Basado en hechos reales: la historia de Víctor Basterra
Pablo Corso reconstruye la vida de Víctor Basterra, el fotógrafo y obrero gráfico que desafió a la dictadura filtrando imágenes de secuestradores y secuestrados de la ESMA. Su testimonio, así como las fotografías, fue clave para la condena de los represores en el histórico Juicio a las Juntas.
En el invierno de 1979 Víctor Basterra es un recién llegado a la ESMA, pero ya oyó las historias sobre personas que caen al río desde las alturas. En 1981 lleva más de un año fotografiando a sus captores. Fabrica documentos falsos y les regala una nueva identidad. Lo hace como un autómata sumiso, como el firmante de un pacto extorsivo: la esclavitud a cambio de la vida. Él sabe que está en manos de sus captores, pero ellos no saben que su destino dependerá del prisionero.
El autor retrata en el libro El ojo en la tormenta la historia de Basterra desde antes de su nacimiento hasta sus últimos días, y nos muestra una Argentina del siglo XX en ebullición —Ejército, gremios, guerrilla, paramilitares, agencias clandestinas, militancia sindical, fotografía analógica— junto a la intimidad del protagonista: amores, vacilaciones, amistades y sufrimientos.
A 50 años del golpe cívico-militar, el legado de Basterra es una lucha contra la injusticia que ilumina nuestro presente.
Fragmento del libro El ojo de la tormenta
En 2022, un millón de argentinos peregrinaron a los cines para ver Argentina, 1985, la película donde Santiago Mitre buscó retratar las tensiones alrededor del Juicio a las Juntas.
Hay una escena ambientada en un despacho sobrio, con bandera argentina y biblioteca jurídica. Sobre el escritorio, retratos de desaparecidos y represores, planos y fotos de la ESMA.
–Todo lo que usted aportó a la causa es muy importante –dice Peter Lanzani, que encarna a Luis Moreno Ocampo–. De eso no hay dudas. Del riesgo que asumió, la cantidad de pruebas que nos trajo. Usted es un héroe. Pero su situación es distinta a la de otros detenidos.
–¿Por qué distinta? –pregunta con sequedad Agustín Rittano, que personifica a alguien que no se nombra como Víctor Basterra, pero que lleva los rulos, el pulóver y la campera de Víctor Basterra.
–¿Sabe qué pasa? –tercia Ricardo Darín, que representa a Julio Strassera. La defensa va a intentar probar que usted no fue una víctima sino un empleado de la ESMA.
–¡Sí, pero es que es verdad! Yo trabajé para ellos, pero justamente porque ellos me obligaron.
Los fiscales dicen que lo saben, pero que no hay que arriesgarse.
–¡Pero es que yo ya me arriesgué! Y me arriesgué mucho juntando todo esto, justamente para este juicio. A mí me torturaron, a mí me secuestraron, a mí me obligaron a denunciar a mis propios compañeros. Y si hay alguno desaparecido, quizá sea por mi culpa, eh. Yo soy una víctima, y a mí me tienen que escuchar.
La escena siguiente recrea su intercambio con la defensa.
–Que diga el testigo, señor presidente, si esa compensación a la que acaba de aludir puede ser considerada como una retribución a su trabajo en la ESMA.
–Mire señor, yo fui obligado a trabajar ahí, ¿sí? Obligado a usar mis conocimientos en una tarea que claramente sabía que era ilegal.
–Te dije que lo iban a hacer mierda –susurra Moreno Ocampo al oído de Strassera, que pide terminar con el hostigamiento y la crueldad de obligar al testigo a probar si fue o no un esclavo.
La secuencia tiene sus méritos –el reconocimiento de la complejidad del testimonio, la exposición de las interpretaciones maliciosas– pero dos deslices que no perdonaron los custodios de su memoria: que Basterra se reconozca como empleado y que lo muestren derrotado ante los abogados de los marinos, lejos del aplomo que proyectó aquel día.
En una columna para Página/12, sus hijas Eva y Sol dejaron en claro que no les gustó lo que vieron.
Que aparezca de esa forma [...] toca un tema que no fue menor para las y los sobrevivientes, y es la pregunta del porqué ellos estaban vivos y vivas, y los 30.000 no [...] Entendemos que una película basada en hechos reales puede tomarse licencias con respecto a la literalidad de la historia, pero creemos que no puede faltar la ética cuando se trata de temas que han causado y siguen causando dolor, y cuando se elige citar a personas que han sufrido el “algo habrán hecho” a la hora de desaparecer, y el “por algo los habrán liberado” a la hora de convertirse en aparecidos.