Sobre las lecturas de verano propias y compartidas, por Facundo Di Vincenzo

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    Sobre la lectura
    Ilustración: Gabriela Canteros
ENSAYO

Sobre las lecturas de verano propias y compartidas, por Facundo Di Vincenzo

15 Febrero 2026

Me consultó un amigo historiador (Julián Otal Landi) sobre los libros que estuve leyendo en el verano, para recomendar o, al menos, dejar algunas impresiones sobre esas lecturas. Estas líneas serán un intento de cumplir esa solicitud, con toda la batería de cuestiones que supone dicha tarea (y cuando pienso en batería se me viene la imagen de Max Roach disparando platillos a una velocidad y ritmo ultrasónico como en el disco: “We Insist!” -1960-). 

Una primera cuestión: la lectura no siempre es individual, hay una lectura que se hace personal, en el sentido de estar elegida por uno y para uno mismo. En mi caso, voy recopilando libros para leer “cuando tenga tiempo”, que siempre termina siendo en el verano. No obstante, cuando uno entra en la aventura de formar una familia, se suman otras lecturas que trascienden la individualidad, en otras palabras, la lectura pasa a ser compartida. Por ejemplo, más de veinte años que compartimos con Cecilia, mi compañera de vida, la lectura de un libro juntos por ese tiempo "libre" llamado vacaciones. (nunca pudimos llegar a que sean dos textos). Hubo intermitencias (mudanzas, tragedias, nacimientos y niños, que retrasaron algunas lecturas en diferentes casos), pero hemos podido completar más de una docena de autores: García Márquez, Borges, Castelnuovo, Barletta, Cortázar, Levy Strauss, Liborio Justo, Rita Indiana, Restrepo, etc... Este año volvimos a leer a Fabián Casas, en general la elección es consensuada. Habíamos leído de Casas, hace unos años, Los lemmings, esta vez le tocó a El parche caliente (Emecé, 2023). 

En otras épocas históricas, con más analfabetismo y más lectores y escuchas de los que hay hoy, era común que alguien le lea a otro/s. Cuentan los estudiosos del tema, que así se expandió El Martín Fierro y La Divina Comedia, por ejemplo. Lo cierto que es muy diferente la experiencia de compartir una lectura. Uno va debatiendo, riéndose o simplemente utiliza algo del libro como disparador de otra cosa. 

En fin, hablemos de El parche caliente. Me salta la ficha del historiador, perdonen, aunque muy matizada gracias a la querida Cecilia en este caso, claro. Fabián Casas, a quien uno quiere por ser cuervo y por tantas otras cosas, realiza una novela de alguna manera situada hacia fines del siglo XIX, en la Patagonia, más precisamente en el momento de avanzada de "la civilización" contra "los salvajes". Supongo, Presidencia de Nicolás Avellaneda (1874-1880). Hasta el último capítulo, todo ocurre en ese contexto. Más allá de no observar en este caso, luego de debatirlo tantas veces, una intención por contar "otra historia" sobre aquellos sucesos, el aporte que Fabián Casas hace para la comprensión de aquellos tiempos, es enorme. Convengamos que en una Historia Argentina, que como ya hemos dicho, fue una invención de unos pocos (Sarmiento, Mitre, Romero, etc…) y en donde la ficción se apropió de la Historia para hacerla accionar políticamente, se festeja otra ficción que puede ubicarse en esa tradición de lecturas iniciada por Echeverria, Lucio Mansilla, El Comandante Prado, Estanislao Zeballos, David Viñas. En fin: ultrarecomendable.

En "El parche caliente" Fabián Casas realiza una novela situada hacia fines del siglo XIX, en la Patagonia, en el momento de avanzada de "la civilización" contra "los salvajes". El aporte que Casas hace para la comprensión de aquellos tiempos, es enorme.

Una segunda cuestión, seguimos aún con las lecturas compartidas, es la lectura que uno realiza a sus hijos cuando aún ellos no saben leer. Un momento de gloria, donde quieren que le lean historias. El más pequeño, de cinco, es un fanático de las historias de aventuras, monstruos marinos o terrestres, barcos y aviones. Como era un largo viaje por distintos destinos de la Costa Patagónica, decidí llevar el libro de Liborio Justo, La Tierra Maldita. Relatos bravíos de la Patagonia salvaje (libro publicado con el nombre de Lobodón Garra en 1932, es decir, Liborio, marxista revolucionario publicaba en los tiempos en donde su padre, el General Justo, era presidente de la Nación). Los cuentos me fascinaron y fascinaron a Fermín, “el palo vivo”, acaso el primer testimonio novelado del famoso “Nahuelito” o “Las brumas del terror”, leídos en la noche engrillada del poblado de Saco Viejo combinaban perfecto.  

Finalmente dejo las recomendaciones de los libros que me gustaron, la mayoría no he llegado a terminar, en algunos casos, los leí a partir de seleccionar capítulos, en otros, al ser cuentos es más fácil dejarlos y volver a ellos en el resto del año. 

En el mismo sentido que el libro de Liborio Justo, de maridar con el viaje, me llevé del historiador británico Brian Vale: Una Guerra entre ingleses. Brasil contra Argentina en el Rio de la Plata 1825-1830 (Instituto de Publicaciones Navales, 2005), en realidad me interesaban dos capítulos de esta obra. La que narra la Batalla de Juncal y la defensa de Carmen de Patagones, como íbamos a pasar por allá, me interesaba leer sobre aquella gesta patriótica del pueblo Patagónico frente al invasor anglosajón y portugués. Historiográficamente el libro es paupérrimo, traduce las lecturas mitristas más rancias, no obstante, tiene muchísima fuente documental sobre la caracteristicas de los marinos que pelearon y como pelearon en esa guerra. Debo, sin dudas, esta elección al amigo geógrafo Ernesto Dufour, por él conocí la defensa de Carmen de Patagones. 

Otros libros, uno hermoso de poesía que no he terminado, del genial César Vallejo: Una experiencia del mundo (Una hermosa edición de Editorial Excursiones, 2016) con joyas de la poesía iberoamericana como: “La necesidad de Morir”, de Jean Baudrillard, El pacto de lucidez o la inteligencia del mal (Amorrortu editores, 2008), con ideas tremendas como: “El exceso de realidad hace que ya no creamos más en ella” o los problemas que tienen los ateos y la civilización de la OTAN: laica, liberal, materialista y anticatólica, cómo cuando dice: “La desaparición de Dios nos ha dejado frente a la realidad. ¿Qué ocurrirá con la desaparición de la realidad?”. En fotocopia me llevé unos textos de Felipe Herrera para un laburito que estoy escribiendo, el último trabajo del maestro Alberto Buela, otra joya, Arte y Pueblo, hermoso libro.

Casi terminados, fui leyendo en paralelo cuatro libros, de un lacaniano y los otros tres, de filósofos: De Massimo Recalcati, ¿Qué queda del padre? La paternidad en la época hipermoderna (Xoral ediciones, 2024); De Alexander Dugin, La cuarta teoría política (Ediciones Nueva República, 2013); del tipo con “más aura” (como dice mi hija) de la actualidad, el coreano Byung Chul Han, La sociedad del cansancio (Herder, 2014) y del filósofo banfileño, El Keki Gónzalez, Filosofía menor y Petisa (Ediciones de la Trinchera, 2020). Releí del gran José María Rosa, El Revisionismo responde, y cuatro libros del grupo de los escritores del 20’: de Arlt, Las aguafuertes completas seleccionadas por el querido amigo Marcos Mele, en su tomo II; de Roberto Mariani, Cuentos de oficina; de Last Reason, A rienda suelta y Tangos del gran Enrique González Tuñón.

Espero les sea de utilidad o, al menos, de curiosidad para despertar el interés por leer, leerle a otro o, escuchar la lectura de alguien querido.

Facundo Di Vincenzo: Doctor en Historia, Especialista en Pensamiento Nacional y Latinoamericano, Profesor de Historia (USal, UNLa, UBA), docente adjunto de Historia Social General Contemporánea, Seminario de Las Izquierdas y el Problema Nacional, Seminarios de Peronismo y Pensamiento Nacional y Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano (UNLa), docente e Investigador del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte” y del Instituto de Investigaciones Históricas (UNLa).