Una lectura de "La metamorfosis” de Kafka en torno a las identificaciones

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    La metamorfosis y las identificaciones
    Ilustración: Leo Olivera
LITERATURA, ACTUALIDAD Y PSICOANÁLISIS

Una lectura de "La metamorfosis” de Kafka en torno a las identificaciones

14 Julio 2024

Con la vuelta al gobierno de la derecha comienzan a circular los discursos que cuestionan la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes, pero no precisamente para pensar y optimizar la tarea educadora, sino para derribarla. A la par, se reivindican y ponderan declaraciones sobre el trabajo infantil. Hace poco tiempo un diputado de la Nación, Alberto Benegas Lynch expresó y alentó a los padres a sacar a sus hijos de los colegios para ponerlos a trabajar, ya sea en el taller o negocio familiar.

Gregorio Samsa es el personaje principal del cuento escrito por Franz Kafka llamado La metamorfosis. Encuentro un hilo conductor entre Gregorio, la vida de Kafka, el intento de alienación de algunos padres sobre el futuro de sus hijos (encubriendo o no el beneficio que eso les significa) y los discursos sociopolíticos que legalizan ese accionar.

El protagonista del cuento es un viajante de comercio, hijo mayor de la familia, formada por la madre, el padre y una hermana menor. Ninguno en la casa de Gregorio trabaja, los padres habían tenido un comercio que cayó en bancarrota y él, como primogénito, tuvo que tomar las riendas del hogar y pagar la deuda contraída por ellos.

El acreedor era ni más ni menos que su jefe, el dueño sordo y tirano del almacén de ramos generales. Observen cómo va apareciendo una seriación: hijo que cumple a rajatabla con los mandatos familiares, padres que no buscan sobreponerse a través de su esfuerzo de la situación económico-social (otro familiar), patrón que se aprovecha de éstas circunstancias de cierta determinación del sujeto para someterlo aún más (otro social).

Así es como una mañana cualquiera, antes de ir a trabajar a disgusto como Gregorio lo hacía, el muchacho queda convertido en un monstruoso insecto. Queda paralizado, no sólo porque la transformación de su cuerpo limita su traslado, sino también por el posible rechazo que su aspecto puede provocar en los demás.

En este punto, el psicoanálisis ubica lo que se conceptualiza como identificación (más precisamente al rasgo). Germán García, psicoanalista contemporáneo, en su libro En torno de las identificaciones específica al respecto: “Para Lacan, identificación es algo que desaparece y cuando vuelve a aparecer lo identifico por un rasgo o por una metamorfosis”.

Freud va a teorizar la identificación en el niño como una operación psíquica que ocurre al finalizar el complejo de Edipo (5/6 años) donde el pequeño se apropia de una serie de rasgos de sus progenitores, cuestión que definirá su impronta psíquica. Una gama de significantes y significaciones se cocinan allí y van a operar como herramienta, maña u obstáculo para la futura vida del sujeto, según las circunstancias del contexto.

Germán García agrega:” Pero eso implica la teoría de la identificación. Si seguimos en la metamorfosis vamos a ver que ésta, a su vez sigue el camino del significante… ¿Cómo se produce una metamorfosis? Se produce por un conjunto de significantes que transforman A en B.” Por más que acá, García, cuando habla de metamorfosis no se refiere al cuento de Kafka nosotros encontramos algunas repercusiones.

¿Cómo se produce una metamorfosis? Se produce por un conjunto de significantes que transforman A en B.

¿Por qué Gregorio se convierte en insecto monstruoso y no en elefante o computadora? ¿Cuáles son los A que devienen en B? Releyendo a Kafka en clave a la identificación, hay un párrafo que ordena en ese sentido y opera como un timonel de lectura: “¡Ay dios-se dijo- Qué cansadora es la profesión que he elegido! Un día sí y otro también de viaje. La preocupación de los negocios es mucho mayor cuando se trabaja fuera que cuando se trabaja en el mismo almacén, y no hablemos de esa plaga de los viajes; cuidarse de los empalmes de los trenes, la comida mala, irregular; relaciones que cambian de continuo, que nunca duran, que no llegan nunca a ser verdaderamente cordiales, y en que el corazón nunca puede tener parte. ¡Al diablo con todo!”.

“La plaga de los viajes”, ¿acaso él mismo no se convirtió en una plaga?

“Cuidarse de los empalmes de los trenes”, una y otra vez Kafka se detiene describiendo las grandes dificultades que tiene que hacer el insecto para desplazarse. “La comida mala, irregular”, siendo un parásito Gregorio sólo puede degustar, con un apetito feroz de comida podrida.

“Relaciones que no llegan a ser verdaderamente cordiales, y en que el corazón nunca puede tener parte”, ¿el amor de su familia era un amor verdadero o un modo de explotación para sacar provecho? Queda demostrado que, con el correr de los días, la “preocupación familiar” por la salud de Gregorio se disipa como el aire.

Estos empalmes significantes, desplazamientos de sentidos que convierten A en B como pueden ver no están digitados al azar, pues siguen una lógica. Gregorio no puede cuestionar a sus padres el modo en que ellos lo subordinan y determinan su presente y futuro. Calla, no se revela, pero aparece el síntoma. Como insecto resuelve en forma alienada, dando una respuesta animista que viene a solucionar todos sus conflictos ¡pero a qué precio! Paga con su deformidad y su vida.

Franz Kafka nació en Praga en 1883. Su padre, que era judío practicante y autoritario en la educación de sus hijos, lo obliga a estudiar abogacía y a trabajar en una empresa de seguros. Pero Franz hacía literatura, y en ella hablaba de lo que padecía, poniendo un velo ficcional a su dolor. El padre subestimaba su creación, menospreciaba sus publicaciones y desalentaba su entusiasmo por las letras. Aún así, Kafka inventa a un hombre que se convierte en insecto para no volverse el insecto de su padre, y no sólo se salva con eso, sino que deja a la humanidad una de las obras literarias más preciadas…y una huella. La huella del sujeto subvertido.

¿Quién era el padre de Franz? no lo sabemos, quizás un tirano más, otro Benegas Lynch. ¿Quién es Franz Kafka? Un hombre sin muerte, porque su obra lo supera y lo trasciende.