Diego Sztulwark: "El trumpismo es una versión de un imperio decadente, pero ¿de qué nos sirve decir eso si mientras nos destruyen?"

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NUEVO MUNDO

Diego Sztulwark: "El trumpismo es una versión de un imperio decadente, pero ¿de qué nos sirve decir eso si mientras nos destruyen?"

05 Enero 2026

En diálogo con AGENCIA PACO URONDO, el filósofo y ensayista argentino Diego Sztulwark reflexionó sobre el ataque de Estados Unidos a Venezuela. "El problema no se plantea necesariamente en términos de democracia vs dictadura, sino de democracia con o sin contrapoderes institucionales, pero sobre todo sociales”, dijo. 

APU: Con las recientes amenazas de Trump sobre Colombia y México, y el ataque a Venezuela consumado, ¿considerás que podemos estar a las puertas de un nuevo proceso político de avanzada estadounidense sobre latinoamérica? ¿Será una suerte de reedición del programa de golpes de estado de los 70 y 80?

Diego Sztulwark: Ante todo me parece importante insistir en que la invasión norteamericana a Venezuela es la crónica de una humillación anunciada. Es decir: no hubo sorpresa alguna para los organismos internacionales, ni para potencias mundiales y subpotencias regionales. Los antecedentes inmediatos de este tipo de acción son muy recientes para olvidarlos. Putin en Ucrania. EE.UU e Israel sobre Irán. El genocidio en vivo que Israel perpetra en Palestina. La situación actual no es, pues la de una amenaza futura, sino la de la de instalación de un orden presente.

La operación militar ordenada por Trump –llamada “operación determinación”– tiene entonces mensajes orientados en varias direcciones. En primer lugar, nos muestra que la comunicación basada en la ambivalencia estratégica se resuelve en la acción decidida. Luego hay mensajes dirigidos a interlocutores específicos: cuando se habla de “narco-dictadura”, se apunta a la política interna norteamericana. Hacia América Latina, el mensaje es: vamos por el petróleo, los recursos estratégicos y el control de zonas geo-estratégicas, consideradas ahora como asuntos de seguridad nacional. A nivel mundial, son muchos los que observan la existencia de algo parecido a un acuerdo de distribución de zonas de influencia entre nuevos imperios económicos-militares. Resta saber si se trata de acuerdos estables o inestables.

En lo inmediato, EEUU crea una situación absolutamente extorsiva para los países de nuestra región: o bancos de inversiones (política de endeudamiento), o barcos de guerra. Colombia, México y Cuba aparecen explícitamente nombrados por Trump y Rubio como blancos próximos. Argentina y Chile, por el contrario, se alinean de modo obsceno con el imperio del cuarto Reich, lo que constituye un serio desafío para Lula.

Respecto de tu pregunta por la democracia, no sé qué nos espera por delante. La invasión de Trump no se realiza en nombre de la democracia sino del petróleo. El propio gobierno de EEUU descalifica a Corina Machado y la oposición venezolana y se propone en lo inmediato tratar con el gobierno bolivariano. Lo que venimos llamando "ultraderecha" o "postfascismo" no apunta, por el momento, a clausurar la democracia en términos de golpes militares sino a llegar y gobernar por medios procedimentales que suponen el voto, y el vaciamiento (no el cierre) del parlamento. Pero la dinámica de los hechos no permite tener certezas al respecto ¿Eso cambiará en el tiempo? Está por verse. El nombramiento de Presti –un General hijo de un genocida, que además asume el ministerio de defensa siendo un oficial en actividad- y sus declaraciones en favor de la invasión constituyen, junto al DNU que reforma aparato de inteligencia nacional anunciada la semana pasada, los primeros signos de un camino de militarización (y no de destrucción) del Estado. A mi modo de ver, sin embargo, el problema no se plantea necesariamente en términos de democracia vs dictadura, como en los ochentas, sino en los de una democracia con o sin contrapoderes institucionales pero sobre todo sociales. El plan del trumpismo (del cual el mileísmo es un capítulo peculiar) consiste en desactivar y desarmar los restos de cualquier contrapoder colectivo.

APU: Si bien el mundo siempre tuvo su costado hostil, da la impresión de que el diferencial de esta época es que ciertos sectores de la sociedad y del poder no solo ejercen la crueldad y el hostigamiento sino que además se jactan, orgullosos, de esa práctica. La crueldad parece ser un activo extra. Las conferencias de prensa de Trump de estos días, por ejemplo, para citar un caso rimbombante, la punta del iceberg quizás. ¿Coincidís? En caso de que sí, ¿de qué creés que está compuesto ese fenómeno? ¿Cómo llegamos a eso?

DS: Se ha hablado mucho de la "crueldad". A mi modo de ver se trata de una de esas palabras que no explican, sino que deben ellas mismas ser explicadas. Franco Berardi, Bifo, habla de una inversión del juicio ético. El hecho de que millones de personas se identifiquen con el verdugo y no con la víctima. El cruel aparece como el vengador. Busca reponer un poder, una supremacía que siente desafiada. Este retorno de los supremacismos está en la base de una tentativa seria de recomponer en términos reaccionarios pueblos enteros. Los componentes monstruosos o psicóticos del presente son inseparables de fenómenos como la pandemia, la destrucción de formas históricas del empleo, la instalación de nuevas técnicas de comunicación y los fracasos de los gobiernos progresistas y la enorme polarización económica y social. Lo que se busca es crear pueblos nuevos, cortados de la historia de lucha del pasado.

En los últimos años han surgido además nuevas formas de poder fundados por híper-ricos (que indagan opciones tecnológicas de enorme incidencia en lo militar) y estados imperiales híper-armados que dominan el corto plazo. Todo este escenario es contra-revolucionario. Es importante recordar que las igualdades burguesas, populares y proletarias del pasado fueron producto de revoluciones. El enorme retroceso de esas igualdades no tiene límite, la catástrofe de las culturas igualitarias corresponden a un proceso contra-revolucionario de gran escala.


APU: ¿Qué opinas de las distintas reacciones que tuvo la invasión estadounidense en el arco político argentino? ¿Esperabas otra cosa?

-No esperaba otra cosa. La política argentina luego de 2023 es mileísta: rechazo a la casta. A eso se suma las elecciones de octubre de 2025 en las que la extorsión de Trump resultó clave para evitar una derrota del gobierno. En Argentina la política opositora se volvió municipalista. Cruzada por internas sumamente mediocres. Salvando excepciones dignas, en Argentina no se habla de lo que implica Israel como modelo de poder para gestionar poblaciones consideradas indeseables y bandera de las corrientes fascistas (por supuesto antisemitas) en todo el mundo. No se habla del genocidio en curso en Palestina, y no se hablaba de que la marina norteamericana estaba a 600 km de Caracas desde Agosto! Como si no hubiera relación entre estas calamidades y la destrucción de derechos colectivos en nuestro país! Es imposible crear una política de otro tipo sin enfrentar estas cuestiones urgentes de nuestro tiempo.

En nuestro país, solo la extrema derecha o postfascismo habla del mundo y de economía. Solo ellos saben hacer propaganda de masas de modo efectivo. Están entregados a una remodelación de lo popular. Cae sobre "nosotrs" (un conjunto enorme y heterogéneo que no soportamos más este estado de cosas), hablar claro sobre todas estas cuestiones y tratar de religar los problemas internacionales con los problemas sociales (la destrucción del Estado social, de conquistas obreras, la reunión de la fuerza del trabajo precarizado, el pisoteo de la dignidad de las personas, etc.) inmediatos del modo más claro posible.

APU: Si es posible pensar retrospectivamente, previo a este ataque estadounidense, incluso previo a la disposición de barcos cercanos a las costas venezolanas, ¿cuál era tu opinión acerca del gobierno de Maduro?

DS: No conozco Venezuela, no soy experto en nada, menos que menos en política internacional. Pero no hace falta pretender tener saberes especiales para afirmar que: en esta invasión no está en juego el gobierno de Maduro (si fuera una intervención humanitaria o contra el narco EEUU podría haber invadido antes Israel o Ecuador!); es claro que el chavismo representó un movimiento nacional popular democrático que desafió los consensos imperialistas para la región y el mundo; lo es también que los últimos años el gobierno de Maduro cambió de alianzas, hizo acuerdos con élites y parcialmente con los mismos norteamericanos y se cerró sobre una parte de su propia base histórica. Es imposible desconocer Venezuela es un país agredido en virtud de sus riquezas petrolíferas antes que por su modelo constitucional. También es cierto que millones de venezolanos se escaparon de la situación que se vive allí, que se endureció el aparato represivo y que el gobierno venezolano quedó en falta al no mostrar las actas de las últimas elecciones tal como lo pidió entre otros gobiernos el de Petro y el de Lula. Pero ante todo en Venezuela, como en todo Latinoamérica, hay un pueblo que quiere vivir en paz. No es posible hablar de estas cosas sin admitir la complejidad de la situación. La pregunta sobre si Venezuela es una dictadura o no supone un chantaje insoportable: ¿quién pregunta? ¿Quién define los términos? ¿Quién define lo que es una democracia y una dictadura? ¿Los mismos que dicen que Israel es una democracia y Cuba una dictadura? Yo rechazo de plano esa ciencia política, ese lenguaje vacío de historicidad, ese modo de pensar dentro de la cancha en la que siempre jugamos con la reglas impuestas por el enemigo.

APU: En un pasaje de "Pensar después de Gaza", Bifo Berardi habla del "colapso de la razón misma". Esta performance estadounidense, desde el ataque hasta las recientes declaraciones de Trump y sus seguidores, ¿entra en dialogo con esa línea?

DS: Claro, precisamente hice mención a Bifo más arriba. Pero hay que ser claros: el colapso de una razón sustantivo no quiere decir que los poderes dominantes no tengan un sentido claro de sus intereses ni de sus estrategias. El trumpismo es una versión decadente del imperio decadente. Pero ¿de qué nos sirve decir que son decadentes si mientras decaen nos destruyen? Por supuesto, tenemos derecho a esperar que los poderes internacionales que no enfrentaron la invasión a pesar de haber sido tan anuncaida actúen y traten a Trump (como ya hicieron con Netanyahu) como a un criminal de guerra. Hay que tener en cuenta que la invasión no fue incruenta. Ya antes habían matado a unas 100 personas en lanchones. Ahora se habla de al menos 80 personas asesinadas por el ejército de EEUU. Es indispensable que el Consejo de Seguridad de la ONU, el Congreso Norteamericano, los países del mundo reaccionen. Por esa vía (hasta ahora impotente) y por la vía de la movilización popular y la agitación de ideas claras tienen que aparecer formas de frenar este estado de agresión que ya produce daños irreparables a nuestros pueblos.