01Marzo2017

Relámpagos

Emancipación, pensamiento estratégico y neo colonización

Por Santiago Asorey y Paloma Baldi l “Esto no implica una negación de los aportes teóricos del marxismo, a lo que nos oponemos es a que el movimiento sea subordinado a un paradigma que no le es propio”.

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El compañero Rodrigo Lugones publicó hace unas semanas el relámpago: “Ernesto Laclau: pos-marxismo para sí, pre-marxismo en sí”, a raíz de un texto de nuestra autoría que revindica al filósofo político argentino Ernesto Laclau. Nuestra intención es poder aclarar algunos de los conceptos que, creemos, fueron objeto de una interpretación más vinculada a preconceptos sobre la historia del peronismo que a la obra del autor. Del cual intentamos rescatar determinados ejes centrales.

El objetivo de Lugones en su texto pareció ser rescatar la vitalidad de la tradición marxista para pensar algunos de los problemas fundamentales políticos de nuestros días.

Consideramos que no es necesario reafirmar que no nos oponemos a las categorías teóricas que el marxismo pueda aportar a la histórica lucha de liberación de nuestro pueblo, por constituir la independencia económica, la soberanía política y la justicia social. Laclau tampoco lo hace, por el contrario, incorpora conceptos del marxismo a su obra. A lo que nos oponemos es a que el movimiento sea subordinado a un paradigma que no le es propio. Un pensamiento que Laclau comprendía cabalmente.

Este posicionamiento no implica, ni un pre marxismo, ni un anti marxismo, ni un pos marxismo, porque significaría darle una centralidad al marxismo que no tiene, al menos en nuestra tradición nacional y popular. Esto excede al pensamiento de Laclau, que puede inscribirse en un pos marxismo en la medida en que el teórico argentino se encuentra en un campo de disputa académico donde el marxismo sí tiene esa centralidad; es una categorización vinculada más a una disputa académica estratégica que una reivindicación propia identitaria. De hecho la coautora de “Hegemonía y estrategia socialista”, Chantal Mouffe, lo explica de manera bastante literal: “A partir de eso nos calificaron como postmarxistas. Nosotros lo aceptamos, apoyados en el ‘post’ pero también en el ‘marxistas’”.

Sin embargo esto no nos puede hacer olvidar un hecho fundamental y es que el pensamiento de Laclau tiene origen en una corriente nacional que lo fundamenta. Que se revela explícitamente cuando el filósofo argentino habla del historiador peronista Abelardo Ramos y lo considera el “pensamiento más radical en la historia de la izquierda argentina. Su pensamiento avanzó a través del revisionismo histórico en una comprensión de la historia argentina en la cual la noción de los actores colectivos se modificó de una manera fundamental.” Laclau describe esa radicalidad en Ramos, relacionada a las nuevas formas de articulación de una pluralidad de planos discursivos, entre los cuales se encontraba la tradición nacional-popular latinoamericana y la tradición marxista. Pero pareciera estar, en realidad, describiendo la operación teórica llevada a cabo en su obra con una profundización aun mayor que la de Ramos. Lo que Laclau ve en Ramos es el rescate de una tradición propia, compleja, en donde el marxismo ocupa un lugar pero no subordina los procesos que, por el contrario, lo exceden. Puesto que su riqueza está en la cruza de tradiciones que se juegan en las identidades populares y conforman su propias configuraciones doctrinarias, basadas en lo construido materialmente en la historia.

Esto no implica una negación de los aportes teóricos del marxismo, Laclau tampoco lo hace. Al punto que gran parte de su construcción teórica se basa sobre la idea de un posicionamiento político estratégico en un sentido gramsciano. En ese sentido la revalidación del pensamiento de Laclau, no se afianza en la liquidación del paradigma marxista (ya sea la versión secularizada y cuasi pos estructuralista que nos ofrecen Lugones y Eduardo Gruner en su relámpago Postmarxismo para mí, pre (si no anti) marxismo para todos los demás) o en una versión más dogmática y “ortodoxa”. Sino en la importancia de descentralizar ese enfoque epistemológico para acceder a la complejidad de experiencias históricas donde las identidades populares se configuraron heterogéneamente para revertir el dominio hegemónico neocolonial.

Considerar que cualquier idea que se desarrolle en el marco de las distintas luchas que llevan los pueblos latinoamericanos por su liberación implica referenciarse en el marxismo, a tal punto que serán ideas o “pre marxistas” o “pos marxistas”, expone al menos un rasgo de colonización sobre el pensamiento nacional: se lo fuerza a subordinarse a paradigmas pensados originalmente para otras formaciones sociales y otros cortes históricos. Sin querer entrar en la polémica que puede despertar el personaje histórico y el rol político de Guardia de Hierro, rescatamos una cita del dirigente peronista, Alejandro Francisco Álvarez: “El mestizo no es dominado, ni dominador: es libre. Ni el dominado, ni el dominador lo son, pues están presos. ¿De qué? De la dialéctica del amo y el esclavo. Ellos son Hegel, nosotros no.”, con el ánimo de remarcar que es la revalidación de la experiencia de liberación continental y la definición de un cuerpo doctrinario que ha ganado su independencia. A esto, se nos podría contestar que Laclau reproduce infinidad de conceptos, inclusive este que mencionamos de Hegel, que provienen de la tradición europea. Sin embargo, no podemos dejar de resaltar cuánto hay de adaptación, del teórico argentino, para construir una legitimidad universal en un nuevo campo de discusión.

Una de las críticas comunes al pensamiento de Ernesto Laclau es el señalamiento de una supuesta falta de originalidad, porque las reformulizaciones de las visiones dogmáticas y mecanicistas del paradigma marxista fueron incorporadas por otros autores. Primero lo dice Lugones: “no se trata de refundar una Verdad Absoluta (totalizante y totalitariamente sofocante, que cancele toda posibilidad de disidencia), sino de, por lo menos, establecer momentos de verdad parciales que nos permitan realizar totalizaciones sintéticas”, y después Gruner, que afirma: “que el marxismo bien entendido es infinitamente más ´postestructuralista´ que cualquier cosa que puedan decir Foucault o Derrida.” Este enfoque resulta al menos sorpresivo, puesto que uno no puede dejar de vincular esta visión a las “flexibilizaciones” de autores contemporáneos marxistas, que incorporan la dimensión del problema “posestructuralista” y que son tomadas como valiosas. Mientras las operaciones teóricas de reformulación crítica de Laclau son consideras “heréticas” al no reconocerse dentro esa tradición marxista que Gruner define como “modo de producción de praxis crítica.”

De hecho, Lugones también afirma que “Crítica de la razón dialéctica” de Jean-Paul Sartre, anticipa de alguna manera todos los problemas previstos por Laclau. Con la diferencia fundamental de que Laclau lo hace traduciendo conceptos y experiencias latinoamericanas al campo de disputa hegemónica de la academia europea. Ahora bien, lo que no se comprende es que: si la interpretación marxista “bien leída”, como nos afirman Lugones y Gruner, incorpora ya de por si una versión “flexibilizada” y “autocrítica”, ¿Cual sería el problema de reconocer el valor de Laclau en esa misma tarea? ¿O el problema es que Laclau reconozca la necesidad de declararse independiente de esa tradición teórica?

Slajov Zizek, en su crítica a la teoría de la ideología en el marxismo, incorpora la dimensión lacaniana para ofrecer una solución al problema que postula la idea del marxismo como la visión de un “grado cero” de la realidad: un lugar por fuera de lo ideológico. Zizek comprende, casi como Peirce con el lenguaje, que no hay nada por fuera de la ideología. Que la única crítica de la realidad ideológica es comprenderse siempre dentro de lo ideológico, desde la constitución misma del discurso. Zizek va más allá de Althusser y termina con los resabios marxistas de la lectura “objetiva” para incorporar: la distorsión fundamental que constituyen los núcleos traumáticos de las experiencias históricas, y a lo “Real” lacaniano reprimido, como una lucha de clases que siempre se encuentra en un latente regreso. Algo similar ocurre con Fredric Jameson cuando intenta recuperar críticamente los puntos nodales aportados por el post estructuralismo, para ir luego hacia una recuperación del concepto de totalidad histórica. Nadie acusa a Zizek o a Jameson, sin embargo, de practicar anti marxismo, o pre marxismo o pos marxismo. Como sí se lo acusa a Laclau. Aunque en términos formales, sus operaciones teóricas no se encuentran tan distantes. ¿La diferencia está en la reivindicación de una tradición por fuera del marxismo?

“El sentido llega después” de la “necesidad histórica”, “llega después”, nos dice Lugones. Pero ¿cuál es ese sentido que viene después? ¿Por qué ese sentido tendría que tener una centralidad en la construcción de un pensamiento nacional y estratégico de emancipación? Y, sobre todo, ¿por qué la lucha de un posicionamiento político estratégico de emancipación tendría que estar subordinada a un sentido, a configurarse sin confiar en su propia tradición y doctrina? Epistemológicamente hablando ¿cuáles serían los beneficios de este posicionamiento del cual todavía no podemos restituir un sentido? ¿Acaso no existe el riesgo de obturación de las verdaderas posibilidades históricas de las fuerzas del movimiento por un predestinado teórico? ¿Acaso el corte histórico en el cual se encuentra el campo nacional y popular no despierta preguntas más inmediatas para dar respuestas sobre la reconfiguración del bloque histórico? Sobre todo teniendo en cuenta la complejidad del objetivo inmediato que implica hacer retroceder la hegemonía neoliberal. En este sentido, no hay totalidades más inmediatas como las que plantea Laclau cuando habla de los objetivos inmediatos como “las demandas por mejores salarios, por una democracia industrial, por el control del proceso de trabajo, por una redistribución progresiva del ingreso.”

Restan dos problemas por aclarar. El primero: la calificación al pensamiento de Laclau como rizomático. "Esto está claro en el hecho de que algo tan marxistamente decisivo como la lucha de clases termina siendo uno más de esos points de capiton (otra precipitación seudo-lacaniana), en una dispersión rizomática impotente para la construcción de una estrategia consecuentemente radical ", dice Grüner . Necesitamos resaltar ante esto que la estructura planteada por Laclau no es rizomatica, por el contrario, es arborescente. Por la sencilla razón de que lo rizomático no reconoce la subordinación a ningún tipo de líder o paradigma, más aún, se caracteriza por la falta de una subordinación que conduzca a los elementos; no sería el caso de la configuración teórica de Laclau . El encadenamiento populista está subordinado por un significante vacío que lo aglutina para conducir el proceso: un líder. En este punto, las lecturas de Gruner, parecieran confundir entre lo rizomático y la inestabilidad de un esquema arborescente.

En segundo lugar, está el problema de la totalidad. Entre las múltiples acusaciones que recibe Laclau está también la de “pos moderno”, una crítica acentuada en la idea de que su filosofía abandona las conceptualizaciones sobre la totalidad. Algo sobre lo que él mismo se ha despachado, retomando la idea de Deleuze sobre las parcialidades afectando el todo: “De esa manera, el objeto parcial deja de ser una parcialidad que evoca una totalidad y se convierte en el nombre de esa totalidad”. O, en términos de Gramsci: “Cuál fuerza social se va convertir en la representación hegemónica de la sociedad como un todo es el resultado de una lucha contingente, pero una vez que una fuerza social particular pasa a ser hegemónica, permanecerá como un todo por un periodo histórico”.

Por todos estos motivos consideramos central la discusión sobre el pensamiento de Laclau. Que además, ofrece una última ventaja: por su estratégica discusión en la academia europea, su narrativa está en alerta permanente frente a los interrogantes vinculados a los puntos de vista que expresan rasgos de colonización sobre el pensamiento nacional.

RELAMPAGOS. Ensayos crónicos en un instante de peligro. Selección y producción de textos: Negra Mala Testa Fotografías: M.A.F.I.A. (Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs).

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