"La potentada", de Mauro Ignatti: “Una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado”

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    Mauro Ignatti
ENTREVISTA LITERARIA

"La potentada", de Mauro Ignatti: “Una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado”

19 Noviembre 2026

Mauro Ignatti nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 27 de febrero de 1975. Es licenciado en Sociología, egresado de la Universidad de Buenos Aires. Su relación con el arte estuvo ligada al estudio de guitarra, en el género jazz y rock, participando como instrumentista y compositor en diferentes bandas del circuito under de Capital Federal y Gran Buenos Aires. Cursó la carrera de Música Electroacústica en la Universidad de Quilmes, donde estudió composición y orquestación de música clásica y contemporánea.

Ávido lector, tomó clases de escritura creativa y técnicas de narración en el taller grupal de Cecilia Maugeri y en el de clínica de obra de Mariana Komiseroff. Su cuento “Segunda oportunidad” fue elegido para ser publicado en la antología Cuentos de Buenos Aires, editado en 2024.

Mauro Ignatt  conversó con la Agencia Paco Urondo a propósito de La Potentada, su primera novela publicada por Enero editorial.

AGENCIA PACO URONDO: La potentada combina humor, exceso y una mirada muy filosa sobre los vínculos en contextos de vulnerabilidad. ¿Cómo encontraste ese equilibrio entre lo cómico y lo trágico sin caer en la caricatura?

Mauro Ignatti: Pienso que para que la comedia negra funcione es necesario armar un cóctel de risa, espanto y exageración, y es cierto que la caricaturización es un riesgo constante. Creo que la forma de no caer en esa trampa es complejizando a los personajes a través de los matices, la verosimilitud, la profundidad psicológica, en resumen, haciéndolos lo más humanos y únicos posibles. En la novela, todos tienen contradicciones en la que por momentos son héroes y por momentos villanos, tienen objetivos y deseos. Cada personaje sabe qué quiere y porqué, tiene una estrategia para conseguirlo, un antagonista y acepta las consecuencias de sus actos, y eso genera empatía en el lector. Por eso, ninguno de ellos tiene una función decorativa en el texto, sino que son fuerzas chocando, cediendo y avanzando, y no caricaturas estereotipadas. 

APU: La novela pone en escena una idea de “ascenso social” mínimo pero vital para sus personajes. ¿Qué te interesaba explorar sobre esa tensión entre deseo, supervivencia y clase?

MI: La propuesta de ascenso social mínimo es un tema que atraviesa lo que escribo y no es particular de este texto, y en contra de lo que parece ser, al menos en este género, es un recurso mucho más potente que el de la historia de un personaje que logra un ascenso social meteórico, porque el lector termina preguntándose si es necesaria semejante brutalidad para conseguir tan poco. La exploración apunta a desarrollar el deseo desmedido de ascenso y la convicción del personaje de Elvira de no pertenecer al lugar en el que está. Por eso, la pregunta que cruza el texto es ¿Qué es capaz de hacer ella para lograr ascender socialmente?

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Novela La potentada

 

APU: Elvira es un personaje potente, incómodo y muy complejo. ¿Cómo fue construir esa figura de madre que quiere ascender a un estatus social a costa de su hija?

MI: A Elvira la empecé a construir hace varios años en un taller grupal de escritura. Inicialmente fue meramente explorativa. El ejercicio era ponerla a interactuar con su hija adolescente en distintas situaciones, sobre todo en contextos de manipulación. Esas escenas generaban en mis compañeros una risa incómoda. Terminé escribiendo unas cien páginas que luego descarté En 2024 el personaje volvió a aparecer, quizá a reclamar esa deuda, y armé una nueva trama que fue la que terminó quedando en la novela. 

Creo que la potencia está en Elvira como narradora en primera persona del presente. Es un narrador y tiempo verbal que permite jugar con la subjetividad del personaje, que no deja de ser solo una mirada del mundo. Siempre digo que la novela podría pensarse como una historia de amor entre su hija y su sobrino pero contada por el narrador equivocado. Probé muchos tipos de narradores, con distintos personajes, en distintos tiempos verbales y focalizaciones, para entender que me aportaba cada uno desde su visión. Claramente me convenció el que terminó quedando: Elvira narrando en primera persona. 

APU: Hay algo muy teatral en la novela: los cuerpos, los diálogos, el exceso, casi como una puesta en escena. ¿Qué influencias (literarias, teatrales o audiovisuales) estuvieron presentes en la escritura?

MI: Si bien leo varios géneros, La conjura de los necios, de Toole me marcó de adolescente. Claramente está en línea con textos como Las primas o, en el género audiovisual, con Esperando la carroza, al menos eso dicen. Lo que la acerca al género teatral o audiovisual, por un lado tiene que ver con que es un texto muy dialogado, y por el otro, los personajes no cuentan sus estrategias o emociones sino que las muestran en acción. En los casos en que explican algo, no suele ser un pensamiento construido, sino lo que está pasando en tiempo real, y eso vuelve al texto más visual. 

APU: La potentada fue finalista de la convocatoria Carthago dentro del programa Orillas Nuevas, con potencial de adaptación audiovisual. ¿Cómo imaginás esta historia en ese otro lenguaje? ¿Cambiaría algo de su intensidad o de sus personajes?

MI: La imagino tanto en formato teatral como audiovisual. Tengo claro que debiera modificar la cronología de las escenas, para acomodar el detonante y los puntos de giro para que el texto se adapte al lenguaje, pero no creo sea necesario modificar la trama. Con respecto a los personajes, no tengo dudas que crecerían aún más en un formato visual. Además, es un texto fácilmente adaptable, debido a que las locaciones, no solo podrían reducirse a tres o cuatro, sino que casi todas son en interiores.