Fusilamientos de 1956 y lesa humanidad: una oportunidad para la "memoria completa"

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    Aniversario de los fusilamientos de José León Suárez

Fusilamientos de 1956 y lesa humanidad: una oportunidad para la "memoria completa"

25 Junio 2026

El pasado 22 de junio, en medio del fulgor mundialista y la avanzada extranjerizante del gobierno, pasó sin la relevancia que se merecía la sentencia histórica hacia los responsables de cometer crímenes de lesa humanidad durante los fusilamientos a civiles en los basurales de José León Suarez, exactamente hace 70 años, durante la autodenominada “Revolución Libertadora”.

Tal como dicta la sentencia llevada a cabo por el Juzgado Federal en lo Criminal de San Martín, “el 9 de junio de 1956, alrededor de las 23.20 horas, por orden del Poder Ejecutivo Nacional provisionalmente a cargo del General del Ejército Argentino Pedro Eugenio Aramburu y del Almirante de la Armada Argentina Isaac Francisco Rojas y por personal policial de la provincia de Buenos Aires bajo órdenes directas del jefe de policía, teniente coronel Desiderio Fernandez Suarez y de Juan Constatino Quaranta, Jefe de la Secretaría de Inteligencia del Estado, se procedió al allanamiento del domicilio ubicado en la calle Hipólito Yrigoyen 4519, de la localidad de Florida, partido de Vicente López…

“En la casa del fondo se encontraban reunidos Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodriguez, Carlos Lizaso, Mario Brión, Juan Carlos Livraga, Norberto Gavino, Rogelio Díaz y Juan Carlos Torres. En la casa del frente, se encontraban Miguel Angel Giunta y Horacio di Chiano. Todos ellos, a excepción de Torres que escapó, fueron detenidos.

“Por su parte, Julio Troxler y Reinaldo Benavidez, fueron detenidos minutos después mientras ingresaban al domicilio”

“(…) Horas más tarde, en la madrugada del 10 de junio, los detenidos fueron trasladados en un colectivo de línea a un descampado en la zona de los basurales de José León Suarez, hoy en día ubicado en la avenida 9 de julio, entre Brigadier Juan Manuel de Rosa y Sáenz Peña.

“El operativo fue comandado por el jefe de la Unidad Regional de San Martín, el inspector mayor Rodolfo Rodriguez Moreno.

“Tras arribar al lugar y siguiendo las directivas que el propio jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires le había impartido por radio desde la Jefatura central, Rodriguez Moreno dio la orden de proceder al fusilamiento de los detenidos”.

Dicho hito en la historia nacional es resultado de algo casi inédito en nuestro país que es el uso de la Historia para abordar crímenes de lesa humanidad en casos que excedan a nuestra última dictadura militar, ejercida desde 1976 hasta 1983.

En los tribunales, los historiadores actúan como peritos de parte o de oficio aportando análisis objetivos y fundamentos en archivos y fuentes primarias. En ese sentido, los aportes inestimables de Daniel Mario Brión (a partir de su indispensable trabajo titulado “El presidente duerme”) resultaron importantes para llevar a cabo el tan esperado juicio por la verdad histórica. Sus principales aportes a la investigación de los fusilamientos de junio de 1956 combinan la memoria familiar (Daniel es hijo de Mario Brión, uno de los cinco civiles asesinados por la espalda en los basurales de José León Suarez), la rigurosidad histórica y el activismo judicial.

Brión, aunque reconoce el aporte inestimable del clásico trabajo periodístico de Rodolfo Walsh que visibilizó aquel acto criminal con su “Operación Masacre” (resultado de artículos publicados en el semanario nacionalista “Mayoría”), en “El presidente duerme” introduce un matiz histórico critico (tributario del revisionismo histórico) destacando el carácter de militantes políticos y no meros civiles inocentes (como había construido su relato inicial Walsh) y, por tanto, incorporándolos como cuadros activos de la Resistencia Peronista.

Esta observación es crucial para entender la relevancia de los hechos: más allá de los asesinatos bajo responsabilidad del Estado Nacional, los sucesos acaecidos deben ser comprendidos y analizados dentro de un marco represivo, autoritario y antipopular desplegado por civiles y militares opositores al peronismo que llevaron a cabo actos criminales como el atentado terrorista en Plaza de Mayo el 15 de abril de 1953 que asesinó a 6 personas participes del acto y dejó a más de 90 heridos (19 de ellas quedando mutiladas de por vida) mientras Perón daba un discurso a la multitud y el bombardeo de Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955 donde se registraron más de 300 muertos identificados. Los mismos responsables estuvieron involucrados en mayor o en menor medida con el golpe cívico militar efectuado en setiembre del mismo año y acompañaron el proyecto de la autodenominada “Revolución Libertadora”: asesinar y reprimir civiles en nombre de la “libertad”.

Una oportunidad para ejercer “Memoria completa”

Cuando nos referimos a la “memoria completa” no aludimos al discurso negacionista que pretende emular la violencia de las organizaciones armadas con relación al accionar represivo del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional sino, por el contrario, siguiendo el espíritu de los trabajos de Brion y de aportes destacados de estudiosos del campo nacional, recuperar la importancia de analizar el proceso histórico en su completa magnitud. No podemos seguir enseñando la última dictadura como un programa inédito en la política social argentina, sino que forma parte del mismo proceso reaccionario que había triunfado bajo el fulgor de las armas y el terrorismo en 1955, derrocando a un gobierno elegido democráticamente.

Precisamente la reciente e histórica sentencia exhorta “a la Secretaría de Educación de la Nación y al Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires que incluyan dentro de los diseños curriculares el estudio de los hechos probados en la presente sentencia”. La misma es una gran oportunidad para la comunidad educativa se comprometa en participar en las currículas que actualmente relegan a la historia a un segundo plano siendo un elemento vital para construir ciudadanía y reforzar nuestra identidad. Las nuevas juventudes deben conocer la importancia del proceso inaugurado en 1955 en su completa magnitud para comprender la pugna existente entre dos proyectos de nación que todavía no están saldadas. Abordar desde una mirada multidisciplinar los asesinatos acaecidos en junio de 1956 es un elemento revelador para comprometer a la ciudadanía hacia una memoria histórica donde los involucrados son y fueron hombres y mujeres de nuestra Patria, con profundas convicciones políticas.