La belleza de lo extraño: “Juro que la estepa va conmigo”, de Laura Klein
Juro que la estepa va conmigo es el flamante libro de la poeta, filósofa y ensayista, Laura Klein, editado por Miño y Dávila.
Se trata de una antología que reúne más de cuatro décadas de escritura, con selección y prólogo de Mario Nosotti y una entrevista de María Mascheroni.
El Libro está compuesto por las obras A mano alzada, Vida interior de la discordia, Bastardas del pensamiento, La brutal bruz, La comedia de los panes y La vara y el río.
La otra vez leía que para un poeta cada libro es una apuesta estética diferente. Incluso puede variar en su estilo. A favor mío intenté interpretar que no somos siempre los mismos y que en realidad cada libro refleja el contexto, el ánimo y la experiencia del poeta. No es que cambie su estilo sino que según va cambiando su percepción del mundo suena una música distinta.
Me gustan las antologías porque muestran ese recorrido que hablan más de una vida que de un recorte en particular de ella.
Las antologías nos muestran todos los yoes que fuimos.
Laura Klein es una poeta exquisita. Maneja el lenguaje con una capacidad de orfebre. Muestra la riqueza inconmensurable de la lengua.
Juega con las palabras y con el espacio.
Les da la materialidad, me la imagino armando un tetris, un Scrabble o un rompecabezas de palabras.
Hace un collage que vuelve visual la lectura. Cada pieza está en perfecto orden, no sigue un ritmo lineal, un poema es una pieza única, un concepto y una forma, sobre todo.
Laura Klein es una poeta en la que prevalece lo que dice pero también cómo lo dice.
También podría llevarla al discurso cinematográfico, son poemas pero pueden leerse como un conjunto de fotogramas.
Además pienso en Ezra Pound y su método idiográmico, en el que trabajaba contenidos abstractos mediante imágenes concretas.
Laura Klein hace una danza de palabras. Se mueven en el espacio al ritmo de la escena que relata.
Intentaré abordar las obras según su contexto y condiciones de producción.
A mano alzada abarca desde 1983 a 1986, una poeta joven que publica en el advenimiento de la democracia, luego de un período de silencio y dictadura. ¿Cómo se escribe desde las sombras? ¿Cómo se cuenta sin poder usar todo el abanico de palabras? me preguntaba mientras leía. Tal vez la respuesta esté en uno de sus epígrafes de Fernando Pessoa:
El poeta es un fingidor
finge tan profundamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que de veras siente
En estos poemas la experiencia es tan elocuente y oscura que es “imposible contar” la poeta atravesada por el dolor acude a lo inefable en un momento donde la poética está desprovista de luna, hay resistencia y un cuerpo que aguanta, “los ojos muertos en combate” “ojos bajos” ojos que no saben, ojos cansados. ¿Dónde va la mirada que no encuentra palabras para contar lo que ve?
Tal vez la forma de decir sea críptica, haciendo funcionar la lengua con todos sus recursos, utilizando el verbo de modo impersonal, ocultando el sujeto que habla. A medida que los poemas van avanzando se va mostrando un poco más, sin embargo predomina la distancia, el infinitivo, la tercera persona del singular. ¿Quién habla? ¿Quién aguanta? ¿Quién resiste? ya en el segundo poema aparece la figura del temor, la fuente del terror en la tercera persona del plural, ellos que “del mismo plumetazo borran” “extraños cuando empujan damas al mar”, “se visten de plata o pelusa/han de ser temibles cuando/empujan damas al mar”. Aparece un imperativo elocuente “cálmese el país y los que bailan". y una aparente desilusión “alzan el puño y no hay caso/creen crecen y no/vale dormir como animal”.
En los primero poemas predomina el tiempo presente y a partir del tercero empieza a irrumpir el pasado “la cosa fue matar y corregir/matar y colegir que los ojos no saben/hubo un fogueo cabezas tristes/el material de libros enormes/bajo pena. Y otra vez la idea de la imposibilidad de decir “la mano presa en la boca/aprieta palabras/pega toma capa lo mejor”.
¿Quién osa “obrar sobre la propia tenue”? ellos que matan y corrigen, ellos que abusan de la debilidad, de la fragilidad, de la vulnerabilidad de la propia vida.
con un despliegue de recursos y elementos de la retórica poética interpela un tiempo, ilumina con belleza un periodo oscuro, dice más de aquello que le permiten decir las palabras. Habla de muerte, de soledad, de miedo, de violencia, de pérdidas, de amistad, logra alumbrar un cielo sin luna, quita el peso de la experiencia y multiplica los sentidos de una época.
Como loca que cose
Como loca que cose frente
a una ventana seca
y defendiera los ojos de mirar
por si puras hubiera algo
que guardar y este su acervo
definese cayendo al silencio
por descuido inefable o historia.
Laura Klein es una poeta exquisita. Maneja el lenguaje con una capacidad de orfebre. Muestra la riqueza inconmensurable de la lengua.
Vida interior de la discordia es del año 1994, diez años después la poeta convoca a Kafka “Los cuervos afirman que basta un solo cuervo para destruir el cielo” sale del temor y juega como una ars poética del arte conceptual, la hoja en blanco es un lienzo y los colores se mueven y se agitan conquistando lugares nuevos.
¿Cuánto puede un cuerpo? otra vez la distancia, la observación pura de un cuerpo que yace, que se ahínca, que camina, que se ofrece. La pasión como símbolo bíblico de dar la otra mejilla, de crucifixión, el ruego, la creencia, ¿quién acude arrodillado?
“El estorbo de la existencia”, “Sin halago, un alma no se deja”, una guerra, la mitología irrumpe con palabras sueltas, una zarza que hace su inmundo trabajo.
Lo críptico se fortalece, otra vez el presente, la despersonalización, lo onírico.
El gran interrogante: “la vida es prodiga?/ a qué sirve un puente/junta o separa; repite/tobillos sanos y tobillos enfermos”.
glosa para una ofensa: enmienda no hay
puesta la raya en el curvo mundo
miente
noche por niebla
Bastardos de pensamiento es del año 1997. El primer poema dice “crían desconfianza pero la cabeza insiste”. “Ellos” los bastardos. ¿Cómo habitar ese sitial lleno de pardos?
Una fauna extraña de dragones, una flora de asfódelos que se comen entre sí. En este libro, Laura Klein con una influencia creacionista, pero también algo de neologismo, vanguardia y Trilce.
Inventa una atmósfera, ese sitial donde la luna se aleja y “botan cadáveres de mosca a la Siberia” y sin embargo aparece por primera vez el pronombre personal “y mi destino: existencia octífera adentro de un astro oscuro/llevando calma trayendo suero en este piringundín sin ventanas”.
Aun así inmersa en un arte indescifrable parece estar la continuidad de la poesía que precede. Las ventanas, la impiedad, la pesadilla. Y el presente, la muerte, la morfina, la cabeza de una madre y los recuerdos.
La comedia de los panes es del año 2011. Este libro es un quiebre en la poesía de Laura, por primera vez aparece explícitamente el yo poético, la primera persona y el pasado. Es un grito y un nosotros.
“Fue que yo estuve viva el año de la humillación” “Contemplamos la falta de ternura en el rostro de cada uno/como un foco político de la desgracia”. Ya no hay eufemismos, ni metáforas encriptados, ni mundos con seres extraños. Aquí se aclaran las personas del verbo.
Un yo que dice “no vi más de lo que vi/no vi menos”
Un nosotros “compartíamos miedo/fue imposible evitarlo./ desde aquí veo el miedo./Mucho más no se puede decir.”
Y un ellos: “Nos querían aplastar./ atrás de los cuadrados de heno/apretamos el lado angosto y gritamos/¡nos quieren aplastar!”
Se mueve en el tiempo con soltura, cambia la percepción del pasado, hay un reconocimiento de yo “yo era un ancla”, hay memoria, resistencia, pero también reconciliación con la historia personal. Ahora la distancia no es con el poema, ni con las palabras, es con el trauma. La poeta al fin encontró las palabras para contar. Encontró una forma de ordenar el caos. Hay puntos, un cuerpo contenido en un lugar tranquilo, una luna que se acerca y miedo que se aleja. Hay respiración suave “respiro el aire que guardé en un cuerpo”. Hay una claridad que solo la da tiempo que te distancia de la experiencia. “Hablo de lastimaduras”. “Hubo lesiones y lesionados” “Fue que yo estuve viva y no sé cómo”. Hay un antes de sueños truncos, pero también deseos futuros. Hay vida, multiplicación en la estepa: “siempre que el mundo se arruina se multiplican las arenas”.
La vara y el río es de 2025. El río como sinónimo de movimiento, de giro, de caída, golpe y vida. En estos poemas el yo es elocuente y directo. Un río que ni importa si es real o una construcción propia y una vara que mide hasta donde acercarnos al dolor, cual es el límite de nuestro dique, saber dónde caer y donde levantarse.
La vara es mía.
La corté una tarde en que el yuyal movía sus talos
a cual más cortante
lo hice buscando cierta paz, para preservar las distancias.
Mientras, extraño la ternura.
Juro que la estepa va conmigo.
Juro que la estepa va conmigo más que un libro es un acontecimiento, cada etapa poética de Laura nos demuestra la función infinita de la lengua. La multiplicidad de sonidos y registros que logra tener un poema. La manera en que van cambiando las formas, las influencias, los procedimientos, los métodos y sin embargo la voz se sostiene. Spinoza se pregunta todo lo que puede un cuerpo. En este libro ese cuerpo que resiste y aparece una y otra vez pareciera ser esa voz que se expande, irradia, provoca, ilumina, que nos dice todo lo que puede el lenguaje.
Mario Nosotti la define como “la belleza de lo extraño” una poesía enigmática que nos invita a celebrar la palabra.