Teatro: "La suerte de la fea" o el cuerpo como mercancía

  • Imagen
    teatro la suerte de la fea
CARTELERA TEATRAL

Teatro: "La suerte de la fea" o el cuerpo como mercancía

02 Agosto 2026

¿Quién determina qué es bello y qué es feo? La belleza jamás ha sido una categoría estética inocente; es un dispositivo político de ordenamiento social. La suerte de la fea, el magistral unipersonal con dramaturgia de Mauricio Kartun y dirección de Paula Ransenberg, nos transporta a la Buenos Aires de comienzos del siglo XX, cuando los cafés con atracciones convertían a las "orquestas de señoritas" en verdaderas vidrieras del deseo masculino.

Allí, mujeres jóvenes y atractivas simulaban tocar sus instrumentos sobre el escenario mientras, ocultas tras el telón o en el foso, las verdaderas músicas ejecutaban cada nota. Esa ilusión tenía una arquitectura perversa: en escena, las figurantas, alineadas al canon de belleza; en la penumbra, Viola, la música talentosa pero "fea", entregando su virtuosismo para ser consumido a través del cuerpo de otra.

El conflicto de Viola expone con crudeza lo que Slavoj Žižek analiza como la estructura del fetichismo y la mirada fantasmática. Para el filósofo esloveno, el deseo no es espontáneo; está mediado por la mirada del Otro. En el café chantant, el público masculino no consume música: consume la ilusión del cuerpo femenino disponible.

La obra opera en una ruptura y separación brutal. 
El foso: es la infraestructura del talento, lo real que debe ser ocultado porque no vende, no enamora.
El escenario: es la pantalla fantasmática donde el mercado proyecta el fetiche.

Viola se convierte en el "fantasma en la máquina". Su trabajo es robado, alienado y encarnado por una figura vacía. La tragedia de Viola no es solo la explotación económica por parte del varón que regentea el negocio; es la condena a existir únicamente como voz sin cuerpo, sabiendo que, si el espectador descubre la verdad, la ilusión se derrumba y el sistema la desecha.

Si en los años 20 la opresión sobre el cuerpo femenino venía dada por la mirada persecutoria del patriarcado y la patronal, una disciplina externa y física, la inteligencia de poner La suerte de la fea en cartelera reside en su capacidad para hablarle al espectador actual.

Como señala Byung-Chul Han en La sociedad del rendimiento y La sociedad de la transparencia, hoy hemos pasado de la explotación ajena a la autoexplotación, en nuestro país conviven ambas, y en el ecosistema digital, el mandato ya no es esconderse en el foso, sino la exhibición obligatoria.

Hoy todos estamos atrapados en la lógica de las figurantas: performar una vida estética en la "vidriera" de las redes sociales para recibir la validación monetizable de los likes.

Luciana Dulitzky construye una Viola de enorme potencia expresiva, capaz de sostener con precisión la prosa poética, trágica y mordaz de Mauricio Kartun.

Nos hemos convertido en nuestros propios capataces. Ya no hace falta un patrón que vigile nuestros cuerpos: el mandato se ha interiorizado. Como un superyó contemporáneo, nos exige exhibirnos, producir, gustar y optimizar nuestra imagen de manera permanente. Trabajamos gratis para las plataformas desde la palma de la mano, formateando nuestros cuerpos, rostros y deseos según el algoritmo de turno.

La masa que en 1920 consumía a las señoritas en el bar es hoy el algoritmo que premia la simetría y castiga la vejez, la diferencia y la imperfección. La normalización del cuerpo ya no se impone únicamente desde la moda o la publicidad: se reproduce cada vez que una imagen recibe más alcance que otra, cada vez que un filtro corrige un rostro o un cuerpo se adapta al ideal estético dominante. La "suerte de la fea" en el siglo XXI es el pánico a ser invisible, a no cotizar en el mercado de la atención.

Bajo la dirección de Paula Ransenberg, Luciana Dulitzky construye una Viola de enorme potencia expresiva, capaz de sostener con precisión la prosa poética, trágica y mordaz de Mauricio Kartun. La música en escena de Federico Berthet acompaña y potencia el universo sonoro de la protagonista, mientras que la escenografía y el vestuario diseñados por Alejandro Mateo, junto con el diseño lumínico de Fernanda Balcells, configuran ese espacio asfixiante donde el talento es devorado por la lujuria y la avaricia ajenas.

El refrán popular sentencia: "La suerte de la fea, la linda la desea". Pero la obra desmiente la moraleja cínica del dicho popular para revelar una verdad más sombría: en un sistema donde el cuerpo es mercancía, tanto la linda como la fea están atrapadas. Una es explotada por lo que muestra; la otra, destilada por lo que oculta.

Aceptar una identidad basada en los mandatos sociales, sin hacerse preguntas, es entregarse a la desgracia, porque esa cuenta siempre da menos. La suerte de la fea no es solo una reconstrucción del varieté; es una cachetada contemporánea que nos interroga de frente: en este siglo de pantallas y escaparates, ¿será la pantalla ese escenario y la vida real el foso? Y, si así fuera, ¿quién aceptaría quedar del lado de los invisibles en una sociedad que solo parece aplaudir aquello que se exhibe?

Nominación Premios TEATRO XXI a la actividad teatral 2016-1017. Mejor Actriz Luciana Dulitzky
Nominación Premios TEATRO XXI a la actividad teatral 2016-1017. Mejor Obra Dramatica Mauricio Kartun

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Mauricio Kartun
Actúan: Luciana Dulitzky
Intérpretes: Federico Berthet
Peinados: Granado
Diseño de vestuario: Alejandro Mateo
Diseño de escenografía: Alejandro Mateo
Diseño de luces: Fernanda Balcells
Realización de escenografia: Los Escudero
Redes Sociales: @marte.ar
Realización de vestuario: Lucina Tropini
Música: Federico Berthet
Fotografía: Sofía Montecchiari, Ale Ojeda
Diseño gráfico: Zkysky
Asistencia de dirección: Gabriel Urbani
Prensa: Daniel Franco
Dirección: Paula Ransenberg
TImbre 4
Web: https://www.facebook.com/lasuertedelafeakartun/
Duración: 50 minutos