Lefebvrismo: rompen por streaming y vendiendo alcohol
Hace dos días, desde la elitista cuna del lavado de dinero, Suiza, se apartaron 15 mil católicos de una familia un poco más grande, que supera los 1400 millones de bautizados.
En una ceremonia con más impacto mediático que real, los negadores del Concilio Vaticano II quedaron expuestos: su financiamiento -por lo menos en la superficie- fue la venta de vino. Un dato bizarro y a la misma vez cierto.
Por otro lado, el tiempo les jugó una mala pasada. En pleno verano europeo los lefebvristas padecieron un signo imposible de ocultar. A mitad de ceremonia con un solo que rajaba la tierra, de golpe y al estilo película apocalíptica, se desató una tormenta con rayos, truenos y granizo.
El negocio llevó el nombre de “Cuvée Écône 2026” para el estuche de vino los rupturistas cobraron a 75 francos suizos (92.50 en dólares, casi 140 mil pesos argentinos), que contenía cuatro variedades de vinos suizos, y cada botella con etiquetas temáticas que representan símbolos episcopales de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
De 5.525 obispos en el mundo acaban de ordenar tan sólo 4 ante la presencia de un millar de sacerdotes. Los curas en todo el mundo son 406.996 hombres.
En términos numéricos es evidente el bajo impacto del lefebvismo pero lo más grave de su ruptura es su huida de la realidad. A tan sólo un año del papado de León XIV, que nunca los recibió pero si les escribió, la humanidad atraviesa un tiempo bisagra, que colocó al papado como la voz y guía de los pueblos agobiados y afligidos por las guerras “justas”, con más de 70 países en conflictos armados -la guerra mundial en cuotas definía el Papa Francisco-, la destrucción insaciable de la casa común gracias al hiperconsumismo, y con el pueblo-trabajador temeroso ante el avance impune de los tecno-oligarcas, vía la IA y robótica, para la destrucción de los puestos de trabajo humano.
La imposición de manos a los 4 obispos (Pascal Schreiber -suizo-, Michael Goldade -estadounidense-, y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier) estuvo a cargo del español Alfonso de Galarreta (como principal consagrante) y el obispo suizo Bernard Fellay. Predicó el superior de la Fraternidad, Davide Pagliarani (francés).