Una y mil veces: uruguayos en Nicaragua detrás de una utopía
Este 29 de abril se estrena Una y mil veces: uruguayos en Nicaragua detrás de una utopía, de Ernesto Fontan. Tras dirigir su ópera prima -Tarará-, fundó Ámbar Cine, su propia productora y comenzó a trabajar en el flamante proyecto. El documental reconstruye, tras más de cuatro décadas, la historia de medio centenar de uruguayos exiliados -52, para ser específicos- que durante las dictaduras de los años 70 se sumaron al Frente Sandinista de Liberación Nacional para combatir y derrotar el régimen de Anastasio Somoza en 1979.
Fontan, cuyo nombre es en homenaje al Che, se interesó por los movimientos revolucionarios de liberación desde muy joven. De esa manera, Una y mil veces es una historia profundamente latinoamericana: a lo largo de poco más de una hora sigue el itinerario vital y político de ese grupo de militantes que, tras atravesar Argentina, Chile y Cuba, tuvo una participación clave para la caída final de la dinastía somocista.
Está narrada desde adentro, por los protagonistas y sus familiares, lejos de una mirada exclusivamente historiográfica. Trabaja sobre un eje doble, personal y humano, a través de charlas, entrevistas, reuniones y otras actividades comunes: conocer sus motivaciones y describir aquellos años marcados por la violencia. Un relato íntimo apoyado sobre el dolor, pero también la convicción y la memoria. Muchos ex combatientes no lo habían contado siquiera en sus casas, por lo que abrió distintas conversaciones. A su vez, evidencia su proceso de realización, lo que funciona como una especie de homenaje al documentalismo.
El director relata que se encontró con la historia durante la gira europea con su film previo. En una proyección en Cataluña se le acercó José Pommerenck, que junto a compañeros ya venía trabajando la idea. Querían dejar testimonio, ya sea en una película o en un libro. Se integró al proyecto y replicó casi el equipo técnico argentino de Tarará. Si bien había sido seleccionada para recibir respaldo del INCAA, tras el cambio de gobierno el organismo fue vaciado y desfinanciado. Venía siendo filmada desde 2021 en distintos países -Argentina, Costa Rica, Nicaragua y Uruguay- pero aún faltaba el cierre en Cataluña, por lo que tuvieron que recurrir al financiamiento colectivo a través de la plataforma Goteo y lo consiguieron llevar adelante gracias a ese apoyo.
El equipo de producción incluye ex combatientes internacionalistas y documentalistas de diversos países encargados de la investigación el guion para respaldar la veracidad de los hechos narrados. El historiador y politólogo uruguayo Gerardo Caetano acerca la historia de Nicaragua en el siglo XX y la figura de Sandino. Sin embargo, más que un ejercicio de reconstrucción histórica, es un acto de memoria colectiva. El nombre de Héctor Altesor, de la Unión de Juventudes Comunistas, sobrevuela las anécdotas: cayó en combate tres días antes de la toma del poder. Ese factor ordena emocionalmente el relato.
El documental culmina con el triunfo sandinista y no aborda las décadas subsiguientes en Nicaragua, más allá de algunas reflexiones particulares. De todas formas, funciona como sanación para militancia y familia y, con su dimensión ética, dispara varias preguntas. Por un lado, ¿volverían? Por otro, ¿qué lugar ocupa hoy la utopía en nuestras sociedades? En esa tensión es donde encuentra su mayor potencia, en tiempos individualistas. Es también una reparación, al poner en primer plano a quienes creyeron que otro mundo era posible.
Tras su estreno en Uruguay en noviembre pasado, y en línea con su postura autoral, Fontan ya está empezando en su próximo proyecto: vincular el bombardeo de Guernica en 1937 con el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955. “Quiero explorar qué se puede hacer desde el cine para recuperar esa memoria”, afirma. Por eso merecen ser narradas. Al fin y al cabo, una invitación a recordar, una y mil veces, que la historia también está hecha de decisiones individuales que, en su conjunto, pueden ser capaces de cambiar su rumbo colectivo.