Carta abierta al Indio Solari
Hola, Indio: esta es una despedida. Porque sí, las despedidas son esos dolores dulces.Me llegaste por un cassette que le regaló mi tío Ricardo a mi hermana. El primer cassette que tuvimos: Gulp!, no puedo olvidármelo. Ahí escuché tus primeras letras, los primeros temas: «Barbazul», «La bestia pop», entre otros que quedaron en mis oídos para siempre. Ahí descubrí que a veces «el infierno está encantador» y que a veces «te quiero mucho y te asfixio mucho». El amor y el dolor a veces se mezclan; siempre hay quilombitos en un cielo de a dos.Después aprendí que «sonrisas pillas, manzanas firmes» es la prueba de que no hay nada mejor que la risa para conquistar a los seres humanos, lo demás es gilada. Después, con «La bestia pop», aprendí que todos tenemos nuestro propio brillo y hay que salir de la oscuridad: «¡Vamos a brillar, mi amor!». Todos deseamos tener a veces un «golpe de suerte» que cambie nuestro destino para lograr lo que anhelamos y no irnos a pique, glu glu.Después vino ¡Bang! ¡Bang!... Estás liquidado, otro disco que me marcó a fuego, con «Esa estrella era mi lujo». Cuando murió Néstor, se nos fue «el único héroe en este lío».
En «Nuestro amo juega el esclavo» comprendí cómo los diarios nos mienten a diario y que «violencia es mentir». Con «Nadie es perfecto» vi cómo algunos se vuelven muy caretas, y con «Ropa sucia afuera» aprendí que a veces no hay que darle tanta bola a los malos pensamientos y a la mala leche.El Indio me acompañó en los buenos y en los malos momentos. Esos discos marcaron a fuego mi infancia y mi adolescencia; fueron mis guías para ser hoy lo que soy, para escuchar rock and roll y rebelarme ante las injusticias. Me ayudó a ser feliz yendo a las misas con mis amigos (aunque estuviéramos llenos de barro, éramos felices igual). Me ayudó a consolarme cuando estaba triste por algún amor o cuando necesitaba una voz de aliento para seguir.Perdón lo autorreferencial, pero el Indio fue un «Ángel de la soledad» para muchos. Me hizo bailar tanto como reflexionar, me hizo llorar tanto como reír. Me acompañó en las buenas y en las malas; fue una voz en el oído que me ayudó a seguir, que me enseñó y me formó para ser quien soy hoy. Sobre todo, me enseñó a no transar, a bancarse ser quien uno es y que nos chupe más un huevo todo lo demás. Me dejó claro que lo importante es tener principios y que ser coherente en la vida es lo que garpa, no transar para ser famoso.Y sobre todo, la importancia de resistir, como en «en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida».
Ese fue el último tema y el último mensaje que nos dejó: resistan, resistamos. Resistir a transar, resistir a Milei, resistir a la mentira, resistir al individualismo, resistir al cinismo, resistir a la careteada, resistir al neoliberalismo, resistir a los grupos concentrados. Resistir.Resistir y ser uno mismo: ese es el mejor camino para poder volver a tener un gobierno que le devuelva la dignidad a nuestro pueblo.Gracias, Indio. Vas a vivir en millones de personas que te seguimos escuchando, que te amamos y te recordamos, porque vos fuiste el que nos recordó que “vivir solo cuesta vida” y el primer, gran y único héroe en este gran lío.