Algunas reflexiones a partir de “Oro Verde”, el nuevo libro de Ohuanta Salazar

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    Ohuanta Salazar
POESÍA

Algunas reflexiones a partir de “Oro Verde”, el nuevo libro de Ohuanta Salazar

31 Agosto 2025

Hace algunas semanas vengo pensando en el nuevo libro de Ohuanta Salazar. Es un libro poderoso, porque el Yo lírico logra, a partir de una experiencia vital concreta, hablar de temas universales: los vínculos afectivos y familiares, el pasaje a la adultez y todo lo que conlleva. Pero además, el libro logra problematizar el lugar que la ciencia le otorga a las feminidades.

Así, en Oro Verde (Camalote, 2025), Salazar narra su paso por el pueblo homónimo, en Entre Ríos, durante su formación como estudiante de Bioingeniería. Desde ese lugar de transformación —geográfica, afectiva y simbólica— escribe versos de una intimidad tajante, en los cuáles saberes técnicos y emocionales se entretejen con naturalidad.

Paula Jiménez España, en la contratapa, señala que en estos poemas “los conocimientos físicos y matemáticos funcionan como metáforas de la existencia entera”, y eso se puede ver claramente en versos como los del poema “Ruido de fondo”:

 

“Las microondas prueban que el universo se expande / nos había enseñado el profe Lamas, allá en Jujuy. / Parece que todo se aleja del origen empujado por algo, / como los rayos de sol sobre este horizonte verde y dorado”.

 

Allí se encuentra un Big Bang personal: ciencia y emoción, física y pérdida, memoria y paisaje fundidos sin solemnidad. No es la ciencia la que explica el mundo, es la poesía la que toma prestado ese lenguaje para decir lo que no puede decirse de otro modo. Como ya dijo Liliana Bodoc: “Entonces, que bueno que los científicos nos expliquen el mundo, que los biólogos, que los físicos, que los químicos lleguen y nos expliquen este lugar que habitamos. Pero qué bueno que también los poetas nos expliquen este lugar que habitamos”. La poeta construye una respuesta en poemas como el siguiente:

 

“Acaso la ciencia / es buscar y buscar donde no sabemos y la poesía / es amar algo que no alcanzamos”.

 

Porque quién si no la poesía para equilibrar la balanza del sentido y dar forma a algo que no se puede entender del todo, de qué forma si no es con la intimidad de las palabras de siempre, puestas de otra forma para lograr un artefacto estético que sea genuino en su belleza.

De este modo, en Oro Verde sucede esa instancia de afirmación que sólo es posible si se logra una distancia entre lo que se piensa y se percibe, ya que en el mismo se transita desde el lenguaje científico hacia una percepción más amplia y sensible del mundo. No se trata de rechazar esa lengua, sino de incorporarla:

 

“Escribía versos en sus ratos libres, encontró / la ecuación de la onda, su mejor poema / música del átomo, spin del electrón, latido, / partitura del universo ”.

 

Esta operación —apropiarse del lenguaje técnico desde la poesía— está cargada de esfuerzo pedagógico. Los poemas permiten al lector no solo comprender la metáfora, sino también adentrarse en el universo físico, muchas veces inaccesible para el público lego. La divulgación científica se vuelve aquí labor poética. Y esa tarea se conjuga con una militancia feminista sutil pero firme: el libro deja registro del arduo camino que implica para las mujeres estudiar ciencias duras.

 

“En Austria el día del inventor es / el cumpleaños de Eva María, Hedy Lamarr. / El día del inventor / tiene nombre de mujer”.

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Tapa oro verde

Esta conjunción entre poesía y ciencia me lleva a reflexionar sobre el vínculo entre ambas disciplinas: ¿Qué tienen en común? El doctor en antropología social Carlos Reynoso, sostiene en el artículo Arte y ciencia, que ambas comparten estructuras profundas, especialmente en lo simbólico y lo creativo. Asimismo mientras la ciencia se orienta a la verificación y la replicabilidad, el arte se mueve en lo subjetivo y lo experiencial. Sin embargo, tanto científicos como artistas emplean procesos cognitivos similares, moldeados por su entorno cultural, político y tecnológico.

La dimensión creativa, entonces, es la clave: la ciencia no es únicamente habitación de lo racional, sino que también es invención y mirada atenta. Y no se trata del observador que espera de forma pasiva, sino de aquel que con su ojo da sentido (como un lector que termina de darle forma al poema).

En ese punto, entre otros, se intersecta con la poesía. Como dijo Cesare Pavese y repite Salazar, “la poesía es otra vía hacia el conocimiento”. Esta intuición fue compartida también por Juan L. Ortiz, quien en una entrevista también reflexionó sobre el vínculo entre ciencia y arte:

“El artista tiende a la sensibilidad, el científico obra por concepto, por abstracción [...]. Pero las matemáticas y la química, y aun la filosofía, están determinadas, en lo profundo, por la intuición que, tal como señalara Einstein, es de tipo poético”.

 

Para Ortiz, la ciencia y el arte son “dos vías” de acceso a la realidad. Ambas requieren amor y asombro por el mundo. Esa misma sensibilidad atraviesa la poesía de Salazar:

 

“¿Se dan cuenta que en treinta y tres años / cuando vuelva las Leónidas / no

estaremos juntos?. dijo mi amigo Nico, / porque a veces el cielo en la noche de Oro Verde / le hacía decir cosas raras. (...) Nico tuvo razón. / Aún la estrella más definitiva / pasa como un halo, / y ya no está”.

 

Creatividad e intuición para trabajar con la materia del mundo: eso parece ser lo que comparten tanto la ciencia como el arte. Si intentáramos imaginar un diagrama de Venn, podríamos decir que ambos campos, desde sus formas y técnicas particulares, buscan comprender, dar forma y explicar esa materia extraña que es el mundo.

A lo largo de la historia, hay numerosos ejemplos de cómo se retroalimentan —la ciencia ficción es quizá el más evidente—. Superar la falsa dicotomía entre ambas disciplinas es, entonces, un gesto político y civilizatorio, y desde ese lugar es que deberíamos abandonar las fronteras y abrazar una forma de pensamiento que articule razón y emoción.

Ohuanta Salazar nació en 1975 en San Miguel de Tucumán, creció en San Salvador de Jujuy donde se formó como Técnica Química, cursó Bioingeniería en la provincia de Entre Ríos y actualmente reside en Buenos Aires. Publicó Patios de Obanta, relatos (Ed. Tahiel, 2017); La Revancha de mis Pedazos, poemas (Ed. Tersites, 2018); Parada Obanta, poemas (Ed. Tren Instantáneo, 2022).

Finalmente, Oro Verde puede leerse como un ejemplo de ese “abrazo necesario”. Una estación de paso —como lo fueron Patios de Obanta y Parada Obanta— en un recorrido poético que crece libro a libro, en el tiempo. Diana Bellessi sostiene que a los autores contemporáneos se los conoce así: en ese cuerpo de obra que va desplegándose ante nuestros ojos. En esa línea, Oro Verde marca una continuidad, pero también una inflexión, una apertura hacia nuevos territorios poéticos.