22Febrero2017

Editoriales

La victoria de Macri nos importa tres velines

La oposición mediática nos puso contra las cuerdas. Con los resultados electorales del domingo, nos obligan a hacer tres críticas: contra el electorado porteño, contra Mauricio Macri o contra el kirchnerismo, es decir, contra nosotros mismos. Tenemos que escaparnos y volver al centro del ring.

 

Veamos. Insultar a la mitad de los porteños (tesis Páez), nos despierta dos objeciones. La más inmediata, es que los medios reaccionarios nos enemistan con una enorme porción del electorado local que vamos a necesitar en dos domingos y cada dos años. Pero la más importante es que denunciar la supuesta imbecilidad de un colectivo social, de un “Pueblo” (además, cohabitantes argentinos), nos asemeja al gorilismo más rancio. ¿Qué diferencia aquel que dice “la mitad de los porteños dan asco” de aquel que señala que “la mitad de los habitantes del Conurbano son negros cabezas”?

La Ciudad de Buenos Aires es uno de los distritos más ricos de América Latina (tiene un ingreso per cápita similar al de Bélgica) y eso le despierta una relación con el Estado diferente al resto nacional. Súmese la tradición porteña de liberalismo comercial (la ciudad – puerto) y los años de lucha contra el resto del país. Esto explicaría la buena elección de Macri en los barrios del norte (Recoleta, Palermo, Barrio Norte, etc.)

Por otra parte, la política económica nacional llevada a cabo por Cristina repercute favorablemente en la ciudad por lo cual los desatinos en la gestión de Macri no se viven como empeoramiento en las condiciones de vida de la población porteña. Esto ayudaría entender los buenos guarismos del ex presidente de Boca en el sur de la ciudad (Soldati, Lugano, Pompeya).Es una ciudad compleja que hay que entender. Pero así cómo ganó Macri, también ganó Ibarra, que lo venció en ballotage allá por 2003. Está todo por construirse y tener el aval del 30% de los electores no es una base para despreciar.

Opción 2, vilipendiar a Macri (tesis Fontova). Todos los que leen esta editorial saben que Macri expresa un sistema de valores muy jodidos, un regreso a 1991, con su Convertibilidad y privatizaciones debutantes. Cuestionar su programa es el meollo de la política K. Ahora bien, denigrarlo en términos personales, la misma noche de su victoria, solo es explicable por la calentura de la derrota. Porque al menos esa noche, tiene la confianza de la mitad de los porteños, y es contra ellos que nos estamos expresando.

Tercera posibilidad: criticar al kirchnerismo, a Juan Cabandié, a Daniel Filmus o incluso a la presidenta (tesis Clarín – La Nación – Cerrutti). No vamos a profundizar acá sobre las razones y la insistencia de los medios reaccionarios en quebrar al kirchnerismo. Vamos a señalar que nuestro movimiento cuenta entre su frondosa bibliografía un pequeño manual titulado "Apuntes de Historia Militar" (J. D. Perón, 1931), que viene a ser como el Arte de la Guerra de Sun Tzu, pero del peronismo. Con sencillez, el joven oficial explica que en la guerra debe haber una conducción centralizada, alguien que tenga la inteligencia global de la situación. Esto vale para las listas electorales. Cristina Fernández es quién conduce, quien tiene la responsabilidad de establecer la estrategia general. A cada uno de nosotros nos tocan otras funciones. Si cuestionamos la estrategia en medio de la batalla, despertamos confusión y colaboramos poco.

A modo de conclusión, y retomando conceptos del compañero Daniel Kamiszcik, nos parece que la función del militante está en otro lugar. No se trata de pelear por estar dentro de una lista ni de cuestionar su confección. Se trata de integrar un frente (barrial, sindical, universitario, campesino, de género, incluso comunicacional o de etnia) y fortalecerlo. Un frente en el sentido de cualquier espacio donde uno incida sobre la realidad. Nuestra función es identificar el conflicto social y poner el hombro como luchador social. El conflicto social tiene sus propios ritmos que no se condicen exactamente con los tiempos electorales. Las elecciones no son tan importantes. Néstor y Crístina pudieron avanzar con victorias y con derrotas electorales. ¿Por qué? Porque se pararon sobre el conflicto social. ¿No fue lo que ocurrió entre 2008 - 2009? ¿O acaso el kirchnerismo no es hijo del 2001? (Agencia Paco Urondo)

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