Apuntes sobre la guerra contra Irán

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Apuntes sobre la guerra contra Irán

04 Marzo 2026

•    A mediados de 2025 tuvo lugar lo que se conoció como “Guerra de los 12 días”. Comenzó con el ataque de Israel a Irán, con motivo (o excusa) del enriquecimiento de uranio en este último país. Hay que destacar que las operaciones israelíes contaron con la necesaria participación estadounidense, en la medida en que Israel es mucho menos autónomo en términos bélicos de lo que a veces dice ser. 

Al concluir la guerra, Trump dijo haber “obliterado” el sistema nuclear iraní. No obstante, en aquel entonces, más de un analista señaló que el final de los 12 días de guerra llegó por iniciativa de Israel, que se encontró con una respuesta iraní por encima de su capacidad de defensa. Irán aceptó la tregua y cesó los ataques una vez que Israel los hubo cesado. Sin embargo, advirtió que un nuevo ataque encontraría una respuesta iraní que podemos llamar guerra prolongada de desgaste. 

Diversos analistas plantearon que la continuación de la guerra era inevitable y que, más temprano que tarde, EE.UU. iba a atacar a Irán. Esto se constató el sábado 28 de febrero de 2026, con el ataque conjunto de EEUU e Israel a Irán, en medio de negociaciones que, a ojos vista, EEUU llevaba adelante como cortina de humo. 

•    En una primera instancia, el presidente estadounidense presentó la operación militar como acotada a unas pocas semanas y sin intervención con tropas en el terreno. Surge de inmediato la pregunta de si esta aserción se desprende de una evaluación objetiva o, más bien, es un argumento de venta.

Cabe destacar que EEUU busca destruir el régimen político iraní desde la revolución islámica, comenzando por la guerra proxy con Irak en los años 80. En este sentido, un conflicto abierto siempre estuvo sobre la mesa como posibilidad, o tal vez necesidad, que eventualmente habría que vender al pueblo y el sistema político estadounidense. También hay que considerar, en un ámbito más micro, que Trump es ante todo un gran vendedor. Estos dos elementos nos hacen decantar por la segunda hipótesis: el carácter acotado del conflicto como un argumento de venta. De todos modos, ambas hipótesis no son excluyentes.

•    Más allá de la evaluación, ficticia o real, de EEUU sobre la duración del conflicto, de hecho hay que preguntarse por la capacidad de Irán de sostenerlo. Aquí podemos preguntarnos por factores subjetivos. ¿Tiene el sistema iraní suficiente apoyo por parte de la población? ¿Los ataques al país tendrán un efecto de galvanización de la población, de rally around the flag, como se dice en inglés?). 

También, obviamente hay que preguntarse por factores objetivos. Entre estos, por ejemplo, la extensión de la capacidad misilística y de defensa aérea de Irán. No obstante, quiero detenerme aquí en otro factor que muchas veces es pasado por alto, que es la organización de la defensa iraní. Irán ha construido un modelo descentralizado, donde diversos comandos regionales pueden actuar de manera autónoma, incluso en el caso de haber perdido la comunicación con las instancias superiores y hasta con todas las instancias del mismo nivel. De algún modo, responde a la misma idea y objetivo con que se creó Internet, en que el flujo de información, en este caso, no se detendría si otros nodos son destruidos en caso de un conflicto mayor.
Esta particularidad organizativa también puede incidir en la duración del conflicto, en la medida en que, es de esperar, aumentaría la resiliencia del dispositivo iraní. Cabe destacar, también, que este sistema descentralizado se replica en el esquema organizativo de la seguridad interior de Irán.

•    ¿En qué puede afectarme a mí la guerra en Irán, a medio mundo de distancia?, se preguntará alguno. En términos inmediatos, se constata un aumento en el precio del petróleo. En efecto, por el Golfo Pérsico circula entre un quinto y un cuarto de la producción mundial de hidrocarburos. Y, a los efectos prácticos, el golfo, al momento en que se escribe esta nota, se encuentra cerrado a la circulación. En parte, porque Irán advirtió que no dejaría pasar a ningún barco que no fuese chino (China es un importantísimo comprador de petróleo iraní). En parte, a raíz de lo anterior y del conflicto general desatado en la región, a ambos lados del golfo, el seguro de flete para los barcos que navegan la zona se multiplicó entre dos y tres veces. Esto hace impracticable en términos meramente económicos el emprendimiento de navegar el golfo.

•    En términos mediatos, podemos pensar en las consecuencias geopolíticas del conflicto. ¿Se reorganizará el tablero internacional a la salida de la guerra? ¿De qué manera? Esto, obviamente, dependerá del resultado del enfrentamiento. Si EEUU gana el conflicto, es esperable que otras fichas caigan a continuación en el espacio euroasiático. Eso profundizaría el cercamiento a China, que, como establecen los últimos documentos estadounidenses relativos a la doctrina militar, es visto como el mayor contendiente y el objetivo central de la política exterior norteamericana. 

Si Irán gana el conflicto, ¿qué pasaría? Una hipótesis es que los conflictos en la región caigan en una pausa más o menos prolongada, mientras los actores (EEUU, Israel, Irán, China, Rusia, etc.) reacomodan sus políticas y recursos a la nueva realidad. Hay que preguntarse, también, cómo repercutiría una derrota militar en el ámbito interno estadounidense. ¿Qué consecuencias tendría para Trump y el partido republicano? En este sentido, también hay que preguntarse si una derrota puede venderse como victoria, como en buena medida ocurrió, por ejemplo, con el intento de disuadir al gobierno yemení de cesar en su política de bloqueo del Mar Rojo. En aquel momento se habló de victoria, de enorme destrucción en Yemen, pero en la práctica la marina estadounidense se retiró de la zona sin cumplir sus objetivos. 

•    Ahora bien, qué significa victoria y derrota para cada uno de los actores. Para Estados Unidos, es de esperar que sea la destrucción de la República Islámica como objetivo de mínima. Cualquier otro resultado sería objetivamente una derrota, cuando menos táctica. Y esto activaría las preguntas que nos hacíamos más arriba sobre las consecuencias de una derrota estadounidense. 

Para ganar, por su parte, Irán tiene que sobrevivir como sistema político y unidad territorial. Pese a las apariencias, esto indica cierta asimetría en las condiciones de victoria para los diversos actores, en la medida en que Irán no depende del éxito de una operación militar estrictamente ofensiva y, más bien, juega en su propio territorio y sus alrededores. La capacidad de ganar estará determinada por la capacidad de sostener una guerra de desgaste por el tiempo que sea necesario para impedir la victoria de la parte contraria. 

•    A todo esto, hay que preguntarse si puede haber o de hecho hay diferencias en cuanto a los objetivos estratégicos entre los diversos actores de la coalición occidental. Hay algunos elementos que podrían indicar que sí. Tomemos dos hechos que no tuvieron suficiente cobertura en los medios occidentales. Uno, el más difundido de ambos, es el bombardeo israelí a una escuela de niñas, con un saldo de más de cien muertos. Otro tiene que ver con lo indicado por varios analistas respecto del bombardeo israelí a personalidades iraníes que estarían siendo consideradas por EEUU como posibles sucesores, ante la posibilidad de un cambio de régimen en Irán. 

Una hipótesis posible es que, de hecho, esto genera una diferencia de estrategias entre Israel y EEUU. Bajo esta hipótesis, este último buscaría, como objetivo estratégico, un cambio de régimen en un espacio iraní como existe hoy, unificado. Esto tendría alguna semejanza con el modelo de la operación en Venezuela, donde no se apuesta por una destrucción o desmembriamiento del Estado, ni por actores sin peso fuerte en el país, como sería María Corina Machado. En Irán, se buscaría conservar un espacio unificado gobernado por elementos internos, y no por figuras decorativas externas, como podría ser Pahlavi, descendiente del Sha. Y, de hecho, Trump ha aparecido últimamente ninguneando a Pahlavi. 

Israel, por su parte, siempre en la hipótesis de una diferencia de objetivos estratégicos, apuntaría más bien al modelo sirio: caos y desmembramiento de facto del Estado. A ello responderían los ataques a objetivos civiles y no estratégicos como una escuela, y la eliminación de posibles sucesores internos.

Sin duda, frente a esta hipótesis se alzan otras concurrentes. Una de ellas plantea que el objetivo de EEUU es mucho más similar al de Israel: el desmembramiento de hecho del Estado iraní. A esto responderían el apoyo que de hecho existe a facciones internas y externas como kurdos, balochis, azeríes y grupos sunníes hasta hace poco considerados terroristas por el propio EEUU. Una tercera hipótesis, de carácter ontológico, si se quiere, plantea que Israel no puede tener una política estratégica escindida de la de EEUU, en la medida en que es un proxy o intermediario de Estados Unidos y depende de este en términos materiales para garantizar su lugar en Oriente Medio (o, mejor dicho, el Sudoeste Asiático). Para saber cuál de las hipótesis es la más próxima a la realidad habrá que seguir el conflicto en su evolución.

•    Como señalábamos más arriba, en líneas generales, al menos en los primeros días del conflicto, el estrecho de Ormuz, puerta del Golfo Pérsico, se encuentra cerrado de hecho. Interesa notar que, al cuarto día del conflicto, Trump habla de que Estados Unidos va a proporcionar un seguro de flete barato y escolta militar para los barcos que naveguen el golfo pérsico. Esto nos sugiere tres lecturas posibles: 

1) una preocupación real con el aumento del precio del petróleo, que en los primeros días aumentó alrededor de un 10%. 2) la búsqueda de explotar una ventaja militar conseguida en los primeros días del conflicto (EEUU dice haber hundido muchos recursos de la marina iraní). 3) una tercera lectura es que siempre estuvo pensado intervenir así, es decir, comprometer la marina en territorio directamente Iraní (penetrando el estrecho de Ormuz y el Golfo Pérsico). Esto buscaría un choque y sería una etapa intermedia para lanzar otras acciones de  mayor involucramiento de tropas en el terreno.

•    Al quinto día del conflicto, Trump nos dice, esta vez, que no descarta la intervención directa con tropas en el terreno. Esta vez, la intervención discursiva del presidente de EE. UU. nos sugiere al menos dos lecturas: 1) de nuevo, preocupación circunstancial con el aumento del precio del petróleo, lo cual requeriría un involucramiento militar mayor por parte de EEUU. 2) según una segunda lectura, siempre estuvo en carpeta este tipo de intervención con tropas en el terreno. Sólo que antes había que vender el conflicto como algo rápido, para convencer al público, y ahora, una vez desatado el conflicto, se ponen sobre la mesa las alternativas reales, siempre consideradas como posibilidad más que probable. De hecho, para abonar esta segunda hipótesis basta con remitirnos al documento del Brookings Institution, think tank estadounidense, sobre estrategia para Irán. Este documento data de 2009, y allí ya pueden reconocerse las diversas etapas que hemos visto hasta ahora en el conflicto. 
Una de estas etapas es la de la diplomacia, sin intenciones reales de llegar a un acuerdo sino como estadío para culpar a Irán del fracaso de las negociaciones y justificar una intervención militar contra el país. Esto lo hemos visto tanto antes de la guerra de los 12 días en 2025, así como en el conflicto desatado en febrero-marzo de 2026. 

Un capítulo subsiguiente del paper se intitula “dejémoselo a Bibi” (por Netanyahu). Esta etapa la vimos realizada en la guerra de los 12 días, en que, en teoría, EEUU solo estaba involucrado en calidad de asistente de Israel, y de hecho comprometió menos recursos en la región que esta vez. Israel, a su vez, aparecía como el mascarón de proa del conflicto. 

Un capítulo posterior del documento de Brookings postula la posibilidad de un ataque aéreo directo por parte de EEUU, y ya no de un proxy. Esta es la etapa que estamos viviendo ahora, con esta nueva versión de la guerra. Por último, otro capítulo del documento postula la invasión directa como manera de zanjar el conflicto. Repitamos: esta hoja de ruta del conflicto, que vemos realizarse hoy ante nuestros ojos, data del año 2009. Esto confirmaría la hipótesis de que no hubo un error de cálculo cuando se dijo que el conflicto sería breve, y que Irán no contaba con poder de fuego suficiente, y que no se iba a intervenir con tropas estadounidenses en el terreno. Más bien se trataba de argumentos de venta del conflicto, para un público interno y externo. Y la verdad es que la hoja de ruta del conflicto está trazada hace rato, al tiempo que existe una continuidad de agenda entre las diversas administraciones desde 2009 a esta parte.

•    Estos son algunos de los comentarios y cuestionamientos que nos sugiere la presente guerra en el Sudoeste Asiático. Sin duda, habrá que seguir los avatares del conflicto para responder a algunos de los interrogantes que aquí se plantean, y para formular nuevas preguntas.