La moda de raíz indígena como arte sostenible

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DISEÑO

La moda de raíz indígena como arte sostenible

13 Marzo 2026

Las técnicas de producción textil indígena son procesos cada vez más en auge y la sostenibilidad en todo el recorrido un fenómeno cuya tendencia se fija aproximadamente desde hace unos quince años, señala la diseñadora colombiana Adriana Santacruz, quien trabaja con comunidades indígenas por su interés en la mano de obra artesanal que le ha llevado a rescatar este tipo de técnicas.

Esta forma de trabajo construye una cadena sostenible en todo el proceso, desde el respeto por el medio ambiente en los cultivos hasta la conversión de los recursos locales indígenas en un elemento para generar riqueza. El punto de inflexión podría situarse en la declaración de patrimonio inmaterial por la Unesco de las comunidades de la sierra norte de Santa Marta de Colombia, las que recientemente se han situado en el punto de mira de las instituciones del país.

Santacruz "se considera y la consideran una pionera en aprovechar la mano de obra indígena", según afirma. Esto lo lleva consigo por su contacto con el campo desde la infancia, cerca de campesinas indígenas, sostiene. Y de este primer interés generado por la moda ancestral le sigue después el auge de sus procesos sostenibles desde hace aproximadamente una década. La mano de obra es la clave de todo el proceso sin olvidar que el apoyo externo es fundamental para que este trabajo artesanal evolucione. Los indígenas se guían muchas veces por la ayuda de gente como ella que aporta el diseño y las tendencias, mientras ellos aportan el saber hacer de sus ancestros. “Son unos magos en la tejeduría, el diseño es otra cosa”, señala mientras habla de estos artistas locales como quienes trabajan con un “arte milenario que les llega de la sangre”. 

Sus métodos de trabajo respecto a la sostenibilidad son el uso de la mano de obra artesanal más una reutilización de todo el material empleado. Un aspecto destacable respecto a la materia prima trabajada es que ya no solo se usan fibras naturales como el algodón y la lana, sino también materiales reciclados de botellas (procedentes del PET o tereftalato de polietileno) que ella los emplea para hacer “como una seda” para elaborar los tejidos. Este sistema de conversión en fibra textil a partir del PET ya lo han estado empleando multinacionales como Nike, al obtener poliéster reciclado desde botellas de plástico y evitar así el final de su vida en los vertederos. En el caso de Bolivia, otro país andino, se creó hace aproximadamente un año la arakuaa, una máquina que convierte el plástico para uso textil.

Tras visitar encuentros como la Bogotá Fashion Week se da cuenta de que para exportar y vender esta artesanía local fuera de la órbita de los mercados tradicionales y locales es necesario que este tipo de prendas “no se perciba como artesanal” o que sea un tejido “no demasiado artesanal”, sino que tenga en cuenta otros aspectos más innovadores, como en este caso el diseño. Y aspectos de fusión, como “la influencia de lo oriental en lo indígena”.

De esta forma ha conseguido llevar estas tendencias a ciudades como Nueva York o París, además de entrar en Argentina y México dentro del propio continente latinoamericano. En España solo ha venido a mostrar sus diseños en algunas ferias, pero no ha entrado aún este mercado. “Lo mío nace de la ruana, del poncho”, añade. Y su proyecto ahora es consolidarse en Tokio. 

También Rodrigo Muñoz Valencia, otro diseñador, ecuatoriano y con sede en Nueva York, funda en 2017 Andes Materials, proveedor de hilos y materiales sostenibles para su confección en la comunidad indígena de Salasaca. El trabajo se mantuvo con los indígenas durante todo el tiempo que duraba la creación del tejido donde la trazabilidad del proceso comenzaba desde la propia comunidad, con sus propias ovejas para extraer lana, aunque a veces era necesario recurrir también a otros lugares para traerlas, como Uruguay, por su calidad. Con la cochinilla elaboran las pinturas, tintas que no solo provienen de las plantas sino también de los insectos. “Son procesos lentos, sacar un tinte toma de tiempo un año y medio frente a la tinta china, por ejemplo, que puede llevar dos meses de elaboración”, indica.

Inició este proyecto por el hecho de descubrir “el interés por lo manual” en Estados Unidos. Viajó a Ecuador para poner en marcha su iniciativa que duró unos tres años hasta la pandemia. Este fue uno de los problemas de la no continuidad, pero también “el desinterés de los propios indígenas más jóvenes en una tradición que trabajaban sus abuelos”.

En cuanto a las ventas, se realizaban solo en mercados nacionales y de forma más minoritaria algún encargo que recibían en Nueva York, pero no por la idea de generar ingresos. “Es un nicho estrecho, en Ecuador no hay interés institucional como en Colombia, donde existe una tradición textil a nivel artesanal. Los indígenas no son conscientes del valor que tienen”, sostiene.

En Colombia sí se ha decidido apoyar institucionalmente a algunas de estas comunidades con el proyecto “Fibras naturales indígenas” destinado a las comunidades colombianas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

El objetivo es conseguir ampliar su autonomía mediante planes de apoyo en técnicas que les permitan evolucionar de cara al futuro. Estas iniciativas son como las que partieron también de Adriana Santacruz para todas estas comunidades que ahora mismo se mueven “en sus propios mercados”, dice. Ahora, con este patrocinio institucional el fin es potenciar el cultivo propio de materias primas como fique y algodón para empujar esta producción ancestral a niveles más extensos con procesos enfocados en la sostenibilidad.

Además de la moda, otro departamento en Colombia como el de Putumayo, que limita con Ecuador y Perú, también se autoabastece bajo su propia organización productiva con tejidos destinados para uso doméstico, como en el centro del país, donde las tejedoras de Mampuján trabajan con tapices. La asociación de los kankuamos de la sierra de Santa Marta trabaja con este tipo de textiles, además de con sus populares mochilas. Muchas de estas comunidades estuvieron en el pasado amenazadas por la guerrilla colombiana y grupos paramilitares, con lo que de esta forma han conseguido reafirmar su pertenencia al territorio.