Se nos fue ese bravo muchachito

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Se nos fue ese bravo muchachito

05 Junio 2026

Escribo estas líneas en el auto, estacionado frente a la escuela. Acabo de enterarme en clase, por un alumno, que Carlos Solari ya no está más en la tierra (a partir de ahora tendrá que invadirla de vez en cuando como Walter y tantos otros, para sobrellevar los trances de esta Nueva Roma, que te cura o te mata a cada instante). 

Me aguanté el llanto por más de 15 minutos, no quería que los alumnos me vieran en ese estado. Fue difícil caretear el impacto, de cómo me temblaban las piernas, de cómo tuve que arrimarme a la ventana a tomar aire. 

La sensación es de orfandad… ¡Sí! Parece cómo si se hubiera muerto mi viejo. Es devastador. Una piba se me acercó y me dijo “¿necesita que lo abrace profe?”. Otro, simplemente me miró y en esa mirada encontré comprensión, ninguna distancia generacional. 

Acto siguiente recordé la frase de Carlitos en la conferencia de Olavarría en el 97: "En lugar de bajarles líneas a los chicos, hay que escucharlos, porque en sus nervios hay mucha más información del futuro que la que tipos de nuestra edad puedan tener para aconsejarles”.

Fue mi último día como profe suplente en esta hermosa escuela de Villa Santa Rita. Me hubiera gustado terminar de otra manera, pero no es sopa lo que nos pasa en este preciso momento. También hubiera querido compartirles mi sentimiento por ese pelado con gafas, que siempre será guía para millones de vidas.

Acá va alguito de ese sentimiento, que alguna vez volqué en una nota que escribí para AGENCIA PACO URONDO. “Pocos artistas han sabido utilizar las herramientas socioculturales y políticas que la propia historia de los últimos cincuenta años, ha vomitado por estas latitudes y más allá también. Un tipo que supo ser padre de ciento de miles de pibes y pibas en medio de ausencias parentales y estatales, trae consigo ese bagayo vivencial que lo catapulta a ser un pilar fundamental de la cultura popular argentina”. 

Ahora estoy más tranquilo, pude llorar, pero sigo sin poder arrancar el auto y quemar la turbina y escapar. 

Gracias por tanto Indio, gracias por tanto Carlitos