22Febrero2017

¿Moyano a la hoguera? El riesgo del discurso inquisidor

Tras señalar a Mariana Moyano de defender abusadores, por las rápidas asociaciones que promueve la criminología mediática, es necesario parar la pelota y pensar al respecto. Antes de escribirse esta nota, la misma Mariana Moyano también respondió a este artículo.

Por Santiago Gómez, desde Florianópolis, Brasil

Los hechos: el pasado 22 diversos medios de comunicación difundieron la noticia de que el cantante de El Otro Yo, Cristian Aldana, fue detenido por denuncias de abuso. Ese mismo día Mariana Moyano, periodista, docente en comunicación y militante feminista, publicó en Twitter “Hola. Es mi hora de frivolizar todo. Vengo a denunciar que siendo menor de edad en los 80 cogí y mucho, mucho, mucho. Y con mayores de edad". Un rato más tarde agregó: "¿Alguien tiene alguna idea el monstruo que están creando las "feministas" recién llegadas a todo? No tienen noción de lo que están haciendo". Desde diversos medios, entre ellos APU, se vincularon las palabras de Moyano con el procesamiento de Aldana sin tener en cuenta las diversas críticas que la militante feminista viene realizando a un sector del feminismo argentino con poder de amplificar sus posiciones en medios de comunicación masiva. El objetivo de este texto es reflexionar sobre el discurso sobre el que se sostuvieron las acusaciones que apresuradamente se realizaron y la lógica que las impulsa.

Hasta hace pocos años la totalidad de los medios de comunicación abordaban la violencia contra las mujeres y el asesinato de las mismas en la sección policiales y como crímenes pasionales. Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se realizó una reforma legislativa que creó la figura de femicidio. Pero independientemente de si los medios explican el hecho en causas pasionales o como violencia de género, debate que excede el propósito de estas palabras, lo que quisiera llamar la atención es sobre el discurso en el que se ordena el abordaje de la violencia de género, el cual considero que se encuadra dentro de lo que Raúl Zaffaroni conceptualiza como “criminología mediática”. En su obra “La palabra de los muertos. Conferencias de criminología cautelar”, el juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos analiza el poder punitivo, los medios de comunicación y concluye que aún no hemos salido de la Edad Media, ya que se perpetúa el discurso de la Inquisición, instituido a través del “Malleus Maleficarum”, libro firmado por Henry Kramer y Jakob Sprenger.

En su libro Zaffaroni señala algunos caracteres estructurales del discurso del Malleus, los núcleos temáticos sobre los cuales se sostiene el poder punitivo, de los cuales nos vamos a referir a algunos. “Estos núcleos temáticos se reiteran hasta la actualidad en todas las criminologías legitimantes del poder punitivo más o menos ilimitado, si bien lo hacen con otros contenidos culturales. Se trata de algo así como un programa de computación que se vacía de información y se vuelve a alimentar con otra: varía el contenido, pero el programa siempre es el mismo. De allí el carácter estructuralmente fundacional del Malleus”, nos dice el autor. Lo que el ex juez de la Corte Suprema de Justicia nos muestra es que el mismo discurso se utilizó para castigar a las brujas, después a los militantes en armas que llamaban “subversivos” o terroristas, a los terroristas y luchadores contra las invasiones imperialistas en Medio Oriente y también se aplica a nuestros pibes y pibas de los barrios marginales. Hay una amenaza, hay que intervenir ya, no hay tiempo para cuestionar los métodos de abordaje, eso dejémoslo para más adelante, quien duda de los métodos con los que se combate la amenaza es cómplice de aquello que se combate.

Algunos de los núcleos temáticos que caracterizan el discurso inquisidor, que se expresa en los medios de comunicación a la hora de abordar la “guerra contra el narcotráfico”, “la guerra contra el terrorismo”, “el combate a la inseguridad”, son los siguientes:

a) Maximización de la amenaza criminal.
b) La altísima frecuencia del delito determina una emergencia. Esto amenaza a la humanidad en su conjunto.
c) El peor criminal es quien duda de la emergencia. Los peores herejes son los que niegan la capacidad de las brujas, subversivos, terroristas, “pibes chorros” o su existencia. La maximización y frecuencia legitima el poder ilimitado de los inquisidores, del Estado, el ejército, la policía.
d) Pureza de imágenes rectoras. Las imágenes que son arquetípicas de lo bueno, en este caso Jesucristo y los ángeles, no admiten la menor mácula, tampoco la imagen del Estado Gendarme que con su bondad busca liberarnos de quienes amenazan nuestra libertad, nuestra seguridad, nuestras democracias.
f) el castigo siempre es justo.
g) Infalibilidad de los inquisidores. Los autores de Malleus afirman que no se conoce ningún caso en que un inocente haya sido infamado por brujería. Lo mismo se argumentó para detener injustamente a quienes aún aguardan que los liberen de Guantánamo o de algún penal argentino.
h) Degradación ética del inquisidor. Cualquier medio era válido para llegar a la verdad: promesas falsas, engaños, violencia, mentiras, etcétera.
i) Inmunidad de los inquisidores. Los autores del Malleus son los únicos que no pueden ser víctimas de los engaños de Satán, éste carece de poder de inducirlos en error. Con esto garantizan su exclusividad para decidir en la materia.

Zaffaroni también nos cuenta en su libro que el jesuita Spee fue el que inauguró la criminología crítica. Que durante años se encargó de confesar a las mujeres que mandaban a la hoguera y que le preguntaron por qué siendo joven tenía el pelo tan blanco, a lo que respondió que por la cantidad de mujeres condenadas sin pruebas y por los sufrimientos inferidos por jueces crueles.

¿Moyano a la hoguera?

Pero siendo que en los medios de comunicación prima la “criminología mediática” y que crecemos en sociedades en las que se legitima el poder punitivo ¿No correspondería analizar si la violencia de género está siendo abordada de la misma manera? Para ello deberíamos observar si alguno de los caracteres estructurantes del discurso de la Inquisición se mantienen. Quién podría dudar que hoy la violencia de género es considerada una amenaza máxima, que la altísima frecuencia del delito determina la emergencia. ¿Qué sucede hoy con quien duda de una acusación contra un hombre por violencia de género? ¿Es acusado o acusada de cómplice de los violentos o abusadores? Según el Malleus y la criminología mediática la maximización de la amenaza y la frecuencia del delito legitiman el poder ilimitado de los inquisidores. ¿Hoy no se legitima en las redes sociales, en los medios de comunicación, el castigo máximo para quienes cometieron hechos de violencia contra mujeres, sin necesariamente haberlas asesinados, y al mismo tiempo se los considera personas enfermas? ¿Se piden respuestas violentas para solucionar la violencia de personas consideradas enfermas? ¿Las cárceles curan?

Otra de las características del discurso de la criminología mediática es la pureza de las imágenes rectores, no se puede dudar de quienes piden castigo. ¿Admiten la menor mácula las abanderadas y abanderados mediáticos del “Ni una Menos? ¿No consideran que el castigo siempre es justo? Agrego: cuando no poco y cuestionan la cantidad de años con que es condenada a la prisión una persona. Según el Malleus los inquisidores no fallan, no se conoce ningún caso en que un inocente haya sido infamado por brujería. ¿No se sostiene hoy que no existen casos de falsas denuncias de abuso? ¿No está instituido en los medios, y por consecuencia en la mayoría de la clase media, que toda denuncia de violencia o abuso es cierta? Basta con leer las respuestas que le dieron a Mariana Moyano en las redes para confirmar esto. Mi experiencia personal y profesional como psicólogo me dicen que existen las falsas denuncias, pocas, pero existen.

El Malleus también muestra la degradación ética del inquisidor, que cualquier medio vale para llegar a la verdad, así sea mentir. Qué agregar para probar que los medios de comunicación promueven que cualquier medio es válido para difundir lo que se les ocurre, dando por cierto hechos que no son más que interpretaciones de hechos, como fue señalar que Mariana Moyano diciendo que defendió a un abusador. La prisa, la inyección constante de la criminología mediática de la que la sociedad es víctima, llevó a acusar de defender abusadores a una mujer que padeció siendo niña reiterados abusos.

Mariana Moyano, por ser mujer, tiene la posibilidad de instalar debates que en boca o letras de un hombre no están permitidos, ni aún en carácter de profesionales, por el costo que deben pagar los medios al alojar algunas publicaciones. La compañera le hace muy bien al debate, lo amplía, combate una moral victoriana de cómo deben ser las relaciones de pareja, cómo debe ser el amor, cómo debe ser la sexualidad, todos temas que hoy en los medios quedan afuera a la hora de abordar la violencia de género.

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