León, el Messi de los Papas
La barca de Pedro navega a aguas más profundas. El Messi de los papas, León XIV, va más a fondo que el Maradona de los Papa.
Los papas de América, uno argento desde el cielo y su heredero yanqui-peruano, timonean la internacional de Dios.
En la época de la revolución industrial, fines del siglo XIX, chocaban capitalistas y trabajadores de origen anarco, socialista o comunistas, mientras que la iglesia católica paria con León XIII la tercera posición, la “Rerum Novarum”, que se hizo gobierno por primera vez gracias a Juan Domingo y Evita Perón, por los aportes de la iglesia y centralmente dos figuras: el Padre Federico Grote fundador de los círculos católicos de obreros y el obispo en la provincia del Chaco, Nicolás De Carlo.
En el siglo XXI sin internacional roja, y con el poder global de los trabajadores muy reducido, por excepción de algunas pocas centrales sindicales, queda en pie la internacional de Dios.
La casa central del catolicismo, el Vaticano, donde se dirige la internacional que abraza a los pueblos del mundo, como decía Bergoglio “el santo pueblo fiel de Dios”, hoy con el Messi de los Papas, Robert Prevost, se paró de manos a los poderosos del mundo.
De allí que no estén complacidos en el ghetto de Silicon Valley, por Rusia, Estados Unidos, el partido comunista en China o en el gobierno de Israel.
La IA sin control, para destruir las fuentes de trabajo humanas o para la guerra “justa”, está en crisis gracias a la voz y la figura de blanco de los pueblos del mundo, los pontífices.
Bergoglio y Prevost se retroalimentan. Basta verlo al Papa agustino cuando en su primera convocatoria a la élite de su gobierno, los cardenales, llamado Consistorio, les pidió tener leído el mapa de trabajo y guía del Papa jesuita, la encíclica “Evangelium Gadium”, la alegría del Evangelio.
EL MUNDIAL DE LOS CARDENALES
En pleno mundial de fútbol, la internacional de Dios volvió a juntarse a puertas cerradas y por segunda vez en el año. Mientras los medios van detrás de la pelota, durante cuatro días los cardenales con el Vicario de Cristo se escucharon, se hablaron y rezaron para discernir estos tiempos y el rescate de una humanidad en crisis.
“Detenernos ante la realidad, mirarla a los ojos de la fe y dejar ser interpelados por la escucha de nuestros hermanos. Jesús camina por las calles, pasa por las plazas, habita en los barrios, la vida cotidiana, camina con su pueblo como el Señor de la historia”, sostuvo León XIV en la primera jornada de sesión del Consistorio.
“Muchos de ustedes vienen de tierras marcadas por la guerra, la polarización social o religiosa, por esta razón el discernimiento nos concierne a todos”, siguió Prevost quien reforzó con su primera encíclica Magnífica Humanitas cuales son las claves de este tiempo: “Me interesa saber cómo estas páginas resuenan en sus iglesias, que preguntas, qué perspectivas, que pasos se sugieren, una encíclica sigue su camino cuando es acogida, interpretada y encarnada en la vida concreta de las iglesias”.
DE MONARCA A SINODAL
Francisco contaba que el Papa es el último monarca absolutista de Europa. Desde allí que intentó en sus 12 años de Pontífice gobernar de manera colegiada, por eso para la reforma de la Curia Romana conformó una mesa del C-9, o sea nueve cardenales.
Prevost amplió esa mesa colegiada de gobierno, a todos los cardenales del mundo, por eso realizó algo inédito: convocar a los Consistorios sin designar nuevos cardenales, no hubo ascensos, como ocurría antes cada vez que un Papa anunciaba un Consistorio.
“No es esta una forma habitual de un Consistorio, pero esto forma parte del camino que el Señor nos guía”, reconoció el obispo de Roma y agregó “caminando aprendemos, la comunión es una conversión diaria que se forma en la oración y actitudes concretas, relaciones de confianza y disposición de escucharnos unos a otros”, para recordarles que “no son custodios de intereses personales sino discípulos y testigos del reino de Dios, levadura de fraternidad universal”.
El desembarco de León en España fue una marea de gente. Esta popularidad entusiasmo a la Internacional de Dios que ya tiene su timón apuntando al continente más católico del mundo, América, donde habitan más del 60 por ciento de los 1400 millones de bautizados.