Reflexiones sobre la “Comunidad Organizada” y el futuro a construir
Una ínfima minoría a nivel mundial, con claras complicidades de sectores nativos despatriados y descastados, pretende adueñarse de nuestros recursos y de nuestro bienestar para sobrevivir a costa de nuestros países y sectores sociales mayoritarios, situación que como el general Juan D. Perón nos advertía en 1949, podía sobrevenir en un futuro no muy lejano, sin que nadie hiciera seriamente caso a sus previsiones.
Ese mundo y ese futuro ya son presente y deberemos independizarnos necesariamente de él o sucumbir ante sus preceptos y acciones contra el mundo, el país y el estado de bienestar que conocimos.
Son muchos los escritos y alocuciones en los que un estadista y un pensador como el Gral. Perón -uno de los políticos más importantes de nuestra historia y no sólo el líder de una parcialidad histórica- hacía alusión a la conducta que tendrían los poderosos cuando sus recursos escasearan y debieran salir en busca y apropiación de los que todavía tenemos esos recursos en abundancia.
En respuesta a ello, las soluciones que el Gral. Perón sostenía para prevenir esa situación y resolverla, no fueron suficiente y acabadamente atendidas por la política, como correspondía, desconociéndolas, omitiéndolas o descartándolas ingenua e irresponsablemente.
El triunfo de la política mundial que hoy nos alcanza, inherente a los sectores concentrados de la economía mundial y a la potencia hegemónica de Occidente y sus principales aliados, demuestra esa imprevisión a lo largo de los años, aun con gobiernos más o menos nacionales.
La fortaleza que el imperialismo construye en nuestras Islas Malvinas y que el gobierno actual complementa con sus acciones de alineamiento es también una muestra indubitable y trágica de ello.
En aquella disertación de 1949 en Mendoza -Primer Congreso Nacional de Filosofía- que muchos toman como el texto fundante de la doctrina justicialista, aunque por su carácter académico y filosófico general solo podría serlo en sentido amplio, Perón auguraba un mundo distinto al que hoy conocemos y que, no obstante, ha venido a degradarse de la manera que hoy lo padecemos.
Pasado, presente y futuro de la “Comunidad Organizada”
En aquella clase magistral de 1949 que mencionamos, el presidente Juan Perón resumía así la realidad que el mundo experimentaba en ese mismo momento de la historia:
“La sociedad y el hombre se enfrentan con la crisis de valores más profunda acaso de cuantas su evolución ha registrado”.
A lo largo de la disertación daba cuenta de las posibles causas o razones de esa crisis de valores:
“Es posible -decía Perón- que la acción del pensamiento haya perdido en los últimos tiempos contacto directo con las realidades de la vida de los pueblos”.
Es posible también, advertía el general,
“que el cultivo de las grandes verdades, la persecución infatigable de las razones últimas, hayan convertido a una ciencia abstracta y docente por su naturaleza (la filosofía, y dentro de ella la filosofía política) en un virtuosismo técnico, con el consiguiente distanciamiento de las perspectivas en que el hombre suele desenvolverse”.
En cualquier caso, proseguía Perón,
“en ausencia de tesis fundamentales defendidas con la perseverancia debida, surgen las pequeñas tesis, muy capaces de sembrar el desconcierto…”.
Consignemos que esas “pequeñas tesis capaces de sembrar el desconcierto” han crecido de tal manera en el presente (tal vez alimentadas por el propio retroceso y/o vacío dejado por las grandes tesis), que hoy dominan no solo en la Argentina y gran parte de América Latina, sino en el mundo hasta ayer aparentemente “libre” de ideologías retrógradas, anti sociales y falsamente liberadoras, dormido en los laureles de un sistema impredecible… en su etapa más salvaje.
Continuando con el desarrollo de su ponencia, Perón cuestionaba la actitud individualista del ser humano:
“Es de temer -señalaba- que no consiga establecer la debida relación entre su yo, medida de todas las cosas, y el mundo circundante, objeto de cambios fundamentales”.
Y citando a Aristóteles, fundamentaba desde la filosofía clásica su tesis sobre la “comunidad organizada”:
“El hombre es un ser ordenado para la convivencia social”,
afirmaba Perón, mostrando en su argumentación cierta coincidencia con los preceptos del socialismo utópico en sus ideas:
“el bien supremo no se realiza, por consiguiente, en la vida individual humana, sino en el organismo súper-individual del Estado; la ética culmina en la política”.
Sin embargo, recapitulaba el jefe de Estado,
“la humanidad necesita fe en sus destinos y acción, y posee clarividencia suficiente para entrever que el tránsito del yo al nosotros, no se opera meteóricamente como un exterminio de las individualidades, sino como una reafirmación de éstas en función colectiva”.
En esa línea, adelantaba:
“al pensamiento le toca definir que existe, eso sí, diferencia de intereses y diferencia de necesidades, que corresponde al hombre disminuirlas gradualmente, persuadiendo a ceder a quienes pueden hacerlo y estimulando el progreso de los rezagados”.
No obstante, en aquella misma disertación, y con esas mismas convicciones que hemos mencionado, advertía puntualmente:
“El problema del pensamiento democrático futuro está en resolvernos a dar cabida en su paisaje a la comunidad, acentuando sobre sus esencias espirituales, pero con las esperanzas puestas en el bien común”, pues, también percibía, que “si la historia de la humanidad es una limitada serie de instantes decisivos, no cabe duda de que, gran parte de lo que en el futuro se decida a ser, dependerá de los hechos que estamos presenciando”.
En definitiva, al final de su exposición, el general Perón instaba hacer realidad “esta comunidad que persigue fines espirituales y materiales, que tiende a superarse, que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz, en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente”, y que -así confiaba- “dará al hombre futuro la bienvenida…”. El destino del hombre futuro estaba íntimamente ligado al futuro de la comunidad.
Recuerdos del futuro
Pues bien, ya conocemos los hechos y sabemos que, en sentido contrario al de esas previsiones, el mundo -sobre todo el mundo occidental-, América Latina (salvo algunas excepciones) y la Argentina en particular, han acrecentado su “crisis de valores”, y el pensamiento individualista gobierna por encima del pensamiento y sentimiento de “comunidad”, sentimiento de solidaridad, igualdad, fraternidad, patriotismo, sociabilidad y justicia social al que el reduccionismo libertario culpa de todos los desastres, sin hacerse cargo de la alienación y deshumanización de sus propios pensamientos y sentimientos, expresión de intereses muy mezquinos.
Por razones que deberemos esclarecer, estamos una vez más al comienzo del camino. Habiendo pasado tres cuartos de siglo de aquella intensa y extensa reflexión, y conocido ya “el futuro” al que Perón aludía en aquella clase inaugural, hoy podemos despejar la incógnita que el autor planteaba en su tesis filosófica sobre la “Comunidad Organizada”.
En principio, si no recurrimos una vez más a cerrar los ojos ante la tremenda realidad nacional y mundial que vivimos, de la que Perón nos advertiría en innumerables ocasiones, ya sabemos lo que la humanidad “se decidió a ser” (al menos Occidente), transitando, como estamos, la tercera década del siglo XXI:
en muchos planos de la realidad reina “el desconcierto”, y no por exceso de “comunidad” sino por carencia de ella, mientras se cuestiona a la Justicia Social en ambos términos y significado político, económico y social, y los hombres no lograron “establecer la debida relación entre su yo y el mundo circundante, objeto de cambios fundamentales”.
Avances y retrocesos mediante, aquel “futuro” de 1949 no fue resuelto de la manera que se esperaba (retroceso desde 1955 hasta nuestros días mediante); y aquella profunda “crisis de valores” no ha hecho otra cosa que acentuarse, mientras que la incógnita planteada por el general Perón en el Congreso de Filosofía de Mendoza no pudo ser todavía resuelta de manera aceptable para el hombre y la sociedad argentina, tampoco en América Latina ni gran parte del planeta.
No la resolvieron los “Aliados”, que se repartieron el mundo casi en partes iguales; ni los actores y los años de la Guerra Fría; no la resolvió en nuestro país la llamada Revolución Libertadora (ni revolución ni libertadora), ni los gobiernos pseudo democráticos o dictatoriales subsiguientes; tampoco la resolvió la caída del Muro de Berlín en 1989, ni el nacimiento de un mundo unipolar hegemonizado por el imperialismo triunfante bajo el signo del neoliberalismo mercadista y deshumanizante, devenido en “libertario” o anarcocapitalismo; ni los últimos cuarenta años de democracia formal, que no alcanzaron para liberarnos de semejante pesadilla y nos trajeron el ajuste, la entrega de nuestros recursos y el retroceso como país y como comunidad por “vías democráticas”…
Por el contrario, en el presente, la sociedad y el hombre vuelven a enfrentarse a esa profunda “crisis de valores”, puesta en evidencia esta vez por la caótica y trágica experiencia imperialista mundial y libertaria a nivel local.
Tampoco es dable entrever la posibilidad de persuadir a quienes en realidad no quieren (o por muchas razones no pueden) cambiar el mundo para bien de los más rezagados ni para bien de todos y mal de ninguno, sino solo para el bien de ellos mismos, que cada vez resultan menos, aunque la deformación del fenómeno inflacionario haga parecer que son más.
1974: un nuevo intento
Todo eso Perón lo sabía al volver a la Patria y al Gobierno. Por eso intentaría actualizar el ideario de la Comunidad Organizada en su Proyecto Nacional de 1974.
“En nuestra patria -señalaba poco tiempo antes de pasar a la inmortalidad (acorralado por la guerra cruzada a diestra y siniestra dentro del propio movimiento)- se han perdido –y se siguen perdiendo– muchas vidas procurando la organización nacional. A la luz de este hecho, resulta claro que hemos llegado a cierto grado de organización del Estado, pero no hemos alcanzado a estructurar la comunidad organizada. Más aún, muchas veces los poderes vertidos en el Estado trabajaron para que no se organizase el pueblo en comunidad”.
“La comunidad -demandaba el líder nacional- debe ser conscientemente organizada. Los pueblos que carecen de organización pueden ser sometidos a cualquier tiranía. Se tiraniza lo inorgánico, pero es imposible tiranizar lo organizado. Además, como una vez expresé, la organización es lo único que va más allá del tiempo y triunfa sobre él” (aunque no se trataba solo de reorganizar un movimiento o un partido sino un Estado, un país y una sociedad, para lo cual no tendría ya tiempo).
Ahora bien,
“todo fundamento de estructuración debe prescindir de abstracciones subjetivas, recordando que la realidad es la única verdad”.
En definitiva,
“la organización de la comunidad implica una tarea ardua que requiere programación, participación del ciudadano, capacitación y sentido del sistema para su orden y funcionamiento…”.
La crisis argentina
Efectivamente, cuando hablamos de “comunidad organizada”, hablamos de una concepción concreta de comunidad: “organizada”, no librada al azar ni al mercado; tampoco al arbitrio de los monopolios y corporaciones asociadas al interés extranjero y poderes concentrados, y ni siquiera a ideologismos impotentes e impopulares de cualquier signo tampoco, que habrá que desechar en nuestro camino de comunidad nacional y continental latinoamericana.
Tampoco hablamos de una abstracción o una entelequia imposible de hacer realidad y de obtener en términos concretos (y que solo queda en el tiempo como un slogan), ya que, como cuestionaba el mismo general Perón en 1974, esa tarea está todavía inconclusa y debe llevarse a cabo para que el hombre del futuro pueda realizarse en ella realizándola.
A esta altura de la historia y de nuestra experiencia vital, no nos caben dudas de que, en una comunidad “que anhela mejorar y ser más justa, más buena y más feliz”, el individuo solo puede realizarse realizando la comunidad en la que vive, y por esa razón,
“el mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y las esperanzas de la comunidad… Una comunidad donde el individuo tenga realmente algo que ofrecer al bien general…” y viceversa.
Como sabemos -y esto es filosofía práctica, utilizando una metáfora que solía usar el mismo Perón-, “para hacer una tortilla, hay que romper varios huevos”. Si no, seguiremos matando de hambre al pueblo argentino e impidiendo su realización personal, social y comunitaria.
La crisis argentina reclama responder no solo con palabras o abstracciones sino con hechos a esa “necesidad histórica” mencionada por el mismo general en 1949 y reafirmada en 1974, que resulta la antítesis del relato libertario y el discurso anarco-capitalista e individualista de all Street, Londres o Davos.
No obstante, a pesar de todo y del retroceso evidenciado, rescatemos la esperanzada convocatoria del general Perón a la realización de la persona en sociedad, “en la que el individuo puede realizarse y realizarla simultáneamente”, pero cuyo proyecto requiere reactualizarla y diseñarla en términos concretos para un futuro inmediato, con todo lo que ello implica.
Para empezar, recordemos que en la escala de valores de esa Comunidad Organizada (la octava de las 20 verdades peronistas), estaba primero la Patria; después el movimiento; y luego, los hombres.
(...) en el presente, la sociedad y el hombre vuelven a enfrentarse a esa profunda “crisis de valores”, puesta en evidencia esta vez por la caótica y trágica experiencia imperialista mundial y libertaria a nivel local.