por la obra del escritor norteamericano, como excusa para un cierto posicionamiento en torno a la literatura.

Por Jorge Hardmeier


Lo que siquiera puede ser dicho, pude ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar.

(Ludwing Wittgenstein)

Sigue hablando aun cuando consideres que no hay nada más para decir.
(Samuel Beckett)

 

“Yo no busco, encuentro”, es una conocida frase de Pablo Picasso. Agregaría, en el caso que me ocupa: el azar existe, mas debe ser vislumbrado. El tema no es solamente encontrar sino, principalmente, lo que ese hallazgo genera. Federico Sironi narra la situación producto del azar, génesis de su ensayo sobre el escritor norteamericano: “Stephen King no era un autor de mi gusto. Había leído algunas de sus novelas pero ni siquiera las consideraba un pasatiempo. La resignificación de su obra llegó por azar cuando leí un libro que encontré en la calle y estaba todo marcado: Corazones en la Atlántida. Fue a partir de esa lectura que me tomé el trabajo de leer casi toda su obra sin marcar los libros ni tomar notas. Ese fue el proceso más dificultoso. Luego de ese trabajo se me ocurrió escribir un ensayo que era necesario en relación a la lectura en sí, y ante cosas de ella que me dejaron pasmado.” Federico Sironi escribió, entonces, este ensayo, por incomodidad.

Como Stephen King, excede – según este estudio - el género del terror, “Alabanza y crítica” excede, asimismo, al propio autor objeto de estudio. Sironi, autodefinido “escritor caprichoso”, toma a este ensayo sobre el autor de IT, como excusa para posicionarse en el contexto de la literatura. Posicionamiento: Stephen King no es un escritor de novelas de terror. Escribe sobre la angustia.

Una de los preconceptos que analiza Sironi es la ya extensa disputa crítica entre literatura culta y literatura popular. Cultura alta y cultura baja. En este sentido, lo que el autor hace es desarticular los prejuicios del lector culto, del crítico mentirosamente sesudo, del preconcepto de lo popular como símbolo de producción artística de baja estofa. “Toda reflexión de un escritor argentino sobre la obra de SK sería vana, desde el momento en que no aceptaría que el prejuicio está a 5 centímetros de su espalda”. En este sentido “Alabanza y crítica” es una suerte de denuncia al “lector culto”, a “aquellos que creen que la literatura está reservada para los intelectuales” y a los “intelectuales de salón underground y de las nuevas catacumbas de cierta moda vintage y contracultural” que tienen un prejuicio sobre la obra de Stephen King – entre otros autores, agrego – por haberse convertido en best seller. Una digresión: el típico estudiante universitario culto y leído que, seguidor en algún momento de Los Redondos, dejó de escucharlos por haberse convertido en banda masiva.

Encadenada a esta idea surge la cuestión de los géneros y la incesante y obsesiva tarea – lujo de cierta crítica académica amparada por el mercado - de clasificar: “Stephen King es un típico autor de culto que se volvió best seller por la forma directa en la que escribe que tiene casi un carácter folletinesco. Como digo en el ensayo trae el folletín del siglo XIX al siglo XX y XXI. King es a Hammett respecto de la modificación de un género porque lleva el terror a las calles de una ciudad imaginaria y lo hace cotidiano y casi banal, pero lo aumenta en su lucidez literaria convirtiéndolo en buena literatura a veces y en otros casos no, pero nunca deja de ser entretenido. No hay desmesura en su obra, se nota que es feliz cuando escribe lo que él mismo reconoce en Mientras Escribo. El ensayo es breve para que sea rápidamente leído e incite a la lectura de King, un autor con el que yo mismo tenía prejuicios”, explica Federico Sironi, autor de, entre otros libros, “Los infieles” y “Los hombres de los pantanos”.

Y si hablamos de géneros hablamos sobre una suerte de genealogía literaria: además del ya nombrado Dashiell Hammett, Sironi nos presenta a Hemingway y su famosa teoría del iceberg en relación a la obra de King: “Hemingway muestra la punta del iceberg, pero, al escribir, conoce lo que está debajo. SK muestra lo que está debajo para que, a lo largo de todo el texto, el lector especule con lo que está arriba, generando suspenso al estilo Hitchcock. O, si se quiere, da vuelta el iceberg generando terror.”

El tema no queda allí. Sironi, en una genealogía arbitraria como toda genealogía, establece una relación entre la obra de King y dos autores reivindicados, justamente, por la intelectualidad crítica imperante: Alberto Laiseca y Roberto Bolaño, “dos autores en cuyas obras puede notarse la influencia de SK”, específicamente en el libro Corazones en la Atlántida. Luego relaciona a IT – novela esencial de King en el universo Sironi – con “Los detectives salvajes” y “Los Sorias”. Dos autores que, como Stephen King, exceden sus propios libros, los géneros y el contexto literario imperante. Lo que Sironi escribe sobre King puede hacerse extensivo tanto a Laiseca como a Bolaño: “Creo que a King le gustaría una eternidad posible, pero no puede hacerlo. Solo es un autor de novelas de género y por eso las excede y las hace excesivas, tan excesivas como la eternidad”. De los tres autores podría escribirse lo mismo: la desmesura, el exeso. Del autor de este libro sobre Stephen King, tal vez, podría opinarse lo mismo.

Sin embargo, la idea más inquietante de “Stephen King. Alabanza y crítica”, es la que denominaría Teoría del Error. El error narrativo como creación. El error como fisura en la ortodoxia debidamente aceptada. El enunciado sería: “Es mejor ser heterodoxo y equivocarse lo suficiente como para escribir algo distinto.” Lo escribe, claro, Federico Sironi.
“Alabanza y crítica” es un libro caprichoso, que apuesta, justamente, al error. El capricho, tanto como el error, suelen ser malinterpretados. Y sí. “Eso es lo que necesita un escritor” – escribe Sironi en el Epílogo – “que sus libros sean malinterpretados”.

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