Una impresora 3D para construir vivienda social: "Se puede construir un casa de 60 metros cuadrado en tres días"

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    Impresora 3D para construir vivienda social
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Una impresora 3D para construir vivienda social: "Se puede construir un casa de 60 metros cuadrado en tres días"

29 Junio 2026

La Universidad Nacional de La Plata avanza en el desarrollo de una impresora 3D para construir viviendas sociales junto al Astillero Río Santiago. La iniciativa busca reducir costos, acelerar los tiempos de construcción y ofrecer una alternativa innovadora para enfrentar el déficit habitacional en Argentina. En esta entrevista con AGENCIA PACO URONDO, el ingeniero Daniel Tobio, secretario de Producción de la UNLP, explica cómo funciona la tecnología, cuáles son sus ventajas y cuándo podría comenzar a utilizarse en proyectos concretos.

APU: Para comenzar, contanos de qué se trata esta impresora 3D destinada a construir viviendas.

DT: Es una máquina que desarrollamos junto con el Astillero Río Santiago. Desde la Universidad trabajamos en el desarrollo del material, porque no alcanza solamente con fabricar la máquina: también fue necesario crear un material específico para este tipo de impresión. Hoy podemos decir que ambos desarrollos están prácticamente finalizados y estamos realizando las últimas pruebas antes de construir el primer prototipo de vivienda.

Como Universidad, nuestro objetivo es ingresar al mercado de la vivienda social. Para eso tenemos que trabajar mucho en reducir costos, aumentar la velocidad de construcción y aprovechar las ventajas de esta tecnología, que además prácticamente no desperdicia material. Lograr ese equilibrio fue el gran desafío y ahora estamos entrando en la etapa del prototipo.

APU: ¿Qué dimensiones tiene la máquina? ¿De ella sale directamente una vivienda terminada?

DT: Sí. La limitación principal es el ancho: puede construir viviendas de hasta seis metros de ancho. En cambio, el largo prácticamente no tiene límites porque la máquina se desplaza sobre rieles. Simplemente se agregan más rieles y puede seguir avanzando. Eso permite adaptarse a distintos terrenos. Por ejemplo, con una vivienda de seis metros de ancho por diez metros de largo ya estamos hablando de una casa de aproximadamente 60 metros cuadrados, una superficie perfectamente adecuada para una familia tipo.

APU: ¿De qué material está construida la vivienda?

DT: Es un material cementicio. Básicamente es una mezcla de arena y cemento con distintos aditivos que le otorgan características especiales. La lógica de funcionamiento es muy similar a la de una impresora 3D convencional: va depositando capas sucesivas. En este caso, cada capa tiene aproximadamente una pulgada de diámetro, unos 25 milímetros, y así va levantando las paredes de la vivienda.

APU: ¿La máquina imprime módulos que después se ensamblan o construye directamente sobre el terreno?

DT: Nosotros elegimos la construcción in situ. Primero se realiza la platea, como en cualquier vivienda tradicional. Luego se instalan los rieles sobre esa base y la máquina comienza a imprimir directamente en el lugar donde quedará emplazada la casa. Eso representa un desafío importante porque hay que trabajar con las condiciones climáticas reales. Si llueve no se puede imprimir. Además, el material responde de manera distinta según la temperatura y la humedad ambiente. Incluso durante una misma jornada pueden cambiar esas condiciones y es necesario ir ajustando la composición del material para mantener la calidad de la impresión. Todo ese comportamiento fue objeto de muchísimas pruebas.

APU: Entonces la máquina construye directamente toda la estructura de la vivienda.

DT: Exactamente. Construye las paredes exteriores y también todas las divisiones interiores que indique el plano. La máquina sigue exactamente el diseño que se cargue en el software. Deja previstos los espacios para puertas y ventanas, además de todas las divisiones necesarias para baños, dormitorios o cualquier otro ambiente.

APU: Hablabas de reducir los costos. ¿Hoy ya tienen alguna estimación de cuánto podría costar construir una vivienda o cuál sería el valor del metro cuadrado?

DT: Todavía estamos trabajando sobre esos números. Lo que sí podemos afirmar es que, como mínimo, el costo debería ser un 50% inferior al de una construcción tradicional, aunque creemos que podemos reducirlo todavía más. Preferimos ser prudentes y no dar una cifra definitiva porque seguimos ajustando distintos aspectos del proyecto. Por ejemplo, hace muy poco terminamos una reunión para definir el sistema de cubierta, es decir, el techo.

Estamos desarrollando una tecnología que nos permitiría colocar una cubierta completa que ya incluya techo y cielorraso, con muy buenas condiciones de eficiencia térmica. Si logramos ese objetivo, los costos bajarán aún más.

Como todavía estamos definiendo el prototipo, preferimos esperar antes de hablar de cifras concretas. Pero hay algo claro: apuntamos a viviendas sociales y, por lo tanto, los costos necesariamente tienen que ser bajos.

APU: ¿Y en cuanto a los tiempos de construcción?

DT: Hoy calculamos unas 60 horas netas de impresión para una vivienda. Ese tiempo seguramente también podrá optimizarse con el desarrollo de la tecnología, pero actualmente estamos hablando de aproximadamente dos días y medio de trabajo continuo.

Naturalmente, la impresión puede interrumpirse por cuestiones climáticas. Si comienza a llover, por ejemplo, debemos detener el proceso y retomarlo cuando las condiciones vuelvan a ser adecuadas.

La máquina está preparada para eso. El operador puede detenerla en un punto determinado y luego reiniciar exactamente desde ese lugar. Por lo tanto, las 60 horas corresponden al tiempo efectivo de impresión. Después, cómo se distribuyan dependerá de muchos factores.

APU: Pensaba justamente en eso. Creía que una vez que la máquina empezaba tenía que terminar el trabajo sin detenerse.

DT: Es una observación muy interesante. En las impresoras 3D que trabajan con plástico eso efectivamente ocurre: el proceso debe ser continuo.

En nuestro caso es distinto porque trabajamos con un material cementicio y eso nos permite detener la impresión y retomarla posteriormente sin inconvenientes. Esa es una ventaja muy importante de esta tecnología.

APU: ¿Esta impresora fue desarrollada íntegramente en Argentina o tomaron como referencia modelos existentes en otros países?

DT: La máquina que hoy está instalada en la Universidad y con la que estamos realizando las pruebas es un desarrollo propio. Diría que, en ese sentido, es un modelo único. Pero ya estamos trabajando en una segunda generación.

Hay algo importante para aclarar. Como bien planteabas en la introducción, esto es tecnología puesta al servicio de una necesidad social concreta: el déficit habitacional. Ahora bien, con una sola máquina no vamos a resolver ese problema. Para empezar a generar un impacto real habría que pensar en una escala completamente distinta. Nosotros hablamos de unas cien máquinas trabajando simultáneamente.

Puede parecer una cifra enorme, pero en realidad no lo es. No depende tanto del presupuesto como de una decisión política. Nuestro objetivo como Universidad es demostrar que esto es posible. Después vendrá la discusión sobre cómo escalar el proyecto. Mientras tanto seguimos mejorando la tecnología para hacerla más simple, más liviana, más económica y más fácil de transportar. No buscamos tener una máquina única en el mundo. Aspiramos a desarrollar la más económica, la más eficiente y la más adaptable a un país con una geografía tan diversa como la Argentina.

APU: Porque la máquina es de grandes dimensiones.

DT: Sí, es grande. Tiene un arco de seis metros de ancho y aproximadamente tres metros y medio de altura. Se desplaza sobre dos carros —los bogies— que recorren los rieles. Actualmente pesa alrededor de 1.600 kilos, aunque está diseñada para desmontarse en distintas partes. Eso permite cargarla y descargarla con un autoelevador convencional.

De todas maneras, seguimos trabajando para reducir aún más el peso y facilitar el transporte. Es parte de nuestra forma de trabajar: desarrollar una tecnología y seguir mejorándola permanentemente. Todavía tenemos muchísimo margen para hacerlo.

APU: Supongo que una parte importante de los costos también pasa por toda esa logística.

DT: Exactamente. También estamos desarrollando soluciones para simplificar esa etapa. El material debe mantenerse seco porque la humedad modifica sus propiedades, pero eso no significa que haga falta una infraestructura costosa. Nuestra idea es encontrar soluciones sencillas y económicas para todo el proceso. Durante la impresión también hay que proteger el material fresco. Si comienza a llover, necesariamente hay que detener el trabajo.

Muchas veces se ven videos de impresoras 3D construyendo viviendas en distintos lugares del mundo. Hay que prestar atención porque, en la mayoría de esos casos, trabajan bajo techo y fabrican módulos que después se trasladan y ensamblan. Nosotros elegimos otro camino: imprimir directamente sobre el terreno donde quedará la vivienda.

Eso implica asumir muchas más dificultades, pero creemos que es la mejor manera de desarrollar una tecnología realmente útil para las condiciones de nuestro país.

Un barrio en un mes

APU: ¿Ya tienen algún acuerdo o conversaciones con gobiernos o municipios para pensar una primera experiencia concreta cuando el proyecto esté terminado?

DT: Todavía no hay una definición sobre un lugar específico, pero sí mantenemos un diálogo permanente con el Ministerio de Hábitat de la provincia de Buenos Aires. Existe una muy buena sintonía y un intercambio constante con sus funcionarios. Creemos que la primera experiencia probablemente se desarrolle junto con la Provincia, aunque también hay mucho interés por parte de distintos municipios.

Nuestra propuesta tiene que resultar económicamente conveniente. Los municipios deberán realizar alguna inversión, pero esa inversión tiene que traducirse en un beneficio concreto. Estamos convencidos de que eso va a ocurrir.

APU: ¿Cuándo estiman que el prototipo estará listo para poder mostrar números concretos, como el costo de la máquina, el valor de una vivienda de 40, 50 o 60 metros cuadrados y las distintas condiciones de trabajo?

DT: Justamente estamos en esa etapa. En estos días estamos realizando las últimas pruebas, incluso algunas a pequeña escala relacionadas con instalaciones y otros detalles técnicos, para que cuando construyamos el primer prototipo ya tengamos todas esas cuestiones resueltas.

No queremos que este proceso se prolongue demasiado. Nuestra expectativa es que en las próximas semanas ya podamos mostrar el prototipo en plena construcción.

APU: En una nota publicada por Página/12 se menciona que con unas cien máquinas podría empezarse a incidir seriamente sobre el déficit habitacional. ¿Cuántas viviendas podrían construirse con esa cantidad de equipos?

DT: Si contamos con cien máquinas trabajando al mismo tiempo, estaríamos construyendo cien viviendas cada 60 horas de trabajo efectivo. Después, naturalmente, todo depende de la organización y de la escala de producción, pero ahí es donde realmente empezamos a hablar de una política capaz de impactar sobre el déficit habitacional.

Además, trabajar en escala reduce considerablemente los costos. No es lo mismo comprar materiales para una vivienda que hacerlo para cientos de viviendas. Esa economía de escala también forma parte del proyecto.

Nosotros podremos establecer un costo muy preciso cuando terminemos el prototipo. Después cada municipio, cada provincia o cada organismo evaluará cuál es la mejor forma de implementarlo.

Para un municipio pequeño, una sola máquina ya puede representar un cambio importante. En cambio, para ciudades grandes como La Plata o muchos municipios del conurbano bonaerense, una sola máquina resulta insuficiente.

APU: ¿Cuánto cuesta actualmente una máquina como esta?

DT: Si hoy hubiera que importar un equipo similar, estaríamos hablando de entre 260.000 y 300.000 euros, según el modelo. Nuestro objetivo es fabricar una máquina nacional por unos 150.000 euros o incluso menos. Puede parecer una inversión importante, pero si uno piensa en la cantidad de viviendas que puede construir durante su vida útil, deja de ser un costo tan elevado.

Incluso imagino esquemas de cooperación entre varios municipios vecinos. Pueden compartir una misma máquina: mientras trabaja en un distrito, los demás preparan las plateas de las viviendas. Luego la máquina se traslada y continúa el trabajo. En municipios pequeños, con apenas cuatro viviendas ya empezás a generar un impacto concreto.

Por eso insistimos en que el verdadero objetivo no es fabricar una máquina, sino empezar a resolver el déficit habitacional mediante una tecnología desarrollada en el país.

APU: ¿El manejo de la impresora requiere personal altamente especializado?

DT: No.Toda la parte informática ya está desarrollada: el software, el código y el sistema de control. Hace falta una persona que pueda operar la computadora e interpretar el programa y dos operarios encargados de alimentar la máquina con el material. Es un trabajo sencillo y físicamente poco exigente.

La impresora deposita el material de manera continua, a una velocidad moderada, y puede trabajar sin interrupciones mientras reciba alimentación. Como cualquier equipo, requiere mantenimiento, pero no demanda operarios altamente calificados. Ese también era uno de nuestros objetivos desde el comienzo.

con una sola máquina no vamos a resolver ese problema. Para empezar a generar un impacto real habría que pensar en una escala completamente distinta. Nosotros hablamos de unas cien máquinas trabajando simultáneamente.