"La esfera azul", un cuento de Juan Canteros
Era un día normal, me levanté en la mañana pensando en mi trabajo (mecánico). En especial no quería llegar tarde… otra vez. Sería el hazme reir de mi único amigo Hernán... Ambos hacíamos turnos en el canchón de la Empresa Ledesma. Como siempre el calor era insoportable… la humedad te llegaba hasta los huesos. Eran esos días de verano en los que ningún mortal quería trabajar en el campo, de sol a sol; revisando motores y preparando los insumos para los tractores averiados. Mi único consuelo era levantarme a las 5 de la mañana, para sentir la brisa fresca del comienzo del día.
Por eso me levanté, me di un baño rápido y salí en la moto al cambio de turno.
Las primeras luces de la mañana tocaban la ruta y ya se preveía una nueva ola de calor. En la entrada está un portón de madera, como siempre está abierto. Sin embargo, allí estaba mal estacionado el viejo, pero bien cuidado Renault 12 de Hernán, estaba justo rodeando la entrada. Frené de golpe frente al vehículo, y no pude divisar a mi amigo. Un ruido estremecedor enmudeció mis oídos, casi no podía escuchar nada más que ese estruendo. Eran los dientes de una bestia de leyenda, atravesando la humanidad de mi amigo.
Mis ojos y mi cuerpo no podían creer lo que estaba viendo, pero todo se ponía peor, ese monstruo cuyo cuerpo solo se puede describir: como una mezcla de ave gigante y cabeza de serpiente. Me miró fijamente, mientras disfrutaba de los huesos de mi amigo. En su boca ensangrentada. Se comunicó conmigo de una forma inimaginable, estaba en mi mente podía escuchar su voz y entendía el lenguaje de esa bestia. Me decía: ¡huye! que serás mi próxima cena. Y aunque no podía entender lo que pasaba, no lo dudé y arranqué la moto por medio de las cañas de azúcar. Debía llegar al pueblo avisarles a todos y ocultarnos de la bestia. Pensaba en mis padres y mis hermanos, aunque no vivíamos juntos. No podía más que avisarles y buscar que todos se resguardaran, para no ser víctimas de esta alimaña salvaje. Mientras avanzaba con la moto y las hojas de las cañas lastimaban mi rostro, tuve que decidir, si era mejor que me siguiera la bestia hasta el pueblo, o debía alejarla a toda costa de allí. Lo más distante posible, hasta que las autoridades, la policía o el ejército me ayudaran.
No lo dudé más y salí hasta la ruta, la crucé en dirección al monte, la bestia se abalanzó sobre mí, cada vez más cerca, pero justo antes que me alcanzara, un camión de varias toneladas la aplastó.
No quería poner en riesgo a todos y en especial a mi familia.
No lo dudé más, y salí hasta la ruta, la crucé en dirección al monte, la bestia se abalanzó sobre mí, cada vez más cerca, pero justo antes que me alcanzara, un camión de varias toneladas la aplastó. Por fin pude respirar tranquilo; a la distancia observé que el camión se detuvo sin muchos daños. Al punto que el chofer bajó a tomar fotos de lo ocurrido. ¿La pesadilla habrá terminado? me pregunté, todo será una mala experiencia, ahora podía contar a los demás. Busqué mi celular para llamar, no tenía señal. Desesperado tomé la moto de vuelta y no dudé en volver al pueblo, era hora de contar los horrores que había visto.
Cuando estaba cerca del pueblo, empecé otras vez a escuchar ruidos y estruendos. La brisa fría de la mañana dio paso a humo y calor extremo. Llantos y gritos horribles, se oían a cada metro, me acercaba al pueblo. Luego la sangre empezó a bañar la ruta y otra vez, para mi asombro, esas bestias habían llegado al pueblo. No era solo una; la que me había seguido, eran cientos y estaban destrozando mi pueblo. Era como si hubiera entrado al mismo infierno.
Ya no podía pensar, solo me dolía el corazón, mi amigo y mi familia ya estaban muertos. No podía hacer nada, solo congelado por el miedo, viendo esa escena dantesca. De repente uno de esos depredadores, se acercó, con su colmillos de serpiente me atrapo entre su boca y antes de devorarme por completo. Me dijo: no puedes escapar de tu destino…
Sonó la alarma, son las 5 de la mañana, me desperté sudando frío. Era todo una simple pesadilla, pero había sido tan real para mi. Apagué la alarma y el televisor inteligente se activó. Estaba programado para mostrarme las noticias. Corrí al baño a lavarme la cara y tomé el celular, tenía mensajes de mi amigo Hernán, me decía Juan, te estoy esperando, quería salir temprano esa mañana, para preparar todo para el cumple de su hija Delfina.
Dios todo había sido un sueño. Qué alivio me dije y me senté sobre la cama. Mientras en las noticias una nota de color decía que investigadores en Estados Unidos habían revelado la existencias de Ovnis. No le tomé importancia, miré hacia la ventana de mi pieza, el amanecer de un día hermoso. El sol se veía espléndido y sus rayos se reflejaban en la nubes. Casi todo normal, hasta que un brillo incandescente lastimó mis ojos. Era una luz tan fuerte como el sol, que parecía competir con él. Duró unos segundos, pero estremeció todo el cielo, luego se divisó en el aire una esfera azul, de enormes dimensiones. Como un vehículo estático en el cielo. De su interior emanaba un sonido, como trompetas de guerra. Y finalmente otra vez escuché esa voz en mi cabeza que repetía sin temor: no puedes escapar de tu destino.