Exposición "Viva Frida" en el Malba: vida y obra

  • Imagen
    Expo Viva Frida
MUESTRA

Exposición "Viva Frida" en el Malba: vida y obra

18 Octubre 2026

El Malba festeja su 25 aniversario con una inauguración inédita en América Latina: la vida y obra de Frida Kahlo desde sus escritos más íntimos, hasta sus dolores viscerales y la génesis de la conformación de su arte; ese protagonista que la llevó a ser recordada hasta hoy.

La exposición “¡Viva Frida!” disponible hasta marzo de 2027, permite introducirnos en ese mundo que ella misma logró crear a través de sus vivencias. Esas obras, ligadas al surrealismo y a lo más profundo de su inconsciente, nos adentran en sus emociones, sus pensamientos y su manera única de vivir la vida.

Cuestiones que hoy están en disputa, para Frida ya estaban resueltas de antemano. Como gran conocedora de sus más profundos deseos, la artista logró que la vestimenta y su físico respondan a un sentir más allá de lo que su género marcaba para la sociedad. Desde la elección de sus propias vestimentas -ya sea un traje de hombre o polleras hasta el piso- hasta dejar su entrecejo definido y su bigote sin intervenir fueron parte esencial de la construcción de su identidad. Como ella misma lo ha dejado claro: “Del sexo opuesto, tengo el bigote y el rostro en general”.

En esa construcción de la identidad también estaban los colores. Esos colores estridentes que uno creería que ya eran natos de su persona, porque emanaba un origen. O más bien, su origen. Hija de un alemán y una mujer indígena -a quien esta última buscaba representar en sus polleras largas, sus flores en la cabeza y sus camisas particulares- es allí donde Frida logró combinar dos elementos: su latinidad proveniente de México y sus lazos sanguíneos con los pueblos originarios.

Del lado paterno adoptó el amor por la fotografía, posar frente a cámara y mostrarse tal cual era. Sin fingir. Sin mostrar algo que no le cabía en su cuerpo. Simplemente, ser Frida Kahlo. Fue su padre, el mentor que le enseñó el camino del autorretrato y que gracias a él convertiría su aprendizaje en el puntapié para desandar sus obras de arte que reflejaban una Frida en su completitud: doliente, sensible, reflexiva y amante de la naturaleza y la vida.

En lo terrenal de esa vida también se encontraban sus ideas, esas ideas ligadas al comunismo y a la revolución mexicana. Tan encarnadas a flor de piel que cambió su fecha de nacimiento, simbólicamente, por el año en que comenzó dicha revolución para ser hija de ese suceso histórico en su país. Eso también era Frida Kahlo. Parte de una colectividad, más que un ser individual en sí mismo.

Imagen
Expo Frida

 

“A pesar de mi larga enfermedad, tengo alegría inmensa de vivir” es una de las frases que más resuenan en la exposición del Malba a la hora de observar la decena de medicamentos que debía tomar, y cuántos corsets y piernas ortopédicas tenía que vestir, para mantenerse en pie y poder soportar los dolores por aquel accidente de autobús que fracturó su columna vertebral en tres partes y la dejó en cama por muchos años.

Sin embargo, eso no fue un obstáculo para que ella creciera en su carrera profesional. Al contrario de lo que podría creer el sentido común, nada de lo que Frida atraviesa en su vida -un aborto espontáneo, una amputación de pierna, una fractura que la inmoviliza de por vida, infidelidades de su gran amor y las luchas de su pueblo mexicano- detienen u obstaculizan la vida de esta artista, sino más bien ayudan a revertir la fórmula y transformar sus pesares en una magnífica obra de arte. De alguna manera, Frida consigue capitalizar su discapacidad, que lejos de ocultarla, la expone en cada dibujo y la hace partícipe de su representación en este mundo.

¿Cómo una artista de este calibre podría necesitar pies? Si su paleta de pintar y su pincel eran las alas suficientes para volar hacia donde ella quisiera. Una mujer que fue más allá de lo que su físico podía permitirle, porque tenía un corazón que se sobreponía a cualquier otra cosa. Incluso, a ella misma.

Es a través del dolor que Frida logra conectar con el arte. Y es a través del arte que Frida logra conectar con quienes la admiramos. Frida Kahlo hizo que sus experiencias individuales se transformasen en una construcción colectiva. En una empatía por el vivir del otro que solo se entiende al pararse frente de una de sus obras y observar, con el detenimiento que merecen, lo que cristaliza en la profundidad de su ser.