"Atardece sobre Kiev", de Federico Morales Pfaffen: cuando la muerte y lo siniestro llaman

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    Federico Morales Pfaffen
ENTREVISTA LITERARIA

"Atardece sobre Kiev", de Federico Morales Pfaffen: cuando la muerte y lo siniestro llaman

15 Marzo 2026

Atardece sobre Kiev de Federico Morales Pfaffen fue publicado por Nido de Vacas (2025). Una potente novela con el trasfondo del conflicto bélico del 2022 en Kiev y protagonizada por un corresponsal de guerra. "Voy ahí donde la muerte llama", señala.

Narrada en primera persona la historia se divide en cuatro capítulos, uno por cada día. Se suceden imágenes potentes de paisajes, capturas fotográficas, una escena con refugiados en el metro al desatarse un bombardeo y la relación del reportero con Alina, dueña del hotel. La guerra cobra gran dimensión: "Para Ella existe una especie de reflejo universal, uno que trasciende las culturas".

El gesto del narrador es virar el argumento hacia lo siniestro, con señales perturbadoras en el comportamiento del protagonista y un final inesperado.

AGENCIA PACO URONDO: ¿Cómo fue el proceso de escritura del libro y cuánto tiempo llevó?

Federico Morales Pfaffen: El embrión de la novela tuvo lugar en algún momento del 2018. Por ese entonces, y en una Brügge que todavía conservo, había anotado el eje medular de lo que sería la trama: un experimentado corresponsal de guerra que utiliza para provecho propio los entornos de caos en los que se desenvuelve. A esa idea la apunté y seguí trabajando en otras novelas.
Cuatro años después, a propósito del conflicto ruso-ucraniano, me acordé de aquel personaje cuya historia había quedado por contarse. Así, en abril del 2022, y tras un mes de haberme enfocado en la cocina del texto (trabajo de investigación, cuasienciclopédico; delinear aspectos sustanciales de la trama: desde núcleos narrativos hasta personajes secundarios), comencé con el proceso de escritura. Proceso que me demandó cerca de tres meses. Para mediados de julio ya había terminado. En realidad, lo que había terminado era la instancia de la ‘primera escritura’. Después vino la reescritura bajo la atenta supervisión de Luis Mey (maestro de oficio a quien estaré eternamente agradecido). Y tras la primera reescritura, una mano de edición. Y tras la edición, un ostracismo de cajón que, quién sabe por qué, se estiró cerca de dos años. 

Habrá sido en septiembre del 2024 que la rescaté del letargo y le practiqué un nuevo pulido. Para octubre comencé con la búsqueda de alguna editorial que quisiera apostar por la publicación. Y cuatro meses después, ya en febrero del 2025, conocí a quien sería mi editor: Federico Riveiro, fundador de Nido de Vacas.  

Por último, y a modo de coda, me gustaría agregar que la escribí íntegramente a mano. Y si lo destaco no es para presumir un falso ludismo, sino porque ahora, viéndolo a la distancia, y habiendo escuchado la palabra de los lectores, me doy cuenta de que ese método repercutió notablemente en la respiración del texto, en la cadencia de las oraciones, en la economía de las escenas.

APU: ¿Cómo fue la construcción del personaje principal para lograr el tono y las señales de lo siniestro que fuiste dejando en el relato? 

FMP: La psicología del protagonista —y también narrador— constituye algo así como la platea sobre la que se fueron montando los cimientos de la historia. Sin ella, no habría Atardece sobre Kiev. 
En su manera de decodificar y representar el mundo, encuentro uno de los aciertos de la novela. Tuve que trabajar muchísimo para no traspasar los límites que imponía una psiquis como la de este hombre, quien dicho sea de paso jamás nos revela su identidad. Aclarar de qué estructura se trata (estructura desde el punto de vista del saber psicológico), creo que sería aún más gravoso que contar el desenlace. Además, me gusta encontrar en los lectores la pregunta en torno a aquello que los manuales versados en el tema presentan como ‘caracterología’. La clave del texto, siempre y cuando se dé por sentado que hay un enigma, gira alrededor de esa incógnita, de ese interrogante que acompaña a la prosa casi como si se tratara de una segunda voz. Una segunda voz que no necesita de la palabra para hacerse oír. 

Por otro lado, siempre me gusta resaltar que la escritura tiene mucho de actuación. ¿Qué quiero decir con esto? Que a la hora de escribir, el autor, al igual que los actores, tiene que encarnar una personalidad que es un otro, un ajeno, un afuera. Y para cumplir de manera más o menos exitosa con semejante propósito, antes hay que hacer una suerte de desdoblamiento de sí mismo. Es decir, una performance en la que uno se abandona a manos de una voz que nada tiene que ver con la propia. Una voz que, al igual que un virus, termina por parasitar el organismo del portador. Y de repente uno se encuentra pensando y mirando y sintiendo el mundo desde un metro cuadrado completamente distinto. Y ese, creo, fue uno de los grandes desafíos que encontré a la hora de escribir Atardece sobre Kiev. Ahí donde mi voz se colaba, ahí aparecía la birome roja para tachar. 

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Libro Atardece sobre Kiev

APU:¿Podemos ver a la guerra como un personaje más?

FMP: Más que como personaje, me parece que la guerra terminó operando como una suerte de nota pedal. Es decir, una presencia constante, permanente, y que precisamente por esa condición, no necesitó incurrir en los típicos detalles que suelen saturar este tipo de historias. Por supuesto que su injerencia en la trama resulta obvia, pero cuando irrumpe lo hace situándose por fuera del plano principal, como si estuviéramos ante una sombra unánime, una sombra que alcanza a todo aquello que constituye la diégesis de Atardece sobre Kiev. 

Salvando todas las distancias, a la hora de delinear qué rol iba a jugar la guerra en la novela, tuve muy presente lo que Pynchon hizo en El arco iris de gravedad. Si bien la historia madre de este novelón se ubica en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, jamás se nos muestra un enfrentamiento en campo de batalla como así tampoco las aberraciones de los campos de concentración. Y acá uno se tienta con aventurar la instancia inmediatamente siguiente al «Show, don't tell», aquel viejo axioma de la literatura. Así, entonces, no se trataría de mostrar en lugar de decir, sino de sugerir en lugar de explicitar. 

APU: Hay mucho de guion en la escritura, con diálogos y verbos de acción, ¿qué relación tenés con el cine y la fotografía?

FMP: Soy muy fan. Demasiado fan. Desde siempre para mí el cine es un espacio al que recurro para encontrar motivación (ideas, imágenes, estéticas). Después de ver una buena película, generalmente me dan ganas de escribir. Escribir ficción o algún ensayo alrededor de un concepto que me haya dejado la película. No importa qué. Es lo de menos. La cuestión es escribir. Sentir la necesidad de agarrar la Edding y la Brügge. Por eso te diría que con el cine me pasa lo mismo que con la literatura. El mismo efecto. A ver…, para ponerlo en un ejemplo: a Fincher y von Trier los sentaría en la misma mesa que a Pynchon y Vollmann.

APU:¿Qué pensás de los talleres literarios y cuál fue tu experiencia en ellos?

FMP: Voy a apelar a Paracelso: Nada es veneno. Todo es veneno. Todo depende de su justa medida. Creo que más o menos así era la frase que se le atribuye… Y con esto quiero decir que muchas veces los talleres son una herramienta útil, una herramienta que puede ser de gran ayuda para un autor que está dando los primeros pasos en un oficio que nunca termina de ser aprehendido. Pero ojo que también puede surtir el efecto contrario: espantar al aspirante a ¿escritor?, si es que existe algo semejante… ¿Y por qué digo esto? Porque me da la sensación de que en los últimos tiempos la cosa se desmadró. Es más, casi que me atrevería a decir que la oferta ya está rebalsando a la demanda. Hoy te encontrás con autores que publican su primer libro y a los cinco minutos se están promocionando como talleristas. Por supuesto que no soy nadie para opinar sobre cómo la gente se gana la vida. Cada uno hace lo que puede. Pero también me resulta imposible no pensar en quienes están del otro lado del mostrador. A ellos solamente les sugiero una cosa: fíjense bien a quién contratan. 

Biografía

Federico Morales Pfaffen nació en la Ciudad de Buenos Aires en febrero de 1989. Desde joven viene desempeñando distintas funciones en el mundo de la prensa y la comunicación. Durante cuatro años consecutivos participó del taller literario dirigido por Luis Mey. Actualmente, cursa la Licenciatura de Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Atardece sobre Kiev es su primer libro.