Carlos Alonso: el artista de la Memoria

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HOMENAJE

Carlos Alonso: el artista de la Memoria

04 Octubre 2026

Las últimas semanas han transcurrido bajo la sombra de un adiós postergado. La partida de Carlos Alonso (1929-2026) nos tomó por sorpresa, aun cuando el peso de sus años presagiaba lo inevitable. En sus últimas lecturas y exposiciones, su mirada conservaba aquella vivacidad crítica e incisiva que definió su trayectoria. Con su marcha, la memoria colectiva vuelve a convocar sus grandes hitos: desde Dante x Alonso y sus desgarradoras visiones del infierno, hasta el horror implacable serie de Manos Anónimas, obra que conserva la violencia descarnada de la dictadura de 1976.

La primera vez que lo vimos en persona ocurrió en 2005, en los pasillos del museo Genaro Pérez de Córdoba, durante un montaje vertiginoso al que llegamos tarde de la serie Carlos Alonso en el infierno. Años después, tras admirarlo a la distancia en diversas inauguraciones, el encuentro definitivo tuvo lugar en las salas del Museo Nacional de Bellas Artes. Allí presentó Pintura y Memoria (2019), una de las retrospectivas más completas de su producción, allí nos firmó un catálogo, tras un discurso maestro que atesoraremos en nuestra memoria.

Aquel espacio permitió descifrar la manera en que Alonso dialogaba con los grandes maestros de la historia del arte —Renoir, Courbet, Van Gogh—, leyéndolos desde un presente. A través de un tratamiento expresivo del color y composiciones de una firmeza estremecedora, sus obras sobre los desaparecidos, el asesinato del Che Guevara y la reinterpretación de Sin pan y sin trabajo de De la Cárcova exigían una mirada detenida, aletargada y perturbadora ante las atrocidades de  la desigualdad social y los delitos de lesa humanidad que representan. 

Su legado perdura no solo por la calidad de su técnica y sus excepcionales dibujos, sino también por su inquebrantable compromiso social en favor de los Derechos Humanos.

En la narrativa visual de Alonso, los pintores no aparecen glorificados, sino retratados como antihéroes en su etapa final. Su pincel capturó la decadencia física de un Renoir anciano y azotado por la artritis, quien ataba los pinceles a sus manos atrofiadas para no interrumpir el flujo del lienzo. Alonso elevó a estos creadores a la categoría de mártires de la pintura: figuras trágicas atadas al imperativo ético y vital del arte.
Posteriormente, la exposición Dante X Alonso reveló la sintonía absoluta entre dos mentes atravesadas por el exilio, la tragedia y el impulso de la creación. Donde Dante empleó la palabra para descender a los infiernos, Alonso desplegó el trazo en la tinta y el papel, dejando al descubierto los abismos de la condición humana.

Carlos Alonso se consolidó así como una figura fundamental de las artes plásticas argentinas. Su legado perdura no solo por la calidad de su técnica y sus excepcionales dibujos, sino también por su inquebrantable compromiso social en favor de los Derechos Humanos y su acompañamiento a la causa de los detenidos-desaparecidos. Como un Goya contemporáneo, se atrevió a plasmar la violencia institucional, los atropellos del poder y las grietas de su tiempo con la dictadura pisándole los talones, asegurando un testimonio visual imborrable en nuestra historia cultural. Recordaremos por él la memoria de su hija Paloma Alonso secuestrada y  desaparecida por la dictadura cívico militar el 30 de julio de 1977, a los 21 años, en el barrio de San Telmo.