La primera traducción Rodolfo Walsh
Un grupo de jóvenes nacionalistas esperan en la calle Florida, en la puerta de su local. Cuando por el lugar pasan estudiantes universitarios los cruzan, los provocan y por fin los trompean. Corre el año 1944, la trifulca dura pocos minutos. Los primeros militaban en la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN) y apoyaban al ascendente coronel Juan Domingo Perón; los segundos integraban la FUBA, pertenecían a los centros de estudiantes de la Universidad de Buenos Aires, y veían a Perón como el líder nazi de la Argentina. Ya adulto, Rodolfo Walsh explicó que “a los dieciocho años no estaba en condiciones de interpretar lo que vivía; para mi era un año de trompadas en la calle, de corridas”. Pocos sospechaban que aquel muchacho esmirriado, petiso y con lentes que le atenuaban la miopía, pronto empezaría a publicar cuentos, críticas literarias y crónicas. Luego de transitar por el país en busca de trabajo, el joven entró a la editorial Hachette, donde pasaba de un puesto a otro, aprendiendo del mundo de la edición.
En la ALN Walsh no militaba solo, con él andaban Rogelio García Lupo (14) y Jorge Ricardo Massetti (15). El líder de la Alianza era Juan Queraltó, de perfil antibritánico, anticomunista y antisemita, a quien el mismo Walsh lo describía como “un tipo simplista, remachador de slogans, violento, sin grandeza ni finura de ninguna especie”.
De aquella agrupación Walsh admiraba a Leonardo Castellani, un cura jesuita cuarentón, que era uno de los intelectuales más brillantes del país, con convicciones cristianas férreas y, a la vez, amigo de comunistas, militares, peronistas y liberales. Más adelante ese sacerdote sería profesor de Haroldo Conti, tendría amistad con Alicia Eguren, y recibiría en su casa a los hermanos Abal Medina. El cura leía todo el tiempo en varios idiomas, escribía y traducía mucho, no solo material de religión sino de filosofía, política, literatura y policiales. Mientras estaba en la Alianza, Walsh leyó Las muertes del padre Metri, una serie de cuentos de Castellani. El jesuita tomó una idea del inglés Gilbert K. Chesterton, el deductivo padre Brown, y creó al franciscano Demetrio Constanzi, instalado en el Chaco santafesino a fines del siglo XIX quien resuelve diversos crímenes. El intento de domesticación cultural nos quiso convencer que los policiales se ambientaban en París o Nueva York, por eso el entusiasmo de Walsh con Castellani, con historias que transcurren en la cuña santafesina, o con las Crónicas de Bustos Domeq, con cuentos escritos por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, ambientados en calles y lugares porteñas.
En 1946 Walsh tenía 19 años, se alejaba de a poco de la política, tenía un trabajo estable en la editorial y aprendía rápido sobre las etapas de impresión de un libro. No solo corregía pruebas de imprenta sino que deseaba escribir. Por lo pronto se lanzó a traducir, que es lo que le salía de manera natural pues el inglés fue su segunda lengua, por ser descendente de irlandeses y estudiar en internados de ese origen.
El traductor de Irish
En agosto de aquel año Walsh publicó su primer texto en un libro y no fue un cuento, ni una crónica ni un análisis político, fue un prólogo bajo el título Noticia preliminar y R.J.W. fue su firma. Esas primeras palabras fueron para la traducción de seis cuentos, que realizó él mismo, reunidos en un solo volumen titulado Lo que la noche revela, de William Irish. El libro lo publicó la editorial Hachette, en su Biblioteca de bolsillo, en la colección naranja de textos policiales. El género policial era muy popular por aquellos días, y se vendían cientos de ejemplares. Hachette competía contra Emecé Editores, que tenía la colección El séptimo círculo, que dirigían Bioy Casares y Borges. Con apenas 19 años, el traductor, y futuro autor de Operación Masacre, salía a competir contra los principales especialistas del género policial la Argentina.
Los seis cuentos que integran el volumen son Marihuana, Aventuras de una manzana, Cuento policial, Cuento de sobremesa, Lo que la noche revela y Ventana trasera. En el primer cuento se usa una droga como excusa para hacer una broma pesada a un hombre, a quien, después de fumar marihuana (droga a la que el texto le da un poder superlativo), le hacen creer que asesinó a su esposa y huye para evitar el castigo de la justicia. En el segundo cuento un delincuente esconde su botín en una manzana, la cual pierde y pasa de mano en mano sin que los que la reciben sepan el tesoro que tienen, dejándola ir a otro dueño. En Cuento de sobremesa se relata la caída de un ascensor y al chocar contra el suelo se dispara un arma, con la muerte de uno de los seis pasajeros y la sospecha de un suicidio. El padre de la víctima trata de resolver el caso en una cena con los cinco sobrevivientes, para saber si uno de ellos asesinó a su hijo. En Lo que revela la noche hay una mujer que todas las noches recorre la ciudad provocando incendios, no se sabe si de manera intencional o en estado de sonambulismo. Su esposo, que en un principio no sospecha de nada pues a esa hora duerme, empieza a analizar pistas que descubre hasta concluir que su esposa es la responsable.
La empresa Paramount Pictures eligió un cuento de la serie para llevarlo al cine. Para eso llaman a Alfred Hitchcock, quien en base al cuento La ventana trasera dirigirá un clásico del cine policial: La ventana indiscreta. Doce años después que Irish publicara el cuento, y ocho años luego que Walsh lo tradujera, Hitchcock da a conocer al mundo su versión sobre la historia de un hombre sentado en una silla de ruedas, con la pierna lastimada, que observa desde su ventana el patio interno del edificio donde vive, y percibe que, después de varios días, una mujer se ausenta, y sospecha que su esposo la asesinó. A modo de promoción, en 1954, cuando se estrena la película en Buenos Aires, la revista Leoplan decide publicar la traducción de Walsh, que en ese momento era colaborador habitual del medio.
“William Irish es uno de los valores nuevos más destacados de la novelística policial estadounidense. Siendo todavía estudiante universitario, ganó una enorme cantidad de dinero al obtener el premio instituído a la mejor novela por la revista College Humor y la Paramount Pictures. Con ese dinero fue a París, y vivió allí alegremente hasta agotarlo”, abre Walsh su escrito. Agrega que Irish regresó a su patria, y se abocó a escribir una importante cantidad de novelas y cuentos policiales. El estilo del estadounidense da un giro al relato policial, donde el protagonista no es el investigador, sino que cuenta sus historias desde la perspectiva de la víctimas. Sus libros son mas bien de suspenso, y la trama psicológica de los personajes es mas importante que el crimen en si. Walsh dice que Irish tuvo mucho éxito en Estados Unidos y algunos de sus libros fueron traducidos al castellano, como las novelas La mujer fantasma, El plazo expira al amanecer, y la colección de cuentos No quisiera estar en sus zapatos. Lo que no dice Walsh, tal vez porque no lo sabe aún, es que él mismo será un traductor importante de la obra de Irish al castellano. Si muriera antes de despertarme; Siete cantos fúnebres; El perro de la pata de palo; Alguien al teléfono, son libros de Irish traducidos por Walsh; a la vez que sumó La novia vestía de negro, El ángel negro, escritos por Cornell Woolrich, que era el verdadero nombre de Irish. Es decir que Walsh tradujo siete libros del escritor estadounidense, lo que lleva a pensar sobre la influencia de éste autor en su obra posterior.
Irish y Walsh comparten el manejo de la ironía, que a veces resulta una burla y otras veces un gesto cruel. Walsh dice que Irish tiene un “estilo completamente personal (algo difícil de traducir, preciso es confesarlo) -frases elípticas, aunque expresivas en su brevedad, supresión de las conjunciones, diálogos rápidos - añade a la reputación de Irish como escritor original y ameno y acrece la satisfacción que despierta la lectura de sus novelas y cuentos”. Conociendo la obra posterior de Walsh se puede definir su estilo como personal, con frases elípticas, expresivas en su brevedad, diálogos rápidos, original y ameno. Tal vez en su prólogo, con apenas 19 años, no solo describe la escritura de Irish- Woolrich sino que manifiesta un programa que aspira plasmar en sus propios textos.
Otras influencias
Si volvemos a la relación entre Walsh y Castellani, veremos que también hay una influencia importante. Se admiraban mutuamente. En 1943 el cura publica Martita Ofelia y otros cuentos de fantasmas, una serie de relatos, poemas y una crónica sin ficción que anticipa el estilo de Operación Masacre, la obra mayor del Walsh adulto. En efecto, el primer texto del volumen se llama Martita Ofelia, víctima ritual, y es una denuncia del “rapto, ultraje y muerte de Martita Stultz”, una nena de 9 años agredida en 1938, cuyo victimario fue condenado por la justicia, pero sobreseído en segunda instancia.
En 1953 Walsh publica una antología, Diez cuentos policiales argentinos, donde aparecen textos de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Emilio Peyrou. Entre ellos también selecciona a Jerónimo del Rey, seudónimo de Leonardo Castellani, y pondera los cuentos de Las muertes del padre Metri como “el comienzo de una producción que ha ido creciendo en cantidad y que quiere estar al nivel de la excelente calidad técnica de los iniciadores”. Aquel mismo año Walsh gana el Premio Municipal con su serie de nouvelles Variaciones en rojo donde no habrá un policía ni un detective, sino que Daniel Hernández, el corrector de pruebas de una editorial de Buenos Aires, resuelve una serie de casos. Algunos años después, cuando se cumplen diez años de su primera traducción, Walsh está maduro para investigar los crímenes del basural de José León Suárez, y al año siguiente publicar la primera edición de un clásico de la literatura argentina: Operación Masacre.
Si volvemos a la relación entre Walsh y Castellani, veremos que también hay una influencia importante. Se admiraban mutuamente.