Hacia una práctica holística situada: Crítica al mercado del bienestar emocional
Las mujeres en la actualidad estamos vivenciando una catarata de propuestas holísticas que nos hablan de cómo transitar las distintas etapas de la vida, cómo “sanar” heridas, cómo alimentarnos, qué tipo de ejercicios físicos realizar, cómo duelar, cómo vivir, cómo relacionarnos con otras y otros, cómo ser abundantes, cómo ser felices.
Si bien, en la mayoría de los casos, las intenciones son loables, la oferta indiscriminada, la informalidad de las propuestas y las pretensiones desmedidas, lejos de generar bienestar muchas veces generan culpabilización de las usuarias por no poder cumplir con lo que se está postulando o declamando. En otras palabras, el mercado del bienestar emocional suele vender que "si no sanas es porque no quieres", ignorando las barreras sistémicas.
Me inquieta el espejismo que hoy se proyecta. Me alarma el brillo de las luces y el eco de palabras bien estructuradas que sólo pretenden conmover un instante.
Me preocupa el olvido del contexto. Se nos quiere hacer creer que si una mujer sana su trauma, su herida o el evento traumático que le tocó vivir en su vida, el mundo se arregla. Pero no podemos ignorar que los vientos políticos, sociales y económicos golpean nuestras puertas.
En un tiempo donde los derechos conquistados se ponen en duda y la vulnerabilidad se vuelve una herida abierta, cualquier espacio holístico, cualquier posteo, corre el riesgo de volverse un privilegio para pocas. De esta manera, la exclusión profundiza el silencio de quienes no tienen tiempo ni recursos para buscar consuelo y, por otra parte, quienes acceden corren el riesgo de caer en un positividad tóxica, la que puede entenderse como el estado de vivir en una fantasía de un mundo perfecto donde nada produce daño, nada sale mal o puede salir mal, todo funciona de forma ideal. Esto conduce a un estado de negación a la adversidad, el cual genera una emocionalidad trastocada al contrastar el ideal deseado con la realidad cruda que se habita cada día.
En este sentido, Paulo Freire nos instaba a hacer una lectura del texto y del contexto. En el caso de las propuestas de las terapias holísticas quiero profundizar en estos conceptos. Para Freire, el texto no se limita a la palabra escrita, sino que abarca cualquier objeto, imagen o situación que comunica, mientras que el contexto es la realidad social, cultural e histórica que rodea al sujeto. Freire afirmaba que "la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra", significando que la comprensión crítica del entorno (contexto) es indispensable para entender los signos y mensajes (texto).
Así pues, considero que cualquier propuesta holística tiene que estar enmarcada en el contexto en la que se desarrolla, o sea, más allá de la situación particular que está atravesando la persona o el grupo de personas es importante analizar el contexto. Lo que esas personas atraviesan como sociedad, las discusiones que se instalan, las decisiones que toman quienes las gobiernan y cómo las mismas las afectan en su vida cotidiana.
No concurrimos a espacios holísticos para ser entretenidas ni motivadas por frases de diseño. Participamos para vivir y compartir la experiencia cruda, para encender un pensamiento socrático que nos permita mirarnos al espejo de nuestra propia historia en el contexto familiar y social que nos ha tocado vivir, para transformar lo posible, abrazar lo inalterable y sabernos, al fin, en una vida llena de imponderables, de decisiones superestructurales que nos afectan y condicionan.
Entonces, más allá del avasallamiento, de los términos de moda, de la multiplicidad de propuestas, busquemos caminos que nos permitan un proceso, construyamos una red social que respete el tiempo de cada una y las situaciones que estamos atravesando, que requiera un esquema de indagación que nos permita sostener, con la ternura de quien acuna un misterio, el proceso de resignificar nuestra vida para poder integrarla a una sociedad que nos cobije a todas y todos.
No hay magia sin trabajo personal profundo. No hay integración (personal) si no analizamos el contexto en el que vivimos. Los dolores del alma, necesarios para el parto de una nueva conciencia, siempre están vinculados a las experiencias colectivas.
En síntesis, la proliferación de propuestas terapéuticas sin marco social corre el riesgo de deshumanizar el dolor. Recuperar la mirada de Paulo Freire en los espacios holísticos nos permite entender que el bienestar emocional no es un producto de consumo, sino que es parte del tejido social.
Las invito a que podamos reconocernos en el hilo de una historia compartida, para validar nuestros sentires y, en un abrazo colectivo, crecer juntas.