Gastón Giribet (físico argentino): "El 99,9% de quienes usan la palabra 'cuántica' sin hacer física son chantas"

  • Imagen
    Gastón Giribert
    Gastón Giribert: un físico argentino en Nueva York
APU PODCAST

Gastón Giribet (físico argentino): "El 99,9% de quienes usan la palabra 'cuántica' sin hacer física son chantas"

07 Julio 2026

La física cuántica es una de las teorías científicas más exitosas de la historia, pero también una de las más malinterpretadas fuera del ámbito académico. Conceptos como "energía cuántica", "conciencia cuántica" o "sanación cuántica" se popularizaron en las últimas décadas y comenzaron a utilizarse para explicar fenómenos que poco o nada tienen que ver con la investigación científica.

En diálogo con Agencia Paco Urondo, el físico y filósofo argentino Gastón Giribet, profesor de la Universidad de Nueva York (NYU) y especialista en teoría de cuerdas, reflexionó sobre ese fenómeno, distinguió el valor científico de la mecánica cuántica de sus usos pseudocientíficos y advirtió sobre los riesgos de convertir conceptos extremadamente precisos en consignas vacías.

APU: En la primera parte de la entrevista, charlamos sobre teoría de cuerdas. Ahora, me gustaría meterme con la mecánica cuántica que suele resultar muy contraintuitiva y por eso muy atractiva para gente que no es física. Se dice por ejemplo que una partícula puede estar en varios estados al mismo tiempo o seguir distintas trayectorias simultáneamente. ¿Qué significa realmente eso?

DG: La mecánica cuántica describe un comportamiento que desafía la intuición con la que estamos acostumbrados a pensar el mundo. Por ejemplo, si uno insiste en describir la trayectoria de un electrón como si fuera la de una pelota, rápidamente encuentra un problema. En muchas situaciones el electrón no sigue una trayectoria definida. Y si uno quiere conservar esa idea de trayectoria, el precio que debe pagar es aceptar que el electrón recorre varias trayectorias simultáneamente, cada una con una determinada probabilidad.

Lo importante es entender que no se trata de un problema de conocimiento. No es que nosotros ignoremos cuál de esas trayectorias sigue realmente el electrón. Según la mecánica cuántica, todas esas posibilidades coexisten.

APU: ¿Cómo pasa eso?

DG: Nos parece extraño porque intentamos comprender el mundo microscópico utilizando categorías que construimos a partir de nuestra experiencia cotidiana. Estamos acostumbrados a objetos macroscópicos: una pelota, una mesa, una persona. Pero nadie dijo que el universo, en sus escalas más pequeñas, deba comportarse de la misma manera.

Una de las grandes enseñanzas de la física del siglo XX es justamente esa: el mundo microscópico no responde a nuestra intuición.

Las partículas elementales no necesariamente tienen una trayectoria definida. En algunos casos existen como una superposición de posibilidades. Eso no significa que la teoría esté mal; significa que nuestras categorías intuitivas dejan de ser suficientes para describir esa realidad.

APU: Esa extrañeza de la física cuántica también dio lugar a muchísimas interpretaciones por fuera de la ciencia. Hoy es común escuchar hablar de "energía cuántica", "espiritualidad cuántica" o incluso de formas de pensamiento que “toman” conceptos de la física para explicar cualquier otras cosas. ¿Cómo observás ese fenómeno?

DG: Hay que distinguir dos cosas muy diferentes. Una cosa son las aplicaciones reales de la mecánica cuántica, que son enormes. Por ejemplo, cuando alguien se realiza determinados estudios médicos o utiliza buena parte de la tecnología electrónica moderna, detrás hay física cuántica. Estamos hablando de una teoría extremadamente precisa, con aplicaciones concretas y con un respaldo experimental extraordinario.

Otra cosa muy distinta es cuando se toman conceptos de la mecánica cuántica y se les agrega el adjetivo "cuántico" para volverlos más misteriosos, más esotéricos o más atractivos. Ahí estamos hablando de otra cosa.

Creo que hay mucha confusión. Y, en muchos casos, directamente hay charlatanería. La física cuántica contiene ideas realmente sorprendentes. Que un electrón pueda seguir varias trayectorias a la vez o que exista el entrelazamiento cuántico son conceptos que desafían nuestra intuición. Justamente por eso se convierten en una cantera de donde extraer sofismas, exageraciones e interpretaciones completamente injustificadas.

Algo parecido ocurrió con la teoría de la relatividad. Mucha gente empezó a repetir que Einstein había demostrado que "todo es relativo", cuando nunca dijo semejante cosa. Se tomaron conceptos muy precisos y se los transformó en frases vacías.

Con la mecánica cuántica sucede algo similar. Se habla de energía cuántica, conciencia cuántica o sanación cuántica como si esas expresiones tuvieran un significado dentro de la física, cuando en realidad no lo tienen.

Ahora bien, tampoco quiero decir que cualquiera que utilice la mecánica cuántica como una analogía esté haciendo algo incorrecto. Puede ser perfectamente válido utilizar una idea de la física como metáfora para pensar otro problema. De hecho, algunos filósofos lo hacen muy bien. Lo importante es ser responsable con las analogías. Toda analogía tiene un límite muy claro y no puede presentarse como si fuera una explicación científica.

No quiero decir que todos sean chantas. Lo que digo es que el 99,9% de la gente que usa la palabra "cuántica" sin hacer física —o sin trabajar seriamente en disciplinas como la física, la ingeniería o la matemática— son chantas.

Porque la mecánica cuántica no es una colección de frases misteriosas. Es una teoría extremadamente rigurosa, hace predicciones numéricas muy precisas y, probablemente, sea la teoría científica mejor comprobada experimentalmente que ha desarrollado la humanidad. Vivimos rodeados de aplicaciones de la mecánica cuántica, aunque muchas veces no lo advirtamos.

APU: Ocurre que hay ideas de la cuántica como el entrelazamiento cuántico o la superposición de estados que extrapolados son muy atractivos. ¿Pero eso no se puede hacer?

DG: La mecánica cuántica contiene ideas realmente sorprendentes. Que una partícula pueda encontrarse en una superposición de estados o que existan fenómenos como el entrelazamiento cuántico resulta tan llamativo que muchas personas toman esos conceptos y los extrapolan a terrenos donde ya no tienen ningún fundamento científico.

Con la física cuántica sucede algo similar. Se toman conceptos muy precisos, formulados matemáticamente, y se los convierte en metáforas para justificar cualquier tipo de discurso.

APU: Uno de los ejemplos más conocidos de la mecánica cuántica es el famoso gato de Schrödinger. ¿Cómo hay que entender realmente ese experimento?

DG: Lo primero que hay que recordar es que Schrödinger propuso ese ejemplo para cuestionar una interpretación de la mecánica cuántica. No era una teoría sobre los gatos, sino un experimento mental para mostrar lo extraño que resultaban algunas consecuencias de la física cuántica.

La idea es la siguiente: imaginemos un átomo radiactivo dentro de una caja cerrada. Ese átomo puede decaer o no decaer. Si decae, activa un mecanismo que rompe una ampolla con veneno y mata a un gato que también está dentro de la caja. Si no decae, el gato sigue vivo.

La mecánica cuántica sostiene que, mientras no observemos el sistema, el átomo no está simplemente en uno de esos dos estados, sino en una superposición de ambos. Schrödinger llevó esa lógica al extremo y preguntó: ¿eso significa que el gato está vivo y muerto al mismo tiempo? Lo planteó justamente para mostrar lo absurda que parecía esa conclusión.

APU: ¿Y cuál es tu respuesta a esa paradoja?

DG: Desde la física actual no veo un problema conceptual. Lo que ocurre es que un gato es un sistema extremadamente complejo.

Un gato está formado por una cantidad inmensa de partículas que interactúan constantemente entre sí y con el entorno. Respira, intercambia calor, emite sonidos. Es prácticamente imposible aislarlo del resto del universo. Por eso ese experimento resulta imposible de realizar en la práctica.

Ahora bien, si en lugar de un gato pensamos en un sistema mucho más simple —por ejemplo una bacteria o un conjunto muy reducido de partículas— la situación cambia. En principio, si lográramos aislar completamente ese sistema y controlar todos sus estados cuánticos, no habría ninguna contradicción en que existiera una superposición de estados.

Desde el punto de vista de la mecánica cuántica, todos los objetos están hechos de las mismas partículas. La diferencia no está en la naturaleza del sistema, sino en su complejidad y en la enorme dificultad experimental que implica mantenerlo completamente aislado.

APU: Sin embargo, para cualquiera que no sea físico resulta muy difícil imaginar que algo pueda estar vivo y muerto al mismo tiempo.

DG: Claro, pero eso ocurre porque atribuimos al concepto de "vida" un significado que, desde la física, puede describirse en términos del comportamiento de millones y millones de partículas.

Cuando decimos que una bacteria está viva, en realidad estamos describiendo una enorme cantidad de procesos físicos y químicos que ocurren simultáneamente: circulación de iones, reacciones moleculares, intercambio de energía.

Si aceptamos que una partícula puede encontrarse en una superposición de estados, no hay ninguna razón de principio para pensar que un sistema compuesto por muchas partículas no pueda describirse del mismo modo.

Lo que sucede es que cuanto más complejo es el sistema, más difícil resulta mantenerlo aislado. Y en cuanto interactúa con el entorno, esa superposición desaparece. Por eso el desafío no es filosófico sino experimental.

La mecánica cuántica no es una colección de frases misteriosas. Es una teoría extremadamente rigurosa, hace predicciones numéricas muy precisas y, probablemente, sea la teoría científica mejor comprobada experimentalmente que ha desarrollado la humanidad.