Teatro: “Seré”, poner el cuerpo como resistencia contra el olvido

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TEATRO Y MEMORIA

Teatro: “Seré”, poner el cuerpo como resistencia contra el olvido

06 Abril 2025

En un lugar donde ocurrieron hechos muy dolorosos, exactamente en las ruinas de la Mansión Seré, surge el arte. En la obra Seré, Lautaro Delgado Tymruk se pone en el lugar de una voz. ¿Qué significa "poner el cuerpo"? ¿A qué le estamos poniendo el cuerpo? Primero que nada, le ponemos el cuerpo y el tiempo. Es un espacio donde todo lo demás se detiene. Lo que pasa alrededor queda fuera. Poner el cuerpo no es solo una forma de entrega, sino también de transformación.

El cuerpo es el lugar donde la historia deja sus marcas, y la memoria no es solo una historia, sino un gesto que nos atraviesa. En este sentido, el actor no solo está actuando, sino que está devolviendo lo que el horror intentó borrar. Como en el psicoanálisis, donde el cuerpo se convierte en un campo de lucha entre el olvido y la verdad, en el teatro la actuación es la forma en que lo reprimido sale a la luz. Poner el cuerpo, entonces, es una forma de resistir.

Una voz también es un cuerpo, aunque no la veamos. En el documental Todos son mis hijos, Hebe de Bonafini dice algo increíble: "No quiero perder el recuerdo de la voz de mi hijo, cuando me decía 'hola, mamá' mientras entraba a la casa. A veces lo escucho como si entrara". La voz, entonces, también vive en el cuerpo de quienes la escuchan, un cuerpo que no está, pero que sigue resonando.

La obra mezcla las declaraciones de Guillermo Fernández (que estaba como espectador ese día), quien fue parte del juicio por crímenes de lesa humanidad, donde cuenta cómo escapó de la Mansión Seré, con la actuación de Lautaro. Este último recorre el lugar entre escombros, haciendo movimientos como si alguien lo estuviera guiando. Con su cuerpo, revive las memorias de Guillermo. No hace falta haber estado allí para sentir lo que está pasando: todo cobra vida. Las paredes, la cocina, las habitaciones, el famoso clavo, ese clavo bendito que abrió una ventana, el balcón. Todo está presente, como si el espacio mismo fuera el cuerpo de la historia.

La Mansión Seré, hoy Casa de la Memoria y la Vida, fue un centro de detención clandestino operado por la Fuerza Aérea Argentina, conocido también como Atila, entre 1977 y 1978. En la madrugada del 24 de marzo de 1978, hubo una fuga. Lo que hizo que el centro fuera cerrado. Luego, los prisioneros restantes fueron liberados o enviados a otros centros. La propiedad fue destruida para borrar todo lo que había sucedido allí. Aunque se destruyó físicamente, esos recuerdos siguen vivos gracias a las personas que sobrevivieron. El arte, como en esta obra, tiene esa capacidad de mantener la memoria viva. Actuar la historia es una forma de atravesar la vida de una manera distinta. Hacer propio al otro, liberarlo por un rato de su recuerdo y tomar el control por un instante. Eso también es lo colectivo. Ser otro y, al mismo tiempo, ser uno mismo.

Uno entra en ese espacio vidriado, donde los árboles no fueron derribados, y ve las ruinas, la tierra y los lugares que una vez ocuparon las habitaciones de la casa. ¿La casa también es un cuerpo? Ese lugar ocupa espacio. Donde había una escalera, Lautaro hace como si subiera o bajara; donde había una ventana, Lautaro mira por ella. Recorría el lugar, representaba las cosas con juguetes, trayendo las memorias de Guillermo.

La magia ocurre dos días antes del 24 de marzo de 2025, 49 años después del golpe cívico militar. No se abre el telón, sino que las luces se encienden. Es un escenario de 360 grados, por lo que cualquier ángulo es verdadero. A veces los reflectores se apagan, y una lámpara de mesa ilumina directamente el rostro de Lautaro o la voz de Guillermo, que en este caso son lo mismo. A veces la luz es tenue, otras veces demasiado fuerte. Un silencio recorre todo el espacio. La voz se convierte en el actor. Nos habla a cada uno de los que estamos mirando. Había personas de pie, sentadas tomando mate, otras con mochilas, niños, jóvenes y adultos todos viviendo lo que sucedía. Cuanto más el actor se sumergía en la historia, más denso se volvía el aire. Mucho más espeso, pero con una sensación de comprensión. Algunos no habían nacido cuando todo esto ocurrió, pero la memoria colectiva tiene el poder de hacerlos entender.

La obra Seré muestra un punto clave entre el cuerpo, la memoria y la libertad. El concepto de "poner el cuerpo", tal como lo hace Lautaro Delgado Tymruk en la escena, representa una acción que no solo está relacionada con actuar, sino con una transformación. El cuerpo se convierte en un vehículo para lo reprimido, en una forma activa de resistencia contra el olvido. En este contexto, el cuerpo ya no es solo un objeto pasivo, sino el lugar donde se graban las huellas del pasado, tanto las de la violencia como las de la libertad. El acto de representar, de recrear los cimientos de la Mansión Seré, no solo recupera la memoria de los que sufrieron allí, sino que también pone en primer plano la posibilidad de la fuga como un acto de libertad. Una fuga física, sí, pero también simbólica, un desafío a la historia de los opresores.

El hecho de que la obra recurra a la memoria colectiva, recreando la fuga y el relato de Guillermo Fernández, nos recuerda que la libertad no es solo una esperanza futura, sino que ya está inscrita en la resistencia misma de los cuerpos que escaparon, que hablaron, que pidieron justicia. La fuga no es solo un acto de escape, sino una manera de reclamar un espacio que originalmente estaba destinado a ser el de la muerte. La libertad, en Seré, se entiende como una práctica continua, una fuga que no es un momento aislado, sino una estrategia de supervivencia.

La obra no solo habla de la fuga como una forma de resistencia, sino también de cómo el arte mismo puede ser una forma de escape.

Por otro lado, la obra no solo habla de la fuga como una forma de resistencia, sino también de cómo el arte mismo puede ser una forma de escape. Al situarse en el mismo lugar donde ocurrió la violencia, el teatro abre una puerta a la libertad del pensamiento y la memoria. En este sentido, la representación misma, al traer la memoria de vuelta al lugar del horror, también se convierte en un acto de fuga. La libertad se muestra en cada palabra que se dice, en cada cuerpo que se atreve a revivir el pasado y, finalmente, en reclamar la verdad.

Lo más potente de esta obra es que, al ocurrir en un espacio público, cada palabra, cada gesto, cada cuerpo que revive el pasado es un grito contra el olvido, es una reafirmación de que el arte, en cualquier lugar, sigue siendo una poderosa herramienta de resistencia. El teatro en espacios públicos, entonces, es un acto de no dejarse silenciar, de enfrentar el pasado y de recordar que la libertad y la memoria no tienen fronteras.

De este modo, Seré demuestra cómo el arte, al recordar, no solo reconstruye lo perdido, sino que también genera un movimiento hacia la justicia y la libertad. La memoria no es algo estático: es una huida del olvido y un acto de afirmación constante. No es solo una obra que recuerda, sino también un acto de fuga continua, una resistencia contra la opresión y una afirmación de la libertad a través de la memoria, la verdad, la justicia y el arte.

Ficha técnica

Performer: Lautaro Delgado Tymruk

Escenotecnia: Richy Salguero

Iluminación: Ricardo Sica

Diseño Mansión Seré maqueta: Gustavo Brito e Isolda Maur

Dramaturgia y dirección: Lautaro Delgado Tymruk y Sofía Brito

Funciones

Teatro del Pueblo, Lavalle 3636, CABA, Reservas: 1141681505

Lunes de abril a las 20 horas. De mayo a julio, los sábados a las 17 horas.

Web: http://www.teatrodelpueblo.com.ar

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