Charla en ATE Capital: cómo despedir a un desaparecido, desde lo personal y lo colectivo
La búsqueda de la verdad sobre el destino de los desaparecidos y desaparecidas durante la última dictadura cívico militar en la Argentina lleva décadas y, recientemente, sumó un nuevo capítulo con el hallazgo e identificación de los restos de varios compañeros y compañeras que fueron detenidos y asesinados en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE), La Perla, en Córdoba. En una charla en la sede de ATE Capital, Agueda Goyochea, hija de dos de esos militantes secuestrados y asesinados y cuyos restos fueron hallados e identificados, dio testimonio de lo que significa esta nueva etapa. Junto a ella, participó Carlos “Maco” Somigliana, integrante del equipo argentino de Antropología Forense (EAAF), que formó parte del trabajo de investigación, moderados por Flavia Fernández Brozzi, responsable del área de DDHH de ATE Capital.
“Esta búsqueda venía desde hace mucho tiempo pero el momento de la identificación fue muy movilizante y complejo”, contó Agueda sobre el hallazgo de los restos que pertenecen a su madre y a su padre. “Surgieron muchas preguntas. ¿Cómo los nombramos?, ¿adónde los vamos a llevar? No tenemos rituales para estas situaciones, es algo novedoso. Fue algo que sucedió hace 50 años pero en la familia aún está la necesidad de despedirlos”, dijo.
Sus padres y los de una amiga suya fueron detenidos y luego fusilados y enterrados en La Perla. Ahora, ambas familias están compartiendo el dolor y tratando de reconstruir el momento más trágico para luego, armar una despedida juntos. Esa es una circunstancia que los llevó a la reflexión que, como aseguraron, debería ser colectiva. “La única certeza que tenemos es que son sus huesos pero hay que pensar entre todos, ¿qué se hace con esto? No es como velar o enterrar a otro muerto. Entonces, ¿alcanza con el duelo?”, contó Agueda. “Hay muchas cuestiones para seguir pensando en comunidad, el significado de todo esto”.
Por su parte, Somigliana coincidió en que se trata de una situación absolutamente inédita que implica una bisagra en la sociedad. Y destacó: “No es lo mismo seguir aferrado a una incertidumbre, como la figura de un desaparecido, que tener la certeza, por mínima que sea, de su final. Y para las familias implica un tiempo para decantar este proceso y ver cómo encaran semejante cosa”. Pero además, aseguró que no hay que perder de vista la cuestión política inserta en esta situación. “Primero, por el respeto que merece y también porque es una verdad que se va imponiendo. Cuando algunos pobladores de la zona contaron en algún momento que sabían que en la Loma del Torito, había habido fusilamientos, no le dieron importancia. Habrá que preguntarse por qué se tardó tanto en tener en cuenta esos testimonios. Pero finalmente, la verdad se va revelando”.
Y frente a esa realidad, tanto Somigliana como Goyochea coincideron en que, la sociedad argentina no tuvo la capacidad suficiente de escuchar el relato de los sobrevivientes de los centros clandestinos de detención y tortura e, incluso, los trataron bastante mal. “El cuestionamiento era ¿por qué están vivos? Y eso atrasó mucho el proceso. Faltó percepción para entender la importancia de esos relatos”, dijo Somigliana.
Y agregó: “No hay crímenes perfectos, hay crímenes atroces como éstos- Y las familias quieren saber muchas cosas sobre lo que atravesaron sus seres queridos, hay mucho por responder y en eso hay que seguir trabajando en todo el país”.
Graciela Daleo, quien estuvo presente en la charla y vivió en primera persona el horror en la ESMA, coincidió en este punto: “Como sobreviviente siempre me pregunté por qué, aún sabiendo el destino de nuestros compañeros, según los primeros testimonios, nos costó profundos cuestionamientos. Realmente fue un dilema profundo para nosotros”.
Según Agueda, lo que se hizo público en el hallazgo e identificación de los restos óseos, es la culminación de un trabajo anterior en el que también fue fundamental, el relato de un grupo de sobrevivientes de La Perla que hicieron contacto con los familiares de los desaparecidos y desaparecidas, ya en la década de 1980. “Ellos fueron testigos de los traslados para el posterior fusilamientos”, dijo.
En la charla se habló sobre lo que podría ocurrir a partir de ahora, con nuevos hallazgos óseos, en distintas zonas de la Argentina: muchos restos no podrán ser identificados o, en otros casos, no tendrán posibilidad de ser devueltos a sus familias- “Hay que pensar qué se hace con eso, es una responsabilidad de toda la sociedad, que nos implica a todos como pueblo”.
El planteo que sobrevoló la charla, además, está relacionado con lo que debería reflexionarse en conjunto a partir de ahora.” Es parte de la condición humana negar la muerte, vivimos negándola hasta que no lo podemos hacer más. Este hallazgo nos dice que están todos muertos pero ¿para qué nos va a servir todo esto? La puerta de entrada es el duelo”, dijo Somigliana. “Mientras tanto el tiempo pasa para todos y hay verdades que son más complicadas que otras. Y acá hubo un ocultamiento tras otro, por eso queda mucho trabajo por hacer”.
Frente a la pregunta de cómo se sigue luego de un hallazgo e identificación de esta naturaleza, para Agueda, que representa lo que puede ser la realidad de muchos otros familiares de las 30 mil víctimas de la última dictadura cívico militar, se trata de gran un interrogante. “No sé cómo se sigue. La búsqueda siempre estuvo cargada de emoción y cada tanto, de a ramalazos, hubo acompañamiento colectivo, como en la última marcha del 24 de marzo, y creo que esto debería ser algo compartido”, aseguró.
E insistió sobre la necesidad de generar un ritual de despedida como una forma de reintegrar a los desaparecidos a su condición humana. “No es una reparación, creo que se trata de algo ético, volverlos al cauce de la humanidad y eso es una responsabilidad colectiva. Y con cada una de las personas que faltan, sobre cada uno de ellos deberíamos poder encontrar algo”.
Los interrogantes que surgen a partir de ahora, merecen una reflexión profunda hacia el pasado. Según Somigliana, “El término “desaparecidos” es un eufemismo. Y lo que hizo la dictadura también sucedió porque la sociedad lo permitió. Se naturalizó durante mucho tiempo, el no saber dónde estaban. Así como hubo un plan sistemático para desaparecer personas por parte del Estado, también el Estado debería hacerse cargo de la búsqueda y exigirle eso sea quien sea porque es algo que le corresponde a todo el pueblo argentino, no solo a los familiares”.
Ante la pregunta del rol de los medios en todo este proceso que, en su gran mayoría, ignoran el tema, Agueda Goyochea remarcó un cambio a lo largo del tiempo. “Mi impresión es que durante la transición democrática, lo que se daba a conocer, era de mucha espectacularidad, no había eufemismos. Luego surgieron otras maneras de contar esto. Pero ahora, parece que está todo dicho”. Y concluyó: “Aunque parezca que ya sabemos todo lo que pasó, creo que hay que poder decirlo en los términos de un principio, que fueron incómodos y dolorosos. Pero no hay otra manera. Sobre todo para poder transmitirlo a los más jóvenes para que los hechos tengan la dimensión real que tienen que tener”.