Presentan "Art Brut", nueva trilogía de María Belén Aguirre

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    María Belén Aguirre
    Foto: Sandra Aguirre
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Presentan "Art Brut", nueva trilogía de María Belén Aguirre

22 Septiembre 2026

Este martes 22 de septiembre a las 18:30 h, se presentará en el auditorio David Viñas del Museo del Libro y la Lengua, (Avenida General Las Heras 2555, CABA) Art Brut, una trilogía poética integrada por Diario Negro, Diario de la Letrina y Diario de la Carne, de María Belén Aguirre, producidos todos por Ediciones Arroyo.

Este trabajo realizado por dicha editorial santafesina ubicada en Arroyo Leyes, a cargo de Alejandra “Pipi” Bosch, cuenta con ilustraciones de Guillermo Bosch y anuncia para la gala el acompañamiento de Roberto Papateodosio, Adrián Murga en música, videodanza de Sandra Aguirre y un registro fotográfico de Martin Fox Douglas.

Hay una tendencia a que el libro, en tanto fenómeno cultural, se acabe en el momento mismo de su presentación; sobre todo si se trata de libros de poesía o de libros underground”, adelanta Aguirre, a la hora de hablar sobre esta trilogía que elige lo escatológico para expresarse.

Siento que la poesía argentina se ha estancado. Existe una suerte de imperativo tácito que promueve solo la escritura políticamente correcta y eternamente condenada a lo sublime; aún a sabiendas de que es posible acceder a lo sublime por vías prosaicas ¿Pero qué pasa? Lo sublime, en tanto sublime, acota. Hasta llegar al extremo de crear una especie de nomenclatura que, combinada, produce un efecto de poesía y una alucinación de literatura. El resultado nos conduce no solo al aplanamiento de lo humano sino, y más terrorífico aún, a nuestra propia y consentida subyugación articulada mediante su cómplice más sagaz: el lenguaje. La poesía no queda exenta de ese marco de maquinaria de poder. La poesía se torna cómplice cada vez que al escribirse renuncia a sí misma, a su capacidad emancipatoria. Así, impúdicamente antropófaga se alimenta de sí misma, y se repite y se repite con pequeñas variaciones. Lo que intenté con Trilogía Art Brut fue emancipar al lector. Si al lector le doy más de lo mismo, más de aquello a lo que por inercia está acostumbrado, no lo emancipo. En cambio, si me atrevo a indagar, a ir más allá, aun a riesgo de mí misma, algo en el orden de lo humano se expande. Tal vez porque en el fondo somos una vergüenza, un don o dolor prorrogado”, explica Aguirre la elección en estos tres libros que se concatenan.

La puerta de entrada fue Diario Negro, que tuvo su primera impresión en el 2023, editado también por Arroyo. Para empezar, en este diario Aguirre rompe el tiempo, lo atomiza hasta volverlo la nada misma. Las palabras iniciáticas de Williams Carlos Williams son más que una guía: “¿Por qué no imaginé belleza allí donde no existe o no está disponible?”.

Art Brut es esa necesidad de llenar el vacío, pero desde una pureza desvirgada. En Aguirre el horror es una hondura incapaz de ser rellenada con nada. Es, ante la falta de todo, la impotencia de un absurdo. Amueblar la ausencia”, explica la escritora tucumana.

Esa necesidad queda expresa en versos que cobran otra claridad: “En la enfermedad, hay salud”. “Hoy, a las 15:35, en el ínterin que va de la biblioteca a la cocina, no estuve ahí”. “Digo no. Digo no. Bajo la ducha, cuando esas manos extrañas me bañan, digo no. Grito no./ Madre pregunta desde la puerta si estoy bien./ Sin convicción, sin conato, sin pathos/ respondo sí”.

El tiempo es una bomba y va a explotar”, dice Aguirre. Esta cuenta regresiva no es al azar (nada en estos tres libros lo es). El lector comprenderá la fecha a la que es llevado y cómo en lo escatológico termina encontrando, tal vez, lo que no quería encontrar.

El estilo no convencional se va a profundizar en Diario de la Carne y Diario de la Letrina.

El primero no está dedicado a una persona sino a una institución, al Hospital Público Ángel C. Padilla, a donde derivan los enfermos todos los municipios del “interior” de la provincia carentes de recursos. “Tucumán es una provincia muy elitista; las clínicas y los sanatorios son para los ricos y los hospitales públicos son el matadero para los pobres. Pero allá como aquí nadie se salva, sino a través de la eterna falacia de huir. Por eso creo que todos somos incluso en la quietud exiliados”.

Diario de la Carne denuncia los métodos de tortura hacia los enfermos internados, la mala praxis, la desaparición de las historias clínicas, la violencia real y simbólica que se ejerce no solo sobre los pacientes, sino también sobre los familiares que cuidan a sus parientes enfermos”, anuncia Aguirre. “Necesité hablar de la discapacidad, tan descuidada. Necesito dotar de humanidad a lo humano, por eso transversalmente se cuelan temas como el incesto, la zoofilia…”, sostiene Aguirre. “Con nuestros enfermos, ¿qué hacemos? Los desexualizamos. Les quitamos toda categoría humana, los cosificamos. La cosificación es primero institucional y luego social”.

“Necesitaba dar cuenta de lo marginal”.

Aguirre utiliza la metáfora para mostrar esa invisibilidad, eso que no existe de la que habla Williams. No hay historia clínica, no hay archivos, no hay documentos: no hay prueba.

Hay una referencia al acantilado, al coso y al vacío, donde la metáfora es bastante clarificadora. “El acantilado era eso a lo que se temía. Pero que al mismo tiempo ejercía una irresistible atracción”. “Aquí decimos ‘coso’ cuando ignoramos el nombre exacto de las cosas. Todo lo que ignoramos es coso. También el acantilado. También los otros y nosotros. También el pasado y el futuro. También el presente. Y cuando el velo del coso caiga, también el terror será el coso”.

Diario de la Carne la prosa poética se concatena en pequeñas progresiones narrativas”, afirma Aguirre, y al leerlo se entiende el por qué de la cosificación de aquello que habita en el título.

Diario de la Letrina es, en su estética, de los tres, el más parecido a un libro de poemas y el que me choca como un tren de frente, porque he conocido casas, hasta instituciones con ellas.

Y porque pone como referencia en una parte del mismo a “Baño Suabo”, cuento de Herta Müller que había leído En Tierras Bajas, cuando había ganado el Premio Nobel. El cuento describe con extremo minimalismo y crudeza un sábado por la tarde en el que una familia entera (padre, madre, abuelos y el hijo pequeño) se baña por turnos utilizando exactamente la misma bañera y la misma agua. Y quien relata, la última en utilizarla, la describe como siempre tibia y limpia, aunque la descripción que realiza marca todo lo contrario. Una especie de “todavía sirve”.

El cuento, de por sí, ya me había golpeado, lo creía como ubicado en la Segunda Guerra. María Belén Aguirre me hizo dar cuenta de otra perspectiva posible, de otra clave de interpretación válida tanto para ese cuento como para la misma letrina.

Creo que Herta usa la bañera como una metáfora y a la familia como una metonimia, un pretexto que le permite hablar de política, jerarquías, utopías y distopías ideológicas. De este modo, literaturas mayores y menores tensan a su vez una nueva batalla en un campo semántico minado”.

Con esta explicación (y con mucho más que me guardo para intentar otra nota, porque esa devoción se lo merece) entendí el uso de como figura. En la línea de “La fuente”, de Duchamp, que tiene un significado a medida que nos alejamos del centro de CABA, pierde su snobismo, “en donde la materia fecal nunca va a ser sublime, pero por lo menos va a subir un escaloncito más dentro de la escatología”.

Hay mucho de sociopolítico y económico en estos diarios. Mucho, mucho. Por eso, quizás, me duelen a mí”, me dice María Belén.

Es una obra completa, cerrada. Son tres diarios que dialogan, están totalmente imbricados uno con otro. Vistos a la distancia, su infancia, su adolescencia también, entre otras cosas, en Tucumán, los vínculos familiares, la cuestión de la salud mental, la cuestión de la escritura. Tiene un posfacio de Roberto Papateodosio que es una belleza, también, y son diarios que están en la oscuridad de las personas, de los cuerpos mancillados y está en las enfermedades”, resume muy bien su editora, Alejandra Bosch.

Necesitaba dar cuenta de lo marginal, de lo temido y de lo deleznado; de todo eso pero desde un enfoque pueril”. “Todos somos sometidos a un proceso gradual de infantilización. La infantilización y la inmadurez. Esa a la que refiere Gombrowicz en Ferdydurke. Somos tratados como enfermos mentales. Todos somos una potencia y una impotencia neutralizándose recíprocamente. Por eso los llamé Art Brut”, define Aguirre.

Y este salto hecho lejos de su lugar de confort no me pasa desapercibido, me sacude como escritor y me hace querer estar presente. Espero que ustedes también.