Paula Angelomé (CONICET): qué es la nanotecnología y los riesgos del sistema científico argentino por el ajuste de Milei

  • Imagen
    Paula Angelomé
    Paula Angelomé, científica argentina

Paula Angelomé (CONICET): qué es la nanotecnología y los riesgos del sistema científico argentino por el ajuste de Milei

16 Julio 2026

La nanotecnología es la ciencia que estudia y manipula materiales a escala nanométrica —una milmillonésima parte de un metro—, un tamaño mayor al de los átomos pero muchísimo más pequeño que cualquier objeto cotidiano. En esa escala, los materiales cambian de comportamiento: el oro, por ejemplo, deja de ser amarillo y puede volverse rojo, verde o azul, según su forma y su tamaño. Paula Angelomé, doctora en Ciencias Químicas, investigadora del CONICET y ganadora del Premio Nacional L'Oréal-UNESCO 2024, explica en esta entrevista con Agencia Paco Urondo (APU) qué es la nanotecnología, cómo se desarrolla en Argentina, cuáles son sus aplicaciones actuales y por qué considera que el ajuste en ciencia de Javier Milei pone en riesgo la continuidad del sistema científico argentino.

APU: ¿Qué es la nanotecnología?

PA: Primero tenemos que definir qué es "nano". Nano quiere decir 10 a la menos 9, así como nos enseñaron el kilómetro, el metro, el decímetro. El nanómetro es 10 a la menos 9 metros, algo muy difícil de pensar en términos cotidianos. Básicamente es un tamaño que está por arriba del tamaño de los átomos, pero muy por debajo del tamaño de las cosas cotidianas. Para tener una idea: si el diámetro entero de la tierra midiera 1 metro, un nanómetro sería como una uva. Así de chico es, en proporción, un nanómetro respecto de un metro: muy pequeño, pero más grande que los átomos. Entonces, cuando las cosas tienen tamaños nanométricos, están formadas por varios átomos, pero son mucho más chicas que las cosas cotidianas que vemos en el día a día. Y por eso tienen comportamientos distintos, no se comportan como estamos habituados.

Te puedo dar un ejemplo concreto: si te pregunto de qué color es el oro, vas a decir dorado, amarillo. Perfecto, en eso estamos todos de acuerdo. Pero cuando el oro es nanométrico —cuando en vez de ser un anillo o un arito de oro tiene un tamaño nanométrico— puede ser rojo, puede ser verde, puede ser azul, solo por cambiar su forma y su tamaño. Eso es algo que en la vida cotidiana no estamos habituados a ver: que algo, por ser más chico, tenga un color distinto que por ser más grande. Esa es la razón por la cual a un montón de gente le interesa la nanotecnología, porque la nanociencia y la nanotecnología estudian cosas que se comportan muy distinto de lo que estábamos habituados. En los últimos 30 años eso ha crecido un montón, porque cada vez hay más maneras de estudiar esas cosas.

APU: ¿La nanotecnología tiene algo que ver con la física cuántica?

PA: En algún punto están relacionadas, en cuanto a que ambas estudian cosas pequeñas y hay ciertos fenómenos de física cuántica que también se ven en nanomateriales. Pero no es lo mismo, porque la cuántica es para tamaños aún más pequeños. Lo que pasa es que en tamaños nanométricos todavía se ven algunos efectos cuánticos, y hay bastantes cosas interesantes en esa frontera entre nanotecnología y cuántica.

APU: ¿Cuál es el rol de Argentina en este tema? ¿Cuánto se estudia la nanotecnología en el país y cuánto desarrollo tiene?

PA: La nanotecnología en Argentina tiene una presencia sostenida, acorde al tamaño de su sistema científico. Desde el año 2000, cuando empezó a estallar todo lo de la nanotecnología —Estados Unidos hizo un programa muy grande de promoción de la nanotecnología ese año—, esto arrastró a un montón de gente a trabajar en el tema. Acá en Argentina ya había cosas: no es que se hicieron porque Estados Unidos lo impulsó, pero sí se puso en el candelero gracias a eso. Argentina tiene una experiencia sostenida en nanotecnología: hay encuentros cada año de la comunidad dedicada al tema desde el año 2000, o sea, hace 26 años que hay encuentros de nanotecnología para hablar del avance en el país. Imaginate la cantidad de gente que hay trabajando para que esto se pueda hacer. En el último encuentro, que yo no pude estar, eran como 400 o 500 personas. Hay varios centros de CONICET especializados en nanotecnología; yo trabajo en uno de los institutos de CONICET dedicado exclusivamente a ciencia y nanotecnología.

Lo interesante de la tecnología es que es transversal: en casi cualquier área del conocimiento se puede aplicar, incluso en las ciencias sociales se estudia la nanotecnología por lo que tiene que ver con su introducción, con la novedad, con cómo se maneja esa novedad. Entonces hay posibilidad de usarla en casi cualquier área, y eso se está viendo: cada vez más aplicaciones en biología, cada vez más aplicaciones en otras áreas. La química y la física son como las ciencias base de la nanotecnología, pero de ahí irradia a casi cualquier cosa, y eso se nota muchísimo en nuestro país.

APU: ¿En qué áreas tiene mayor desarrollo la nanotecnología?

PA: El área donde mayor desarrollo tiene, o donde más potencial se cree que va a tener, es la medicina. Todavía no está tan desarrollado a nivel clínico, no está tan presente clínicamente, pero se cree que en el futuro muchos medicamentos van a ser nanotecnológicos. De todas maneras, ya hay productos nanotecnológicos en el mercado en el área de medicina, sobre todo lo que tiene que ver con detección de enfermedades: ahí la nanotecnología tiene muchísima presencia. En tratamientos de enfermedades el avance es menor, aunque las vacunas de COVID tuvieron nanotecnología metida —y tienen, porque se siguen usando.

APU: Me imagino que la expectativa en medicina va por el lado de poder trabajar con materiales muy pequeños y hacer tratamientos muy específicos, por ejemplo en cáncer, donde a veces se hacen tratamientos muy invasivos que lastiman células sanas.

PA: Sí, exactamente, la expectativa va por ese lado: por lo que se conoce como medicina personalizada. Que te puedan detectar cuál es la enfermedad que tenés y construir una nanopartícula que trate exclusivamente tu enfermedad y no la de cualquier otro. Esa es la expectativa. Ahora, en realidad la tecnología ya tiene desarrollo en otras áreas: por ejemplo, detección de enfermedades mucho antes de que se manifiesten, en métodos de diagnóstico como la resonancia magnética, donde ya se usan nanopartículas. Y en detección rápida de enfermedades: los test rápidos de COVID, o los test rápidos que te hacen para saber si el dolor de garganta es por una bacteria o un virus, están basados en nanopartículas hoy en día, ya actualmente. Las opciones en medicina van más allá del tratamiento. El tratamiento es lo que siempre tarda más en llegar porque es lo más costoso: probar y comprobar si funciona en estudios clínicos lleva mucho tiempo. Pero ya hay avances en ese sentido, y creo que vamos a ver más avances en los próximos 10 o 20 años.

APU: ¿Y hoy, con certeza, dónde se aplica ya la nanotecnología?

PA: Lo más obvio para todos es el teléfono celular desde el que te estoy hablando, o las computadoras. Ese es el avance más claro y que todos tenemos bien cerca: que un teléfono celular tenga en su memoria miles de millones de cosas —fotos, archivos, audios— es gracias a la tecnología que permite meter un montón de información en un lugar muy pequeño. Ahí sí es tecnología, ya no es nanociencia, ya está desarrollado, es algo que por supuesto se va mejorando, pero desde los años 90 y 2000 el camino es hacia la miniaturización: que cada vez en un dispositivo más pequeño entre más información. Esto es posible porque primero se pueden construir materiales nanométricos y después estudiarlos y ver que efectivamente funcionan. Todo eso es básico antes de llegar a que en un teléfono haya miles de millones de procesadores que hacen posible esta comunicación.

APU: Son temas muy sensibles, donde hay mucho debate entre las principales potencias económicas: Estados Unidos, China y otros países quieren estar a la vanguardia de estas discusiones. ¿Qué rol cumple ahí el sistema científico argentino en un tema que es casi de agenda geopolítica?

PA: Lo que tiene que ver con procesadores y computadoras es algo muy concentrado: hay muy pocas fábricas que pueden producir microchips, y la mayoría están en Oriente. Nuestro rol desde Argentina tiene que ver más con desarrollar cosas nuevas que con intervenir en esa discusión geopolítica, al menos en lo que yo conozco. Argentina tiene un sistema científico que ahora está siendo muy atacado, pero que es muy reconocido internacionalmente por su calidad, así que hay argentinos trabajando en un montón de áreas en el mundo. Ahora, desde Argentina, los desarrollos tienen más que ver con aplicaciones en las que el país es fuerte históricamente, como la ciencia básica o las aplicaciones en el área bio o de biomedicina, que es donde Argentina siempre se destacó, con una historia muy grande, premios Nobel, etcétera. En lo que tiene que ver con estas cosas más tecnológicas, como los chips, nuestro rol es pequeño, pero creo que el rol de la mayoría de los países es pequeño ahí, porque lo manejan los grandes jugadores. No podés ponerte una fábrica de chips muy fácilmente, aunque tengas todo el dinero.

El ajuste de Milei a la ciencia

APU: Ese ataque a la ciencia por parte de la política de Milei: ¿Pone en riesgo la continuidad del sistema científico argentino?

PA: Estoy segura de que está en riesgo, totalmente segura, porque es una política de ajuste, sí, pero el ajuste se lleva puesta a las personas. Nuestro sueldo por ahora todavía está asegurado, así que los investigadores que ya estamos trabajando estamos, comparativamente, en menor riesgo. Pero no hay ingresos nuevos. El personal no se va formando, porque si no tengo a quién enseñarle, no puedo pasar la tradición fácilmente. Yo en algún momento me voy a jubilar, y no sé quién va a quedar después si no tenemos nuevos ingresos de investigadores. Por otro lado, si no tengo dinero para pagar los experimentos —dinero que necesito para eso, no para otra cosa, para mantener el laboratorio funcionando, para comprar todo lo que necesito para hacer mis experimentos— sin esa continuidad, en algún momento no se puede hacer nada más, y nos vamos a estar mirando las caras, porque los que hacemos ciencia experimental necesitamos reactivos, necesitamos equipamiento para medir, y todo eso se va a acabar.

Para mí, estamos en una situación donde por ahora estamos aguantando porque tenemos una construcción previa, una historia: nuestro grupo tiene 20 años, y entonces tenemos un poco de stock, de alguna manera. No stock físico solamente, sino gente que ya empezó hace tiempo, gente que se quiere seguir formando con nosotros porque nos conoce. Pero en algún momento, si esto no se frena pronto, va a ser mucho más notorio, porque llevamos tres años de ajuste. A ver cuánto más nos podemos aguantar sin dejar de trabajar. Por ahora nosotros podemos trabajar, pero hay muchos grupos que hoy no pueden trabajar porque no les alcanza el dinero.

APU: Está bueno que plantees eso, porque uno hace énfasis en el salario, que por supuesto es tremendamente importante, pero la otra parte tiene que ver con los recursos: si tenés para hacer el experimento que quisieras hacer, o si tenés que elegir cuál hacer y cuál no, jugando con recursos cada vez más escasos.

PA: Vos antes mencionabas cuando me presentabas que en 2024 tuve la suerte de ganar el Premio L'Oréal-UNESCO. En realidad es un reconocimiento muy importante en lo que tiene que ver con hacer buena publicidad de lo que hacemos las científicas en nuestro país, pero también es dinero. Ese dinero, desde 2024 hasta ahora, ha permitido sostener muchas de las actividades de nuestro laboratorio, y por ahora no estamos todavía en la condición de tener que elegir nuestros experimentos. Ahora estamos cuidándonos todo el tiempo: nosotros nunca fuimos de derrochar, porque no nos gusta, porque no nos parece, pero ahora todo se ve con más detalle. Tenemos que pedir más presupuestos antes de comprar cualquier cosa, estar asegurándonos de que las cosas se usen hasta el último mililitro, hasta el último recurso. Pero eso te digo que es específico de nuestro caso: no hemos tenido que cortar con nada. No sé cuánto va a durar esto, pero por ahora vamos apechugando.

APU: Volviendo al tema de la nanotecnología y vinculándolo con lo que planteabas sobre el sistema científico nacional: ¿Dónde creés que debería apuntar el país en este tema?

PA: Creo que tiene mucho que ver con todo lo relacionado con enfermedades desatendidas, por ejemplo. Hay bastante desarrollo en Argentina en detección de enfermedades desatendidas, algo que combina la potencialidad de la nanotecnología con la tradición científica argentina. Pero yo, como persona que se dedica a la ciencia básica, no quiero dejar de destacar que no podemos abandonar ese aspecto, porque todos —y eso lo destaca todo el mundo, yo he estado afuera y la gente realmente lo destaca— tenemos una formación de excelencia a nivel universitario. Nuestros egresados son de primer nivel internacional, mejores que los de muchas potencias. Y a esa gente la educan, al menos en nuestra área, los investigadores e investigadoras que trabajan tanto en ciencia básica como en ciencia aplicada. Eso también es importante no cortarlo, no dejar de construirlo.

Me parece que seguir avanzando en ciencia básica es importante, y en lo que tiene que ver con ciencia aplicada y tecnología, creo que hay mucha oportunidad en la interacción entre bio y nanotecnología, entre medicina y nanotecnología. Ahí creo que Argentina tiene mucho para aportar, y de hecho ya aporta: hay empresas argentinas dedicadas al tema, cada vez más startups, empresas pequeñas que surgen a partir de grupos de investigación o de gente formada, en general, por las universidades públicas, que empieza a desarrollar productos basados en nanotecnología. Ahí es donde creo que tenemos la mayor posibilidad. Esto es una opinión personal, no me he dedicado a la política científica como para decir algo más que eso, pero es lo que veo por haber trabajado un poco en el área.