La experiencia de la Escuela de Enfermeras “7 de mayo” de la Fundación Eva Perón

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La experiencia de la Escuela de Enfermeras “7 de mayo” de la Fundación Eva Perón

17 Junio 2026

Con la llegada al gobierno de Juan Domingo Perón, comienza un nuevo periodo en la República Argentina donde los habitantes experimentaron una ampliación de todos sus derechos. Se estableció una nueva estructura estatal, donde la dirección de la Secretaria de Salud Pública quedó a cargo del Doctor Ramón Carrillo quien promovió una transformación en el ámbito sanitario en todo el país. En este contexto, el reconocimiento de la enfermería y su desarrollo cobrarían en esta etapa renovados impulsos por su formación. Comenzaremos con un breve recorrido en relación a la conformación de la Escuela 7 de mayo de la Fundación Eva Perón.

En Argentina, durante 1943, por medio del decreto N.º 12.311, la Sociedad de Beneficencia pasó a depender de la Dirección de Salud Pública y Asistencia Social dentro del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. De dicha institución dependían diversos hospitales y en los mismos existían diferentes escuelas de enfermería.

El 6 de septiembre de 1946, a través del dictamen del Decreto 9414/46, la Sociedad de Beneficencia quedó intervenida, por lo cual recayó la labor de coordinar este proceso en el doctor Armando Méndez San Martín. A partir de abril de 1948, las autoridades de la Sociedad de Beneficencia establecieron que todas las escuelas de enfermeras existentes en los diversos establecimientos dependientes del organismo pasaran a dictarse en un solo centro educativo y se dispuso que en la Casa Cuna funcionaría un internado.

Para llevar adelante la implementación de los cambios en la escuela existente en el Hospital Rivadavia, en la Maternidad Ramón Sardá y la Casa Cuna, Méndez San Martín encargó la tarea a Teresa Adelina Fiora, hasta ese momento secretaria de la Escuela de Enfermeras de la Maternidad Sardá.

En menos de un año se organizó la nueva Escuela de Enfermeras que llevó el nombre María Eva Duarte de Perón. Teresa Fiora se convirtió en su regente y, con el total apoyo de Méndez San Martín, se ocupó de la organización administrativa mientras que las cuestiones relacionadas con la metodología y la didáctica fueron encargadas a un grupo de médicos, encabezados por el director Doctor Heriberto Mascheroni y el Doctor Jorge Albertelli. Este equipo de profesionales delineó los planes de estudios los cuales reflejaron los primeros cambios, alcanzando algunas metas propuestas por la Secretaría de Salud Pública.

—Primer Año: Anatomía y Fisiología, Higiene y Epidemiología, Defensa Nacional y Calamidades Públicas, Semiología y Enfermería, Biología, Patología General y Terapéutica.

—Segundo Año: Cirugía, Terapéutica, Primeros Auxilios, Enfermería Médica y Quirúrgica, Obstetricia y Puericultura.

—Tercer Año: Obstetricia y Ginecología, Dietética, Infecciosas, Puericultura, Neurología y Psiquiatría, Medicina Social.

Para finalizar su formación, las alumnas debían cumplir con la residencia o prácticas hospitalarias. Además, se planificó la posibilidad de desarrollar perfeccionamientos a través del dictado de especialidades como Auxiliar de Hemoterapia, Identificación del Recién Nacido, Auxiliar de Anestesista, Secretariado de Sala, Neurología y Psiquiatría, Instrumentadora en Cirugía, Ayudante de Laboratorio Clínico, Auxiliar de Radiología y Fisioterapia, Puericultura, Transfusoras, Higienista y Asistente Dental. Por otra parte, las alumnas de la Escuela de Enfermeras contaron con clases de conducción de vehículos; poseían a su cargo unidades del cuerpo de emergencias como motocicletas, ambulancias hospitalarias, ambulancias equipadas para operaciones de urgencias, unidades con equipo de oxigenoterapia y anestesias; además de los camiones para el traslado de personal médico y enfermeras.

La Escuela de Enfermeras se integró en la Fundación Eva Perón recién el 13 de septiembre de 1950, cambiando su nombre por el de 7 de mayo. Una vez incorporada la Escuela de Enfermeras a la Fundación Eva Perón, se proveyó un espacio propio para su funcionamiento: el antiguo Hogar de Alienadas que dependía de la Sociedad de Beneficencia se convirtió en la sede central en la calle Callao 1218 de Capital Federal. En dicho establecimiento, en un principio, se dictaban las clases teóricas dado que contaba con un aula magna, con laboratorios y varias aulas, permitiendo el óptimo funcionamiento de tres turnos: mañana, tarde y vespertino. Posteriormente, las clases no solamente se dictaron en la sede central de la escuela sino también en las aulas magnas de los policlínicos construidos por la Fundación Eva Perón, significando una ampliación del dictado de las clases y dando sentido al aumento de alumnas matriculadas activas, cuestión que abordaremos más adelante.

El 3 de junio de 1952, la Escuela 7 de mayo fue oficialmente reconocida por el Ministerio de Salud Pública a través de la Resolución Nº 46.733. Durante el mismo año, se produjo el cambio de su Regente, Teresa Fiora, fue desplazada incorporándose a dicho cargo María Eugenia Álvarez. Así mismo, en 1953, falleció el director Heriberto Mascheroni y ocupó su lugar el Doctor Eduardo Rodríguez Bazo. La Escuela de Enfermeras 7 de mayo mantuvo su funcionamiento hasta diciembre de 1955, momento en el que pasaron a disponibilidad la Regente y todas las Enfermeras Instructoras, responsables de los internados, según el Boletín Informativo del Instituto Nacional de Acción Social.

Durante el periodo 1950 a 1955 la Escuela 7 de mayo contó con un total de 5701 estudiantes; si bien tuvo una evolución ascendente de jóvenes inscriptas; dando un  gran salto en 1952 cuando se incorporó el Internado de Ezeiza. 

Esta lógica provenía de la experiencia que se generó durante 1948 cuando la Sociedad de Beneficencia poseía a su cargo diferentes establecimientos hospitalarios y se dispuso que todas las escuelas de enfermeras existentes bajo su dependencia pasaran a un sólo centro educativo y se estableció en la Casa Cuna el funcionamiento de un pequeño internado. Este antecedente sentó las bases de una estrategia a replicarse. Por otra parte, la Fundación Eva Perón proveía a todas las estudiantes de todos los útiles, libros, apuntes, vestimenta, calzados u otros elementos necesarios para desarrollar su formación. Solamente se les solicitaba a las aspirantes que trajeran consigo tres juegos de ropa interior, un peine y un cepillo de dientes. El uniforme que brindaba la Fundación era una pollera azul, cuatro blusas –dos blancas para verano y dos celeste de abrigo–, una campera azul y un gabán azul marino. También les brindaban zapatillas y medias blancas.

Un detalle a destacar fue la política desarrollada para reclutar a las estudiantes; dado que tuvo un gran alcance, no solamente por el número de inscriptas sino por la amplitud geográfica. Suponemos que tuvo gran impacto en la población la publicidad referente a la inscripción que se encontraba en los periódicos de mayor tirada a escala nacional como Democracia, La Nación, La Razón o La Prensa. También tuvo impacto el aporte de las múltiples revistas existentes en la época donde aparecía la Fundación Eva Perón y en especial la Escuela de Enfermeras, como es el caso de Mundo Peronista. Es sumamente relevante destacar para aquellos años la importancia de la promoción sanitaria desarrollada en el conjunto de la sociedad, manifiesta a través del impacto en las actividades de vacunación y prevención de enfermedades emprendidas por el Tren Sanitario, fundamentalmente en el noroeste de nuestro país. El resultado de estas acciones se reflejó en el índice de inscriptas provenientes de las provincias argentinas que se sostuvieron en el tiempo, incorporando a las estudiantes matriculadas activas de una forma sólida. Este proceso es acorde con las transformaciones en la organización de la propia escuela, la incorporación de los internados en Ezeiza en 1952 y en los policlínicos presidente Perón, ubicado en Avellaneda, y el Evita, sito en Lanús, permitiendo ampliar la capacidad de alojamiento para estudiantes matriculadas activas provenientes del interior del país.

Otro punto para destacar fue la experiencia de la Ayuda Social al exterior desarrollada por la Fundación Eva Perón donde también tuvo lugar la presencia de Escuela de Enfermeras en situaciones de catástrofes de determinados países latinoamericanos; como, por ejemplo: Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela y Panamá.

Damián A. Cipolla es Dr. en Historia, Docente de la Universidad Nacional de Luján y el Instituto Superior del Profesorado J. V. González, Investigador del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.