Gustavo Carrara: “La soberbia es lo que más nos asemeja al demonio”

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APU ENTREVISTAS

Gustavo Carrara: “La soberbia es lo que más nos asemeja al demonio”

28 Agosto 2026

Gustavo Carrara, arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas, dialogó con Agencia Paco Urondo sobre el legado del papa Francisco, la figura de San Francisco de Asís y los valores de austeridad, humildad y servicio que atravesaron su pontificado.

Durante la entrevista, Carrara también se refirió a la economía popular, el Salario Social Complementario y el trabajo comunitario en los barrios populares. Además, habló sobre la literatura y la necesidad de poner a la persona y su dignidad en el centro de la economía.

Finalmente, el arzobispo platense reflexionó sobre las motivaciones que orientan su propia vida y reivindicó el seguimiento de Jesús como guía para cuidar especialmente la dignidad de los más frágiles.

APU: Bergoglio eligió su nombre pontificio en honor a Francisco de Asís. Queríamos saber: ¿Cuán importante es para vos y en qué parte del Evangelio encontrás esa opción por la austeridad y simpleza en el estilo de vida?

GC: Cuando un Papa es elegido, elige un nombre. En este caso, Jorge Bergoglio eligió el nombre de Francisco en referencia a Francisco de Asís. Él tenía cerca suyo a un cardenal, el cardenal Hummes, que le dijo: “No te olvides de los pobres”. Y ahí le vino al corazón el nombre de Francisco.

A partir de esa elección aparecen algunas opciones muy claras de Jorge Bergoglio: vivir un estilo de vida austero. Él ya lo vivía en Buenos Aires. Era un hombre austero que se preocupaba por los más pobres. De hecho, van apareciendo un montón de anécdotas sobre cómo tenía esa delicadeza con los más pobres acá en la Argentina y, bueno, también ya siendo Papa.

Después está esta opción de austeridad, que se ejemplifica en estas dos encíclicas: Laudato Si’, “Alabado seas, mi Señor”, que se inspira en el Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís, y Fratelli Tutti, acerca de la fraternidad y la amistad social.

Cuando Francisco de Asís se dirigía a sus hermanos, los llamaba así: hermanos. Y les proponía una vida con sabor a Evangelio. Eso es lo que podría decirte, en primera instancia, de por qué Francisco eligió el nombre de Francisco.

APU: Tal vez uno de los vicios o errores que tenemos los militantes es desembocar en la soberbia, ser soberbio con el otro. ¿Qué dice el Evangelio sobre la soberbia? ¿Qué decía Francisco con respecto a este tema y qué pensás vos?

GC: Bueno, te lo digo así, fuerte, por así decirlo: la soberbia es lo que más nos asemeja al demonio. San Agustín decía: “Al demonio no podemos decir que es lujurioso o borracho porque no tiene cuerpo. Pero decimos que es el padre de la mentira porque es soberbio”. O sea, lo que más nos asemeja al demonio es la soberbia.

Jesús, en el Evangelio, nos propone un camino de mansedumbre, humildad y servicio a los demás, ejemplificado en el lavatorio de los pies. Jesús dice: “Yo no he venido a ser servido, sino a servir y dar la vida en rescate por todos”. Jesús es manso y humilde de corazón.

Y San Francisco de Asís, que, según dicen —y yo lo creo así—, es el hombre que más se pareció a Jesús en esta tierra, también vivió un camino de humildad. Por eso ese respeto a la creación: llamaba “hermana agua”, “hermano sol”. El respeto a la creación y a los otros hermanos más frágiles, ejemplificado por ahí en ese abrazo que hizo al leproso en su momento.

De alguna manera, Francisco, con su vida, comentó el Evangelio de Jesús o aspectos del Evangelio de Jesús que en su época estaban como oscurecidos. En la época en que vivía San Francisco de Asís, la Iglesia estaba muy atada al poder temporal y a las riquezas. Y Francisco, con su modo de vivir, la invita a volver al Evangelio de Jesús.

Francisco tenía esta frase que se le atribuye: “Vos predicá el Evangelio y, cuando sea necesario, hablá de él”. O sea, ¿qué estaba diciendo? Vos viví el Evangelio y, cuando sea necesario, hablá del Evangelio.

APU: La Cámara Federal de San Martín revocó la medida cautelar que reconocía el Salario Social Complementario —que este gobierno denomina “Volver al Trabajo”—. Vos viviste durante mucho tiempo en barrios populares. ¿Cómo te impacta que un juez federal retroceda en derechos conquistados por los trabajadores de la economía popular?

GC: Bueno, a ver, en concreto, el Salario Social Complementario, porque así se lo llamaba en el inicio, reconocía que los trabajadores hacían tareas de carácter comunitario, es decir, por el bien común, y que lo que ellos ganaban habitualmente no alcanzaba para su sustento.

Entonces, este Salario Social Complementario, que era la mitad del Salario Mínimo, Vital y Móvil, era como un reconocimiento a esas tareas de tantos compañeros y compañeras que se organizaban para poder cuidar más y mejor a la comunidad.

Estamos hablando, sobre todo, de mujeres que no solo pensaban en sus hijos, sino también en los hijos de las vecinas y de su manzana en un barrio popular, y organizaban un comedor comunitario.

Bueno, cocinar para muchas personas, a veces para 50, 100 o 300 personas, y a veces más, requiere que las señoras lleguen por ahí al espacio comunitario a las 8 de la mañana, pongan la olla y empiecen a cocinar para tener al mediodía, para darle de comer a tantas personas. Y hacer eso todos los días es trabajo.

Entonces, el Salario Social Complementario, de alguna manera, reconocía ese trabajo en favor de la comunidad. También había cooperativas que se organizaban, como cooperativas de cartoneros o cooperativas textiles, para las que el Salario Social Complementario era una ayuda.

Cuando llega el actual gobierno, primero se congeló y quedó en 78.000 pesos. Se siguió pagando eso más o menos hasta ahora, cuando el gobierno había decidido darlo de baja. Hubo una medida cautelar, se siguió pagando y, bueno, ahora el juez falló en contra. Estimo que por desconocimiento de lo que el Salario Social Complementario implica de bien para estas familias concretas.

Evidentemente, no es mucha plata, pero para un compañero, para una compañera…

APU: Son tres garrafas.

GC: Son tres garrafas. Sí. Me viene a la memoria el ejemplo de, hace muchos años, una señora que juntaba latitas y me dijo: “Mirá, Gustavo, cuando yo lleno esta bolsa de arpillera de latitas, sé que tengo para la garrafa”.

Entonces, es otro modo de concebir la economía, de organizarse y donde, por ahí, esto le suma, evidentemente. Y también mueve una economía barrial. Porque generalmente ese dinero se invierte en una zona.

Hicieron alguna vez un muestreo acá, en Berisso, de cómo impactaba este Salario Social Complementario en la economía de esa zona.

APU: Francisco, en una de sus cartas, realza la importancia de la literatura en la formación tanto sacerdotal, pastoral como cristiana. ¿Qué lugar tiene en tu vida la literatura y si hay algún libro que recomiendes o que te haya acompañado en alguna etapa de tu vida?

GC: Bueno, a ver, Francisco invitaba a leer los grandes clásicos de la literatura porque, de alguna manera, revelan el corazón del hombre. Revelan las grandes preguntas acerca del amor, acerca del mal, acerca de la culpa, acerca de grandes temas que están siempre en el corazón del ser humano.

Entonces, la literatura lo trae y lo pone presente, y hace a la formación humanística, a la formación cristiana y también a la formación de los sacerdotes. Y así, bueno, Francisco invita a no descuidar la lectura y, sobre todo, la de los grandes clásicos.

A mí hay libros que me han gustado mucho. Cuando estaba en el seminario, con un grupo de compañeros leíamos a los trágicos griegos, las tragedias griegas, que también trataban de explicar, de alguna manera, por qué sufre el hombre. Esquilo, Eurípides; leíamos y charlábamos.

Después he leído algunos libros de Dostoyevski, como por ejemplo Los hermanos Karamazov. He leído también algunos autores argentinos, como puede ser Ernesto Sábato. Hay un libro muy lindo que a mí me gustó, que se llama La Resistencia.

Ahora leí un libro hace poquito sobre la ciudad de La Plata, el origen de la ciudad a modo de novela. Se llama La ciudad de las ranas, de Alconada Mon, que cuenta un poco, en un doble registro, el origen de la ciudad.

En un doble registro, en cuanto a los trabajadores que construyeron la ciudad, que generalmente eran inmigrantes italianos que venían a buscar una oportunidad. Entonces, hay una historia que se desarrolla en ese plano y otra historia, en otro plano, que es la de las élites que habían, de alguna manera, decidido hacer la ciudad acá.

Es una novela, pero con apoyatura histórica, y estaba buena. Me parece que la literatura, en general, abre el corazón, abre horizontes y por eso la recomendaba tanto Francisco.

APU: Para nosotros el capitalismo es una lógica cuyo imperativo categórico es la maximización de la ganancia. ¿Cuál sería para vos la sustancia de la contralógica que la combate?

GC: A ver, la clave es poner a la persona en el centro de la economía. La economía, de suyo, como uno la entiende, es una ciencia humanística porque se ocupa del orden de la casa. Y el orden de la casa es poner en el corazón del planteo cómo cuidamos la dignidad de la persona humana.

Está bien que, qué sé yo, los empresarios busquen generar ganancias. Después está el discernimiento de cómo se aplican esas ganancias: si se distribuyen, si generan más trabajo. Pero bueno, es necesaria la presencia de empresarios inteligentes y que desarrollen el capital, pero para generar más trabajo.

Y en eso hay figuras como un empresario argentino, Enrique Shaw, que está a punto de ser beatificado. Él hablaba de que hay que extender la propiedad privada, es decir, que la propiedad privada llegue a los obreros, que los obreros puedan tener su casa. Entonces, el planteo no es “en contra de”, sino “a favor de”.

En ese sentido, me parece que la economía tiene que tener en el centro el cuidado de la casa común y, sobre todo, el cuidado de la dignidad de la persona humana, especialmente de los más frágiles. Eso lo subrayaría.

APU: Muchas veces uno se pregunta para qué hace lo que hace. Vos, ¿para qué hacés lo que hacés?

GC: Bueno, yo desde chico tuve muy presente la fe, el seguimiento de Jesús, y uno trata ahora, a esta edad, también de seguir en ese camino, ¿no?, de seguirlo a Jesús. Y a mí lo que me motiva es el seguimiento de Jesús, que no buscó salvarse a sí mismo, sino que nos amó y nos salvó.

Estando en la cruz, según el relato del Evangelio de Lucas, le dicen a Jesús tres veces: “Salvate a vos mismo, bajá de la cruz”. Pero él decidió amarnos y salvarnos.

Entonces, él nos propone la vida feliz del cielo, esa alegría que siempre es nueva. Y la respuesta a esa última pregunta, que no tenemos respuesta desde nosotros mismos: ¿cómo enfrentar a la muerte? Jesús nos promete la resurrección y la vida.

Ahora, porque nos promete la resurrección y la vida, porque nos amó y nos salvó, nos está hablando de la dignidad infinita de cada ser humano.

Entonces, nosotros, mientras transitamos nuestro paso por esta tierra, tenemos que cuidar de modo especial la dignidad de cada ser humano, especialmente de los más frágiles.

Entonces, mi motivación en la vida es seguirlo a Jesús, su propuesta. No digo que la haga de modo acabado, por eso a veces me confieso, pido perdón por mis pecados. Pero a mí lo que me motiva, en el fondo, y lo que quiero que me motive es ese seguimiento de Jesús, que es lo que motivaba también al papa Francisco, por ejemplo, y a San Francisco de Asís, ni hablemos.

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