¿Cómo hizo Corea del Sur para desarrollarse? 

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¿Cómo hizo Corea del Sur para desarrollarse? 

26 Junio 2026

El economista Manuel Cruz, que reside en Corea del Sur, analiza las claves del proceso de desarrollo del país asiático. En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, explicó el papel de la planificación estatal, la infraestructura, la política industrial y, especialmente, el contexto geopolítico que permitió el despegue económico. Además, reflexiona sobre qué enseñanzas podrían aplicarse a la Argentina y cuáles responden a circunstancias históricas imposibles de reproducir.

Corea del Sur pasó de ser uno de los países más pobres del mundo tras la Guerra de Corea a convertirse en una de las economías más desarrolladas e industrializadas del planeta. Ese proceso suele presentarse como un ejemplo exitoso de desarrollo tardío, pero detrás del llamado "milagro coreano" hubo planificación estatal, política industrial, inversiones en infraestructura y un contexto geopolítico muy particular.

¿Qué decisiones permitieron esa transformación? ¿Cuáles de esas políticas podrían servir de inspiración para la Argentina y cuáles respondieron a circunstancias imposibles de replicar? En esta entrevista con Agencia Paco Urondo, el economista Manuel Cruz, residente en Corea del Sur, analiza el papel del Estado, la industrialización, la relación con Estados Unidos y Japón y los factores que explican el crecimiento del país asiático.

Es la geopolítica, estúpido

APU: Manuel, esta es la tercera vez que conversamos. Vivís en Corea del Sur desde hace dos años y medio y siempre que hablamos aparece el tema del desarrollo coreano. Es un caso interesante porque se trata de un país periférico, de desarrollo tardío, que hoy alcanzó niveles muy altos de industrialización y calidad de vida. Vale la pena preguntarse cuáles fueron las estrategias que le permitieron recorrer ese camino. Si tuvieras que señalar una decisión que explique ese proceso y que, además, pudiera servir como referencia para la Argentina, ¿cuál elegirías?

MC: Para mí, lo fundamental fue el segundo plan de industrialización pesada y química, implementado durante la década de 1970. Ese programa sentó las bases del desarrollo posterior. Incluso cuando el PBI per cápita de Corea seguía siendo inferior al de la Argentina, ya estaban dadas las condiciones para que el proceso de acumulación de capital fuera irreversible, sobre todo desde que la Argentina comenzó a desmantelar buena parte de su estructura industrial a mediados de los años setenta.

Ahora bien, también hubo muchos factores que no son reproducibles. Uno de ellos, y quizás el menos considerado, tiene que ver con la geopolítica y las relaciones internacionales.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos expulsó al Imperio japonés del sur de la península coreana, mientras que la Unión Soviética ocupó el norte. Se estableció una línea divisoria que luego derivó en la creación de dos Estados. Aunque formalmente Estados Unidos debía retirarse, nunca lo hizo: hasta hoy mantiene entre 30.000 y 50.000 soldados en Corea del Sur.

Durante décadas, además, Washington financió de manera masiva al Estado surcoreano. Sin embargo, otro hecho decisivo fue la normalización de relaciones con Japón en 1965, durante la dictadura del general Park Chung-hee. Ese fue un punto de inflexión.

APU: Pesó mucho la geopolítica.

MC: Es un proceso imposible de reproducir para la Argentina. Japón, impulsado también por la estrategia estadounidense en el contexto de la Guerra Fría, comenzó a relocalizar en Corea del Sur aquellas industrias manufactureras livianas que ya habían completado su ciclo de desarrollo dentro de la economía japonesa.

Hay un trabajo del académico británico Robert Castley que muestra muy claramente este fenómeno. A partir de 1965 puede observarse cómo disminuye la participación de Japón en las exportaciones mundiales de textiles mientras aumenta, casi en la misma proporción, la participación de Corea del Sur.

Además, la dictadura coreana fue muy cuidadosa para que ese desarrollo industrial quedara, al menos formalmente, en manos de empresarios nacionales.

APU: Ese factor es irrepetible en Argentina.

MC: Absolutamente. Ninguno de estos países se habría desarrollado sin ese contexto geopolítico. Siempre digo que la Argentina tiene, al mismo tiempo, una enorme ventaja y una gran desventaja: es uno de los países más alejados de los principales centros de poder del planeta. Está a unos 10.000 kilómetros de Europa, a una distancia similar de América del Norte y prácticamente en las antípodas del este asiático.

Además, es un territorio muy seguro. La Cordillera de los Andes, el océano Atlántico y una región relativamente estable desde el punto de vista militar hacen que resulte muy difícil pensar hoy en una amenaza existencial para la Argentina.

Corea del Sur vive una realidad completamente distinta. Tiene apenas 100.000 kilómetros cuadrados, una superficie comparable con la de Entre Ríos, pero alberga a unos 50 millones de habitantes. Entre el 70 % y el 80 % de su territorio es montañoso y no apto para la agricultura. La mitad de su población vive en el área metropolitana de Seúl, ubicada a apenas 60 kilómetros de la frontera con Corea del Norte.

Ese país casi desapareció durante la Guerra de Corea. Corea del Norte posee armas nucleares; China también; Rusia también. Del otro lado del mar está Japón, que ocupó brutalmente la península durante 35 años.

Es imposible que la dirigencia coreana piense la política sin tener presente esa realidad. Mientras tanto, en la Argentina muchas veces podemos permitirnos discusiones mucho más abstractas o idealistas porque no enfrentamos amenazas inmediatas.

Por eso sostengo que discursos como el de Javier Milei difícilmente tendrían lugar en Corea del Sur. Este es un país que, técnicamente, sigue en guerra. Aunque la población se haya acostumbrado a las provocaciones periódicas de Corea del Norte, todos saben que la situación puede cambiar de un día para otro. Esa percepción condiciona profundamente la forma en que el Estado piensa su desarrollo.

La inversión en defensa es enorme. Corea del Sur construyó un complejo militar-industrial muy importante, que fue una pieza central de su industrialización. Incluso la Guerra de Vietnam desempeñó un papel clave en ese proceso, aunque pocas veces se lo mencione.

Hoy Corea del Sur es uno de los principales productores mundiales de armamento. De hecho, durante la guerra entre Rusia y Ucrania fue un proveedor fundamental para abastecer a los aliados occidentales, en parte porque Estados Unidos perdió capacidad industrial para reponer el material bélico consumido en ese conflicto.

Y esto tampoco es exclusivo de Corea del Sur. Algo similar ocurrió en Taiwán, Singapur e Israel: todos combinaron una fuerte estrategia estatal de desarrollo con un contexto geopolítico excepcional.

Ahora bien, eso no significa que la Argentina no tenga ventajas propias. Las tiene, y muchas. Nuestro principal problema, en mi opinión, no es geográfico ni de recursos naturales, sino de economía política interna.

APU: Justamente quería preguntarte por una idea que suele aparecer en algunos economistas y analistas que respaldan la política exterior de Javier Milei. Ellos sostienen que, para desarrollarse, la Argentina debería alinearse estrechamente con Estados Unidos, siguiendo el ejemplo de países como Corea del Sur. Plantean que eso podría abrir la puerta a una especie de "desarrollo por invitación". ¿Cómo evaluás esa hipótesis?

MC: Me parece una visión bastante ingenua. Filipinas nunca logró desarrollarse de esa manera. Indonesia tampoco. En cambio, hoy el país que más rápidamente está creciendo en Asia es Vietnam, y lo hace en buena medida gracias a una estrategia de integración con China.

Incluso resulta interesante observar lo que ocurre con Corea del Norte. Hace poco el Wall Street Journal publicó un artículo sobre el fuerte crecimiento económico que estaría experimentando ese país. Más allá de las dificultades para medir su economía —porque los datos disponibles provienen principalmente de los servicios de inteligencia surcoreanos, cuya objetividad puede discutirse—, hay algunos indicadores llamativos.

Por ejemplo, se estima que Corea del Norte exportó armamento a Rusia por unos 10.000 millones de dólares, una cifra enorme para una economía cuyo PBI rondaría los 23.000 millones.

Además, quienes visitaron Pyongyang en los últimos años describen una ciudad con una infraestructura mucho más desarrollada, presencia de automóviles eléctricos y una actividad económica superior a la de años anteriores. Gran parte de ese dinamismo está impulsado por China y, más recientemente, por Rusia.

Por eso no comparto la idea de que el desarrollo dependa simplemente de alinearse con Estados Unidos. ¿Qué incentivo estratégico tendría hoy Washington para promover el desarrollo industrial argentino? No veo ninguno.

Si Estados Unidos tuviera interés en fortalecer a algún país latinoamericano, probablemente sería México, por su integración económica con el mercado norteamericano. Pero incluso allí una parte importante de las inversiones proviene de capitales chinos, coreanos y de otros países asiáticos que utilizan a México como plataforma para acceder al mercado estadounidense.

La Argentina, en cambio, posee enormes recursos naturales todavía subexplotados: minería, petróleo, pesca, agroindustria. Hay un enorme potencial de desarrollo, pero no depende de que una potencia decida "invitarnos" a crecer. Depende, sobre todo, de las decisiones que tomemos nosotros.

APU: ¿Cómo ves el debate sobre si el desarrollo de un país periférico debe impulsarse primero desde las exportaciones o desde el mercado interno?

MC: En la Argentina suele hablarse del desarrollo impulsado por las exportaciones, contraponiéndolo a la sustitución de importaciones. Sin embargo, Corea hizo ambas cosas. Durante la primera etapa de industrialización, alrededor del 90 % de las exportaciones se dirigían solamente a dos mercados: Estados Unidos y Japón.

Eso no era casual. Eran dos países que tenían un interés estratégico en que Corea del Sur se desarrollara. Con China, la Unión Soviética y Corea del Norte como vecinos inmediatos, perder Corea del Sur implicaba poner en riesgo toda la posición geopolítica de Estados Unidos en Asia oriental.

"Discursos como el de Javier Milei difícilmente tendrían lugar en Corea del Sur. Este es un país que, técnicamente, sigue en guerra"