El Indio y el subsuelo sublevado de la Patria
Al momento de intentar alguna humilde y acotada reflexión, aun con la sangre caliente después de los momentos vividos, de la emoción transcurrida, de la dualidad y la simbiosis entre la “celebración” y el sentir profundo y doloroso de nuestro pueblo ricotero, evitaremos caer en la tentación de andar aclarando nuestra condición o no de fieles ricoteros.
Esta aclaración es comparable con aquellos que a la hora de reivindicar la figura de Francisco lo hacían desde la jactancia de su condición de ateos, como si para ser parte de las misas ricoteras hiciera falta saber rezar.
Para los militantes populares los sentimientos y la racionalidad no están disociados, al corazón caliente se le corresponde la cabeza fría, lejos de intentar un análisis sociológico del fenómeno, el Indio constituye un refugio y una voz de ese subsuelo de la Patria que no logra sublevarse, sus metamensajes si fueron entendidos por las tribus de las periferias sufrientes y rotas
Por favor, dicho con el mayor de los cariños y sin herir ningún tipo de susceptibilidad, el mejor homenaje al Indio es no caer en el tribuneo ricotero, dejemos eso para los relatores de la realidad, nuestro pueblo sufriente hace catarsis en esos sagrados refugios y eso merece un sagrado respeto.
No finjamos demencia, en todo caso y sin proponérselo o no, eso es lo que menos importa ahora, el indio nos interpela a nosotros mismos como movimiento popular, pone en superficie a esas tribus de las periferias que no logramos aún expresar ni representar y a las que nuestros propios gobiernos populares no lograron suturarles sus heridas.
El glorioso e inolvidable domingo 7 de junio asistimos a un peregrinar que, vaya paradoja para los auténticos “bárbaros victimarios” fue extremadamente “civilizado” y lleno de dignidad, con masiva afluencia de desarrapados, que son el resultado de más de cuatro décadas de pobreza estructural. Esto es lo que nos revela y le da anclaje y sentido a nuestra práctica militante.
Los sucesivos modelos neoliberales intentaron arrojarlos del mapa y no pudieron, los desarrapados allí estaban cayéndose y volviéndose a poner de pie, sosteniendo sus banderas como podían, pero sin dejar de hacerlas flamear. Lloraban mucho más que la partida del Indio, lloraban su propia desesperanza y su propia insatisfacción. Es nuestro principal desafío que la política los arrope, les de satisfacciones y les reconstruya las esperanzas. SI NO HAY ESO QUE NO HAYA NADA.
En ese peregrinar resistente y politizado encontremos la fuerza y el ejemplo para no permitirnos ni el desánimo ni mucho menos la derrota.
Las canciones son hermosas, pero por si solas no cambian el mundo, lloremos y celebremos al Indio, pero asumamos el desafío de la política , el de lograr de que una vez y para siempre ese subsuelo de la patria se subleve , que derrote y destierre a Milei para construir la Victoria.
GRACIAS INDIO.
El autor es un militante del Movimiento Evita.