La encíclica de León XIV y las ciencias sociales: crisis civilizatoria y tuétano ontológico-político
¿Qué distingue al ser humano de la máquina?
León XIV hace un llamado a un mayor acercamiento de las espiritualidades a las ciencias sociales. Considera que la fe no debe escindirse de la búsqueda científica de la verdad. Su escritura lejos de una doxa dogmática resuena con el paradojal estilo laicamente sagrado de Francisco. Identifica que aquello que nos distingue como seres humanos constituye a su vez el punto de anclaje que nos posibilitaría no dejarnos vencer contra una avanzada total del control digital y algorítmico, en el caso de Argentina, en una alianza y subordinación del Estado con los Gigantes Tecnológicos.
Según el escrito del Papa, eso que nos distingue, que nos hace imposibles de reducir totalmente a perfiles algorítmicos y rendimientos, constituye la capacidad de una experiencia interior. Se trata de esa condición afectiva, capacidad de fuero interno y procesamiento humano no reductible a meros encadenamientos lógicos. Está hablando de todo aquello que acontece en lo experiencial, que es objeto del poder, pero que excede los límites epistémicos que cimientan la colonización moderno-occidental, hoy en su fase digital y algorítmica.
Denuncia como el continuo proceso de colonización está avanzando cada vez más hacia los imaginarios colectivos y destaca el pacto con los proyectos de dominación de las orientaciones transhumanistas. Propone el discernimiento: “una cosa es integrar las tecnologías en una visión humana y relacional; otra es dejarse guiar por un imaginario que desprecia el límite y promete una salvación puramente técnica” (par. 117). Para la encíclica no hay innovación que resuelva o reemplace la grandeza de una humanidad amando en plenitud. La humanidad requiere ser “situada” en una comunidad de vida, entendiendo que la condición humana no puede ser simplemente reducida a procedimiento, lenguaje y subordinación maquínica.
Aquello que en el ser humano no puede ser simplemente reducido a la condición técnica es la condición afectiva. Aquella a la cual las ciencias sociales comienzan a prestar cada vez más atención en lo que se reconoce como un ascendente giro afectivo. La aceleración en el alcance y profundización de los desarrollos de las tecnologías del poder en las profundidades psíquicas está obligando a las ciencias sociales y humanidades a acercar un poco más la lupa en lo que respecta a los potenciales afectivos inconscientes y su importancia en lo social.
Triple crisis de las ciencias sociales
Primero enmarquemos que las ciencias sociales se encuentran ante una triple crisis: (1) de financiamiento (aunque esto quizás habría matizar en las distintas situaciones a nivel mundial, en Argentina con la gestión de Milei es un hecho indiscutible que abarca al conjunto del complejo científico nacional); (2) de legitimidad por la disputa de sentido ideológico-cultural desde la cual se sirvieron y alimentaron las nuevas derechas; y (3) la crisis de las perspectivas exterioristas constructivistas de lo social (las cuales venían sosteniendo establemente su hegemonía desde el giro culturalista de los 70) en estrecha relación con una consolidación ascendente de un giro afectivo en ciencias sociales.
La crisis de las perspectivas exterioristas deterministas se manifiesta también en la crisis de las orientaciones políticas progresistas de principios del presente siglo que se sirvieron de dichos marcos teóricos (cabe destacar el papel de las obras de Laclau y Mouffe para el caso de Argentina). Palabras como “construcción de discurso”, “interpelar” y el énfasis en la separación identitaria expresaron las directrices que chocaron inevitablemente con el retorno de las profundidades que vaticinaba la crisis civilizatoria y el surgimiento de estas nuevas derechas distópicas y proféticas 3.0.
El foco compartido de las nuevas derechas y las grandes tecnológicas digitales hacia las profundidades de lo afectivo dejó desarmado a los progresismos que sostenían una retórica añeja y superficial, de la mano de una exacerbación de políticas del deseo culturalistas. Las cuales perdieron eficacia frente a inclinaciones más primigenias como el hambre, el odio y el miedo (aunque no solo estas). Previamente las tecnologías digitales y algorítmicas ya venían generando significativos avances en el registro de saltearse la deliberación racional y capturar, e inclusive suscitar, las propensiones inconscientes, siguiendo a Rouvroy y Berns, donde habitan los potenciales afectivos.
La fractalidad y complejidad que habita la interioridad del ser humano, tanto en lo personal como en lo colectivo, requiere de una revolución epistémica que nos permita superar tanto los límites del estructuralismo como del posestructuralismo. Particularmente, resulta imprescindible lograr ir más allá de los aportes del giro lingüístico, el psicoanálisis canonizado y el culturalismo en ciencias sociales. Aquello que no terminamos de diagramar e incorporar de las profundidades de lo inconsciente es ya, hace tiempo, objeto del poder. En el carácter simultáneamente personal y colectivo, energético y proto-estructural (germinal), inmanente y trascendente, una gran ayuda como un gran peligro si se descuida, de dichos potenciales, contamos con el punto de anclaje para proyectar una defensa desde una concepción más amplia del ser humano contra esta avanzada total del poder en nuestros tiempos.
Crisis civilizatoria y tuétano ontológico-político
Argentina se encuentra cada vez más en el ojo del huracán de la crisis civilizatoria. Constituye el principal país donde el Estado, desde la conducción gubernamental de Javier Milei, se fusiona y subordina colonialmente a las grandes corporaciones tecnológicas para instituir un control total de nuestra población y nuestros recursos. La articulación integral de la información que relevan las plataformas digitales y las distintas mediaciones institucionales del Estado (dobles digitales) con fines de control social y neutralización de cualquier margen de incertidumbre para el proyecto de dominación del imperialismo occidental en decadencia (que nos está volviendo a relegar a ser su patio trasero), remite al arquetipo universal de la bestia que devora, en este caso al pueblo-nación, o la serpiente que al fin nos engulle (parafraseando a Silvio Rodríguez). Solo queda en nuestras manos despertar y accionar para frenar la distopía sin salida a la cual nos están conduciendo aceleradamente el curso de nuestro país en la presente crisis integral de escala mundial.
El nudo está en lo ontológico y su puente con lo político y de ello da cuenta la “Magnífica Humanidad” de León XIV. El aproximamiento de las espiritualidades al rigor científico merece un gesto genuino, ecuánime, lejos de todo dogma, de permitirnos una interpretación genuinamente relacional del ser humano y lo social, abandonando definitivamente los determinismos fisiologicistas y exterioristas y sus hibridaciones (considero que se vienen dando importantes pasos en esa dirección). Nos encontramos en la cúspide y decadencia de un proyecto civilizatorio que encumbró la subordinación de la comunidad de vida al materialismo y ahora -como nunca antes- pretende eliminar toda posibilidad de resistencia mediante la anticipación y neutralización de cualquier disruptividad personal y colectiva.
Milei y Peter Thiel están pretendiendo instituir un positivismo absolutizador y totalitarista en Argentina; el cual desde el exceso de simulaciones de libertad pretende ocultar el más pleno autoritarismo que haya existido en la historia de la humanidad. Tapando las posibles salidas, pero a la vez -paradójicamente- obligándonos a ver lo que no vimos si es que queremos darle a esta historia otro desenlace posible; ya que en aquello que en el ser humano no se subordina a mera fisiología y efecto de la exterioridad habita lo que nos permite enfrentarnos a esta avanzada total hacia la interioridad psicosocial, y ello es susceptible de un abordaje analítico (al cual el canon moderno-occidental se ha cerrado.).
Haciéndonos eco de las necesidades de nuestros tiempos resulta fundamental que hagamos pie en las afirmatividades de las profundidades del ser humano donde se expresa una energética que es simultáneamente fisiológica y psíquica, desde la intermediación de la condición afectiva. Potenciales que se manifiestan siempre en formas singulares que asumen los motivos comunes y cuya posibilidad de despliegue es intrínsecamente relacional.
El apremio social, político, en fin, integral de nuestros días puede merecer para algunas lecturas una subestimación de academicista de la presente nota. Asumo el riesgo, una vez más, porque tengo la plena convicción que hoy más que nunca es la soberanía epistémica la que nos posibilitará reformular una propuesta de Estado para superar y renacer en medio de la crisis civilizatoria en la que nos encontramos, con Kairós y Pachakuti soplándonos la nuca, cada día un poco más.
Será cuestión de poner manos a la obra y patear para adelante. Un poeta, músico, filósofo y referente cultural ya nos avisó que “cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón”.
Milei y Peter Thiel están pretendiendo instituir un positivismo absolutizador y totalitarista en Argentina; el cual desde el exceso de simulaciones de libertad pretende ocultar el más pleno autoritarismo que haya existido en la historia de la humanidad.