El miedo al peronismo

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    Día de la lealtad peronista_17 de octubre_Leonardo Rendo
    Foto: Leonardo Rendo

El miedo al peronismo

15 Septiembre 2026

El miedo al peronismo, a “los K” o a “los kukas” y a nuestro posible retorno al ejercicio de la presidencia en las próximas elecciones es uno de los principales temores que Milei trata de inculcar para convencer a la mayoría de la sociedad sobre la necesidad de dar continuidad a sus políticas de ajuste y primarización de la economía, pese a sus consecuencias, que están a la vista de todos.

En lo que sigue se mostrará por qué y a quienes atemorizan dos de las principales consignas del peronismo, “Memoria, Verdad y Justicia,” y “Primero la Patria, después el Movimiento y por último los Hombres” y sus tres banderas de “Justicia Social, Libertad Económica y Soberanía Política”, continuando con una estimación de quienes realmente nos odian y quienes nos tienen miedo, para concluir con algunas de las posibles respuestas de quienes nos oponemos al proyecto anarco neoliberal.

La Memoria

Comprende el recuerdo de las persecuciones sufridas y de los resultados obtenidos.

Las persecuciones sufridas por los peronistas fueron muchas y de una violencia extrema. Los bombardeos a la Plaza de Mayo por nuestra propia fuerza aérea, los fusilamientos de militares y civiles en los basurales de José León Suárez, la prohibición de nombrar a Perón y su proscripción política; todo ello dio lugar a los 18 años de la Resistencia Peronista que culminó con el regreso y la fugaz tercera presidencia de Perón. Siguieron la intervención de las FFAA en la represión interna (justo es decirlo que fue decretada para Tucumán por Estela Martínez, primero y luego ampliada a todo el territorio nacional por Luder), la dictadura cívico militar, sus treinta mil desparecidos, los bebés robados a sus madres en cautiverio y en especial la nunca penalizada estatización por US$ 23.000 millones de las deudas privadas de unas 70 grandes empresas y bancos que terminamos pagando todos los argentinos.

Evidentemente, los responsables civiles y militares de esas atrocidades no quieren saber nada del ejercicio de la Memoria.

Los resultados, incluyendo el juicio a las Juntas iniciado en el gobierno de Alfonsín y los resultados económicos y sociales alcanzados durante las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, tampoco son del agrado de los poderes concentrados, por lo que fueron y siguen siendo objeto de las fake news, muchas de las cuales dieron origen primero al intento de asesinato de Cristina Kirchner y luego a su ilegítimo encarcelamiento y proscripción política de por vida, avaladas por una Corte Suprema de Justicia adicta a esos poderes.

Todo ello explica el porqué del ejercicio de la Memoria atemoriza a los poderes concentrados y a quienes se beneficiaron o hicieron la vista gorda ante semejantes atropellos.

Primero la Patria

Poner a la Patria o si se prefiere al bien común como primera prioridad y poner a los intereses partidarios en segundo lugar, relegando los intereses personales al último lugar resulta exactamente contrario a lo que propugna el neoliberalismo, para cuyos adherentes cada persona es la única y exclusiva responsable de sus éxitos o de sus fracasos.

Bajo el sistema neoliberal, como el que tenemos hoy en el ejercicio del poder, la consigna se invierte, primero está los intereses personales de quienes tienen el poder necesario para imponelos al resto de la sociedad, siguen los partidos que responden a esos intereses. El bien común te la debo, ya que según ellos no existe.

Esta inversión de las prioridades explica el miedo profundo que genera la posibilidad del regreso del peronismo por parte de quienes hoy cortan y reparten el bacalao sin límite alguno.

Las 3 banderas

La justicia social, junto al bien común forma parte de los temas que el neoliberalismo niega y reniega al considerarlos inexistentes.

La libertad económica siempre es considerada insuficiente. Para los neoliberales el concepto debería ser remplazado por libertinaje, en modo completamente independiente de los costos sociales que ese ejercicio.

En los últimos días la cuestión Malvinas viene generando un tembladeral en las filas del gobierno y las de sus mandantes al poner sobre la mesa el significado y el alcance efectivo de la soberanía política.

Hasta hace muy poco tiempo atrás, Milei proclamaba y reiteraba públicamente su admiración por Margaret Thatcher y su respaldo al derecho de autodeterminación de los kelpers.

El impacto del “trapo Malvinas” en el mundial de fútbol, sumado al creciente descontento social con los resultados económicos de su gestión, llevaron a Milei a intentar la recuperación de su iniciativa de gobierno mediante el anuncio por cadena nacional de profundizar los reclamos por las Islas Malvinas, aumentar las penalidades ya establecidas por leyes anteriores a quienes intenten explotar el petróleo existente e inclusive, extender esas penalidades a quienes exploten la pesca y otros recursos naturales en las zonas reclamadas por Argentina y retomar la construcción de la base naval en Tierra del Fuego.

Estos anuncios se hicieron sin contemplar situaciones que ahora complican al gobierno. Por una parte, la constatación del reciente otorgamiento de los beneficios del RIGI a empresas ya penalizadas económicamente por la ley 26.659 de 2011 y penalmente por la ley 26.915 sancionada en 2013, así como las contradicciones de sus declaraciones soberanistas con el tratamiento en el Congreso del proyecto de Super Rigi que aumenta la entrega de beneficios al capital extranjero sin condicionalidad alguna.

A esta farsa se agregan las preguntas que nos hacemos todos los argentinos sobre el destino del oro en lingotes que forman parte de nuestras reservas y que el gobierno trasladó a no sabemos dónde ni con que objetivo.

Lo que sabemos, o creemos saber es que, según el Estado Resumido de Activos y Pasivos publicado por el BCRA el 07,09,2026 el valor de las reservas en oro representan el 17,24% del total de nuestras reservas internacionales, con un valor declarado de US$ 8.747,08 millones.

Así como el “trapo Malvinas” originó el rotundo rechazo de la Ley de Tierras con que el gobierno pretendía autorizar la venta de nuestro territorio a empresas o gobiernos extranjeros, en modo similar las mentiras y contradicciones del presidente del BCRA Bausili ante el Senado harán explotar el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del banco con que Milei pretendía eternizar a su presidente, proyecto que próximamente deberá ser tratado por el mismo Senado.

Completando el panorama de la galtierización de la soberanía que intentó ensayar Milei, cabe reflexionar sobre las consecuencias el cambio de manos del control geopolítico del Atlántico Sur y del acceso a la Antártida, hoy en manos de Gran Bretaña y que en virtud de la subordinación absoluta en que nos colocó Milei respecto a las políticas y los intereses de los EE.UU. pasarían directamente a ese país.

Quienes y cuantos nos tienen miedo y quiénes y cuantos nos odian

Para responder a estas preguntas es necesario tener en cuenta dos cuestiones fundamentales.

La primera es sencilla: el miedo irresuelto, más temprano que tarde, se convierte en un odio visceral, muy difícil de reducir y mucho más difícil de desarmar.

La respuesta a la segunda pregunta es bastante más compleja. Requiere tomar en cuenta que toda nuestra historia estuvo y sigue estando cruzada por el odio: en el siglo 19 con los enfrentamientos a sangre y fuego entre unitarios y federales que terminó de definirse en la guerra civil que se inició con la batalla de Caseros en 1852 y que concluyó en 1861 con la batalla de Cepeda; continuó a partir de 1864 y hasta 1870 con nuestra participación en la infame guerra de la Triple Alianza contra Paraguay que concluyó con la muerte de más del 80% de los varones paraguayos. Desde 1878 y hasta 1885 la violencia continuó con la Conquista del Desierto, que logró terminar con los malones indígenas e incorporar la totalidad del actual territorio nacional mediante la muerte o la prisión de unos 14.000 indígenas muertos o prisioneros reducidos a la servidumbre; en la actualidad hay quienes catalogan esa campaña como un genocidio de los pueblos mapuches, ranqueles tehuelches y pampas.

Ya en el siglo 20 la violencia extrema se puso en evidencia con la represión de la Semana Trágica que en los primeros días de 1919 acabó con la huelga en los talleres Vasena con cientos de muertos (que algunos calculan en 700) y miles de heridos; esta represión es considerada como el primer antecedente del terrorismo de estado. Entre 1920 y 1922 se sucedieron los acontecimientos de la Patagonia Rebelde, en el entonces territorio nacional de Santa Cruz cuando el ejercito reprimió las huelgas anarquistas, resultando entre 1000 y 1500 obreros y dos conscriptos muertos.

Ambos sucesos, en alguna medida, están presentes en nuestra memoria colectiva; otros permanecen “olvidados” como las masacres de Napalpí y del Zapallar ocurridas en 1924 y 1933, respectivamente en el entonces territorio nacional de Chaco que puso fin a la vida de más de un millar de aborígenes tobas y mocovíes y la masacre de Rincón Bomba contra el pueblo pilagá, ocurrida en el entonces territorio nacional de Formosa en 1947 que, a pesar de la asistencia alimentaria enviada por Perón, concluyó con una represión que causó entre 750 y 1000 muertos. Hay que destacar que en esa masacre intervino la fuerza aérea mediante el ametrallamiento de indígenas, un antecedente de los posteriores bombardeos a Plaza de Mayo.

Ya en el siglo 21 todas estas masacres fueron declaradas por la justicia como crímenes de lesa humanidad.

Todos estos sucesos constituyen antecedentes de lo que fue y continúa siendo la represión del peronismo, más arriba resumida.

Con todos estos antecedentes y tomando en cuenta quienes fueron quienes impulsaron y en todos los casos los que se beneficiaron con esas violencias es posible pensar que quienes odian y propagan el miedo al peronismo son los poderes concentrados dominantes en cada época, tradicionalmente los grandes terratenientes, ingenios azucareros y tabacaleros, los bancos, entre otros.

Con el paso del tiempo y los avances tecnológicos esta composición ha ido cambiando. En el ranking 2026 de las personas más ricas del mundo elaborado por la revista Forbes figuran 6 argentinos cuyos patrimonios superan los US$1.000 millones de patrimonio: lo encabeza Paolo Rocca (Techint / Tenaris), con un patrimonio de US$ 7.300 millones y lo continúan Marcos Galperín (MercadoLibre), con US$ 7.200 millones; Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy) con US$ 5.100 millones; Eduardo Eurnekian (Corporación América), con US$ 4.800 millones; Eduardo Costantini (Consultatio ), conUS$ 1.300 millones y cierra Delfín J. E. Carballo (Grupo Macro ) con un patrimonio de US$ 1.000 millones.

También es ilustrativa la lista de las 50 personas más ricas de Argentina publicada por Forbes en 2024.

Desde ya que cada una de estas personas tiene su propia posición, y puede o no integrar la lista de los odiadores al peronismo y en algunos casos pueden llegar a adherir a nuestros postulados; lo que si se puede afirmar es que este conjunto de multimillonarios junto a las empresas multinacionales que operan en nuestro país ejercen una influencia decisoria sobre el gobierno de Milei, ya sea de por sí o a través de organizaciones como AEA, la Sociedad Rural, la UIA y fundaciones como Libertad, Libertad y Progreso, Atlas para una Sociedad Libre, Faro y la Fundación Pensar.

Una forma hiper simplificada de evaluar la cantidad de odiadores y la cantidad de quienes le tienen miedo es mediante la comparación de la cantidad de votantes que tuvo Milei y la cantidad de personas que concentran la mayoría de los ingresos en nuestro país.

Según los últimos datos sobre distribución del ingreso publicados por el INDEC para el primer trimestre de 2026, señalan que el 10% de la población de los 31 aglomerados urbanos con ingresos más altos, integrado por 3 millones de personas, acumuló el 33,5% de los ingresos totales, mientras que los aproximadamente 18 millones de personas que integran el 60% de la población de los 31 aglomerados urbanos acumuló apenas el 28,4% de los ingresos totales; también hay que tomar en cuenta que el 10% de más favorecido acumuló 18,66 veces mayores ingresos que el 10% de menores ingresos.

La hiper simplificación consiste en suponer que ese 10% de personas de mayores ingresos, 3 millones de personas, constituyen el núcleo duro de los odiadores, mientras que Milei obtuvo 8,03 millones de votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 2023, lo que podría significar que el 62% de los votantes de Milei tienen miedo al peronismo, sin llegar a odiarlo.

Cómo reducir los miedos al peronismo

La cuestión trasciende en mucho las posibilidades de este análisis.

Pese a ello parece importante explorar algunas posibilidades de acción, por supuesto con la asistencia de especialistas experimentados en el diseño y el desarrollo de campañas electorales.

  • Entablar un diálogo franco y de persona a persona entre nuestros militantes y los que nos tienen miedo en base a la pregunta concreta de qué acciones de nuestros gobiernos los perjudicaron a ellos y sus familias y qué beneficios concretos recibieron del actual gobierno;

  • Continuar con la denuncia por todos los medios a nuestro alcance de los actos de corrupción y los resultados de la destrucción del entramado social que Milei viene llevando adelante;

  • Generar y difundir por vía medios de comunicación y por las redes sociales una suerte de mecánica espejo que haga reflexionar sobre las razones del miedo al peronismo y en lo posible, lo transforme en un miedo al neoliberalismo que está arrasando con nuestra sociedad