La Iglesia chilena durante la dictadura de Pinochet

  • Imagen

La Iglesia chilena durante la dictadura de Pinochet

11 Septiembre 2026

El 11 de septiembre de 1973 terminó el proyecto, que despertó la esperanza de la izquierda latinoamericana, del socialismo por la vía democrática con el derrocamiento de Salvador Allende. Es el inicio de una de las dictaduras más prolongadas y crueles en América Latina (hasta el año 1990). A las primeras semanas de andar la dictadura militar, en octubre de 1973 se fundó el Comité Pro Paz (COPACHI), luego reemplazada por la Vicaría de la Solidaridad, por iniciativa de Raúl Silva Henríquez, junto a los líderes católicos, luteranos y judíos. Su rol fue ayudar a las familias de los prisioneros políticos y los desaparecidos, instalación de comedores infantiles y otras formas de asistencia en las poblaciones obreras derivados de la cesantía. En los relatos de los trabajadores del Comité se destaca escuchar los relatos más atroces de lo que aconteció pero que no tenían difusión en los medios de comunicación y la labor de los profesionales en diferentes aspectos (no solo recibir denuncias de violaciones a los DD.HH. o ayuda económica sino también contención emocional).

En los años de existencia del Comité podemos observar diferentes posiciones, contradictorias y en un delicado equilibrio, en torno al gobierno militar en el seno de la Iglesia y que se van a mantener durante toda la existencia de la dictadura militar, aunque con menos fuerza en los últimos años del gobierno de Pinochet. Esta ambivalencia se puede observar en un documento de 1975, denominado Evangelio y Paz, allí la Conferencia Episcopal matiza las críticas al gobierno. Si bien hace una crítica al gobierno en los aspectos de injusticia y pobreza pero también hay gratitud: “(...) reconocemos el servicio prestado al país por las FF.AA al liberarlo de una dictadura marxista”. En el último año del Comité, la Iglesia fue blanco de ataques por parte de los medios de comunicación oficiales. Tanto Pinochet y su esposa sostenían que en el Comité de Pro Paz había espías de la URSS. También las universidades católicas en Chile sufrieron los embates del gobierno. Estas fueron intervenidas, se destruyó publicación de los documentos episcopales y se rechazaron los salvoconductos solicitados por el Vaticano para quienes se refugiaron en la nunciatura apostólica.

En este sentido, el gobierno de Pinochet, según el historiador italiano Loris Zanatta en su libro Historia de América Latina, “(...) tuvo el típico hálito regenerador de los regímenes de la época (...), como el inicio de una nueva era en la historia nacional”. Muchos chilenos esperaban una dictadura blanda y breve. Todo lo contrario, el régimen personalizó el poder político en manos de Pinochet. En línea con ello, el nuevo gobierno persiguió sus objetivos con drásticos métodos, una dura represión, anulada la libertada de expresión en los medios de comunicación y apoyándose en los libretos de los liberales en lo económico, formados en la escuela de Milton Fridman, los llamados Chicago Boys, aplicaron políticas neoliberales y de shock. Ligado a lo arriba mencionado, el historiador belga Eric Toussaint plantea que Chile fue un laboratorio del proyecto liberal que luego se expandió en gran parte del hemisferio occidental, apoyado por los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría.

Con respecto a la Iglesia, para 1975 el Comité de Pro Paz fue disuelto por las presiones del gobierno. Sin embargo, en enero de 1976, el cardenal Silva lo reemplazó por la Vicaría de la Solidaridad, con ayuda económica procedente del extranjero y como parte de la estructura eclesial, para evitar que nuevamente se cierre un organismo para la defensa de los DD.HH. La Vicaría se estructuraba con un equipo de trabajadores sociales, asesores jurídicos y otros profesionales, que ofrecía distintos servicios sociales, ayudaba a los desempleados, ofrecía asesoría legal e investigaba las desapariciones, con el transcurso de la dictadura se ramificó a otras actividades según las necesidades de la población. En relación al trabajo social, numerosos testimonios de ciudadanos que llegaban a la Vicaría en busca de ayuda como el personal de la organización destacan el trabajo con las mujeres. Muchas de ellas eran familiares de detenidos desaparecidos o con su esposo cesanteado, llegaban a la Vicaría en busca de ayuda. La Vicaría sirvió de promotor de la organización de las mujeres, muchas de ellas terminaron como dirigentes barriales. Otro accionar de la Vicaría fue la organización de conferencias sobre las violaciones a los DD.HH. Ligado al modelo económico desarrollado por el gobierno, la Vicaría en 1980 lanza un informe sobre el marco económico y social de Chile entre 1973 y 1979. En el mismo establece que la represión estatal tiene como objetivo instalar un capitalismo autoritario y eliminar el modelo económico estatista que se dió entre 1930 y 1973.

Dentro del accionar de la Vicaría es importante rescatar la figura de Silva Henríquez, quien nació en 1907 en Talca, en el seno de una familia tradicional y religiosa. Se recibió de abogado en la Universidad Católica de Chile en 1929. Entre las décadas de 1940 y 1950 estuvo ligado a la docencia en el ámbito clerical. Fue nombrado obispo de Valparaíso en 1959 y elegido arzobispo de Santiago en 1961. En 1962 fue nombrado cardenal por el Papa. En el Concilia Vaticano II (realizado entre 1962-1965, en el cual, para François Chevalier, este Concilio “(...)representa una extraordinaria apertura de la Iglesia hacia la modernidad”) tuvo un rol importante, se convirtió en la voz de otros en el Concilio.

Por otro lado, el cardenal tuvo un accionar relevante en los últimos meses del gobierno de Allende cuando la imposibilidad de una salida a la situación de agitación social. La Iglesia, encabezada por Silva, logró que se iniciara el diálogo entre el presidente del Partido Demócrata Cristiano y Allende. Sin embargo, no hubo entendimiento entre las partes.

Durante los primeros tiempos del gobierno militar, el cardenal no ocultó su condena al régimen. Distinta fue la postura de la Conferencia Episcopal, que en esos primeros momentos tuvo una postura indecisa. Ante la oposición del nacido en Talca, el gobierno militar creó una oficina para ocuparse de Silva. A la cabeza estaba el marino Sergio Rillón, quien a través de sus contactos con los conservadores del clero, fue cambiando la fisonomía del episcopado chileno que poco a poco se mostró menos opuesta a la dictadura. También Silva llegó a ser amenazado por el jefe de la DINA (policía secreta de la dictadura) y tuvo que enfrentarse a las posturas de los pensadores de la Universidad Católica, que apoyaron siempre a Pinochet. En relación a lo último dicho, es interesante lo desarrollado por el cardenal en el ámbito académico y cultural. Mientras se dió una purga ideológica en las universidades que llegó a la expulsión de 20000 estudiantes, personal administrativo y académicos, el cardenal Silva, en cambio, creó la Academia de Humanismo Cristiano con el propósito de respaldar a investigadores críticos de la dictadura. Otra actividad propiciada por el religioso fue la revista Solidaridad, donde se denunciaban los abusos del estado.

Por último podemos decir que tanto la Vicaría como el cardenal Silva, como parte de una institución más amplia como la Iglesia (con sus divisiones), fueron un catalizador de los reclamos de defensa de los derechos humanos por parte de la sociedad. Sin embargo, este posicionamiento fue gradual y como parte de un proceso, donde en los primeros tiempos de la dictadura la Iglesia y el cardenal Silva navegaron por aguas procelosas haciendo equilibrio entre las demandas de la sociedad y el gobierno militar.

* Profesor de Historia (Instituto J. V. González). Licenciatura en Historia en curso (UNLu)

Con respecto a la Iglesia, para 1975 el Comité de Pro Paz fue disuelto por las presiones del gobierno. Sin embargo, en enero de 1976, el cardenal Silva lo reemplazó por la Vicaría de la Solidaridad, con ayuda económica procedente del extranjero y como parte de la estructura eclesial, para evitar que nuevamente se cierre un organismo para la defensa de los DD.HH.