El expansionismo norteamericano no es nuevo ni lo inventó Trump
El expansionismo territorial de los Estados Unidos de Norteamérica, luego de la independencia de las 13 Colonias del dominio británico, no tiene límites. Sea por ocupación militar, cesión diplomática o simple compra, los 50 Estados de la Unión patentizan en concepto original de “Destino Manifiesto”, afincado con la “Doctrina Monroe”, potenciado en la (¿pasada?) Guerra Fría con la “Doctrina de Seguridad Nacional”, y reformulada en el último documento de los EE. UU. (¡Doctrina Donroe, sí, tal cual!), que buscaría ratificar el predominio estadounidense en el hemisferio occidental.
Las bravuconadas del presidente Donals Trump amenazando al mundo con aranceles y balas – que se efectivizaron en parte en la hermana República Bolivariana de Venezuela – tiene un destinatario concreto: Groenlandia.
Arde, paradójicamente, el Polo Norte. El interés yanqui sobre Groenlandia, y, en paralelo sobre Canadá, trae problemas porque involucra a potencias europeas: Dinamarca y el Reino Unido.
Foro Económico Mundial de Davos mediante, hay un preacuerdo entre Trump y Mark Rutte, secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Hay que recordar que Dinamarca depende de Dinamarca desde 1814, incluyéndose en la Constitución del Reino de Dinamarca de 1954, con autonomía desde 1979 y con incumbencias gubernamentales propias en temas internos desde 2008, pero que en materia financiera y de defensa prima el mando del país escandinavo (casi, casi, casi como la relación entre CABA y el gobierno nacional en estas tierras). Y como Dinamarca forma parte de la OTAN es que se entiende dicha reunión. ¿Qué se arregló?: Se retira la amenaza de nuevos aranceles para Dinamarca y las naciones europeas que acompañaron el ejercicio militar reciente en dicho territorio; envío de tropa norteamericana adicional, ya que un tratado de 1951, renegociado en el 2004, las limita a la base aérea de Thule, para instalar un escudo de misiles al estilo israelí (que se vio en el intercambio de bombazos entre Israel e Irán el año pasado); controlar inversiones ( en especial las chinas y rusas); y reforzar entre Trump y la OTAN, el escudo ártico, el cual – causalmente – está a tiro de piedra de la Federación Rusa y de la República Popular China.
Canadá, en tanto, es una monarquía parlamentaria, la que integra el Commonwealth (Mancomunidad de Nacionales) bajo la regencia de Gran Bretaña, con un jefe de Estado, el inefable rey Carlos III de Inglaterra, y un jefe de gobierno, el primer ministro Mark Carney, muy progresista pero ex Gobernador del Banco de Inglaterra ( un Martín Redrado más formado y sin los problemas con Luciana Salazar), de destacado papel en Davos con un buen discurso demarcándose de Trump (casi una Tercera Posición descafeinada y deslactosada), más una Gobernadora General, Mary Simon que, aunque sea mujer, indígena local y re progre, ocupa el rol de representante de la corona británica.
El expansionismo norteamericano actual es un reflejo del ayer. Y esa voracidad de Trump, no sólo lo que se reflejó en los archivos de tráfico sexual y corrupción de menores de Jeffrey Epstein, se ve en su insaciable intento de dominio de territorios en desmedro de otras naciones. Con algunas fueron brutales, con otras fueron más diplomáticos, pero siempre firmes en sus intereses.
Reino Unido: Tras su independencia de la corona británica siguieron las disputas por temas territoriales, las cuales se zanjaron con los tratados de Cuenca del Rio Rojo (1818), donde los ingleses ceden las actuales Minnesota, Dakota del Norte y Dakota del Sur, amén de administrar en conjunto Oregón; el tratado de Oregón (1846), donde EE. UU. tiene dominio pleno de este Estado; y el tratado de Washington (1871) que termina con las disputas entre ambas naciones.
Francia: la ayuda militar de ésta a los norteamericanos en su lucha contra Inglaterra les salió muy caro. Luis XVI con sus problemas económicos que lo llevaron literalmente a perder la cabeza - Revolución Francesa mediante - y la derrota francesa en Haití convencieron al Emperador Napoleón Bonaparte en venderles su posesión de Luisiana (1803) y no querer saber nada con los EE. UU, salvo por la ayuda bélica en la I y II Guerra Mundial y por las películas de Woody Allen.
España: Les vendieron Florida (1819), para alegría de Gloria Estefan y los hinchas del Inter Miami CF. (Luisiana fue posesión española, pero se la cambiaron a Francia - Tratado de San Ildefonso (1800) mediante - por tierras de la Toscana italiana). Pero la guerra hispano – estadounidense (1898), ganada por los norteamericanos, les permite tomar Filipinas, Guam, Cuba y Puerto Rico. Filipinas, que también luchó contra EE. UU, y perdió, recién fue independiente en 1946; Guam, hasta el día de hoy, salvo el período de ocupación japonesa – al igual que Filipinas - post Pearl Harbord, sigue como territorio no incorporado de los Estados Unidos, forma elegante de decir colonia; Cuba fue ocupada militarmente hasta 1898, y en 1902 declaró su independencia, pero estaba bajo la regencia yanqui como un super casino, hasta que el 1° de enero de 1959 unos barbudos cubanos y un médico argentino echaron al dictador Fulgencio Batista, aunque se agarraron Guantánamo (1903) y no la largan; Puerto Rico, amén de Ricky Martin, Daddy Yankee y Bad Bunny, tiene el estilo de Estado Libre Asociado, colonia pero perfumada.
México: Le sacaron pistola en mano casi la mitad del territorio (1846 – 1848). El tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) obliga a los mexicanos a entregar California, Arizona, Texas, Nevada, Utah, con partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma. En 1853, cuando dictamos al sur nuestra Constitución, EE. UU. le compra Gadsden, en Alabama, famosa por el origen de la bandera amarilla con la serpiente y el “Don’t Tread on Me” (no me pises), sueño húmedo de los libertarios del mundo. Metallica tiene un tema con ese título, el quinto de su “Black Álbum”, pero como soy fan de ellos ni me atrevo, ni quiero, asociarlos con las huestes de Milei. ¡Y en estos tiempos Trump quiere sacar algo más que en nombre al Golfo de México, así que hay que estar atentos!
Colombia/Panamá: Primero instigaron a destruir el sueño de la Gran Colombia, separando el Istmo de Panamá (1903), y luego a éstos le tomaron el control del Canal de Panamá (1914). Tratado Carter – Torrijos mediante (1977), para 1999 pasaría a dominio pleno de Panamá, pero algunas áreas siguen en manos norteamericanas y Trump quiere renegociar, léase, quedarse con todo.
Hawái: Tomado en 1898, es Estado pleno de la Unión y escenario de simpáticas películas de Elvis Presley
Samoa Oriental: Anexada en 1899, ante un arreglo con el Imperio Alemán que se quedó con el lado Occidental de la isla, el que hoy es independiente. Es territorio no incorporado de los Estados Unidos… colonia, que le dicen en mi barrio.
Haití: Mira que hay que sacarle algo a Haití, y le toman la Isla de Navaza (1857) por el guano, fundamental en esa época (pregunten a Perú y la guerra del Guano que padeció).
Rusia: Los zares andaban desorientados, y no estaba Putin, ya que regalan Fort Ross (Fuerte Rusia) en California, condado de Sonoma, gran productor de vinos. Como parte de la California mexicana, pasados los tiempos de El Zorro, dejan morir el establecimiento por bajos rendimientos comerciales, y por la repartija de Oregón entre Inglaterra y EE. UU. que los alejaba de Alaska. En 1842 se van los últimos rusos y queda ya en manos norteamericanas. De esto nadie habla, salvo en la última serie de El Zorro protagonizada por Miguel Bernardeau, sí, el de Élite. Más conocida es la compra de la América Rusa, Alaska (1867). Dominio zarista desde 1733, con proclamación imperial en 1799, Alejandro II se quedó sin un rublo luego de la Guerra de Crimea y la vendió.
Dinamarca: Sí, los descendientes de los vikingos les vendieron algo a los yankis, y fueron las Islas Vírgenes Occidentales en el Caribe (1917). Se ve que las Antillas Danesas no les interesaban o se tostaban mucho. Las tenían desde 1672 vía la Compañía Danesa de las Indias Occidentales y Guinea, cuando Dinamarca y Noruega eran una sola corona. Ocupan primero Santo Tomás (Sankt Thomas), luego San Juan (Sankt Jan), ahí en disputa con los ingleses; y luego Santa Cruz (Sankt Croix), que era francesa, pasa a dominio de la Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta (Orden de Malta), así como leen, ya que el gobernador Phillippe de Longvilliers de Poincy era “hospitalario”, pero también hacía negocios con los piratas… cosa que no me extraña.en 1754 son compradas por el rey de Dinamarca, y luego éstos se la venden a los EE.UU. La Isla del Agua zafó hasta 1944, donde ya que estaban, los yanquis la compraron.
Japón: No bastaron las dos bombas atómicas que encima se quedan con las Islas Ryūkyū o Islas Nansei, En 1953 fueron devueltas las islas del grupo Amami (Prefectura de Kagoshima) y el resto del archipiélago en 1967, salvo Okinawa, la que en 1972 se reincorporará al Japón.
Islas del Océano Pacífico: Marianas, Carolinas, Palau, Marshall, más los atolones e Islas Menores de los Estados Unidos, esas ni son reclamadas, son mínimas, pero las tienen.
Ojo que ahora Trump mira el Polo Norte, pero luego irá por el Polo Sur y la Antártida, nuestra Antártida, Malvinas e islas del Atlántico Sur, bajo la sonrisita a lo Benny Hill de Milei, si es que no retomemos nuestro destino de Nación y nos unimos con el resto de las naciones del Cono Sur.
* El autor es Licenciado en Ciencia Política; Docente de la UCES, y Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas.
El interés yanqui sobre Groenlandia, y, en paralelo sobre Canadá, trae problemas porque involucra a potencias europeas: Dinamarca y el Reino Unido