Demogorgons en Patagonia
2026 recién comienza y parece no dar descanso. Los primeros días de este nuevo año hacen caso omiso al supuesto parate vacacional para mantenernos alertas, presos de una incertidumbre. Al menos una parte de la población que no está subsumida en el otro lado, a esta altura: en el mundo al revés.
El mundo al revés es más que un recurso literario o una recordada canción de María Elena Walsh. Si concebimos al mundo (lo concreto) como una representación (una denominación, un berretín propio de las ciencias sociales) el mundo es lo que nosotros conocemos o preferimos conocer. Es decir, una gran parte de nuestra población (aquellos creyentes del modelo libertario, entreguista, profundamente amoral y materialista) ante la evidente política de desprotección ambiental y de entrega de nuestra soberanía se personifica en aquel perro antropomorfo que se hizo viral en 2020: me refiero al meme “This is fine!” (el personaje sentado tomando un café mientras su habitación arde en llamas).
Ese otro mundo en la actualidad, está representado en la exitosa ficción transmitida por la plataforma Netflix llamada “Stranger Things”.
La serie estaba ambientada durante la década de 1980, situándose en el pequeño pueblo ficticio de Hawkins, Indiana, Estados Unidos, donde sus residentes comienzan a lidiar con una dimensión alternativa hostil conocida como Upside Down, después de que una instalación de experimentación humana cercana abre una puerta entre ella y el mundo normal. Aquella dimensión alternativa era una variante del mundo real, aunque rodeado de aspectos tremebundos, de tentáculos viscosos y además donde se pasean unos bichos bastante asquerosos llamados Demogorgon.
“Stranger Things” se despidió después de haber transcurrido cinco temporadas el 31 de diciembre con un especial de dos horas. No obstante, lo que nos interesa para este artículo no es involucrarnos en el debate pueril en torno a la trama y su conclusión sino más bien en los efectos que provocó sobre sus seguidores.
El último episodio provocó interminables discusiones entre sus seguidores, despertando al poco tiempo una serie de teorías que abjuraban que el episodio 8 no había sido el final definitivo sino que existiría un episodio 9. Inclusive con una serie de aparentes pruebas que aparecerían en el último episodio, se revelaría aquel supuesto final definitivo el 7 de enero de 2026 a las 19hs. Como aquellos agoreros que especulaban con el apocalipsis cuando acaecía un cambio de siglo, los fanáticos de la serie esperaban aquel final sorpresa, casi como si fuera un mero capricho lejano de todo sentido común. Como si fueran unos niños caprichosos que quieren algo imposible de conseguir, como una alegoría de la propia trama, estaban negados a la realidad. Como aquella realidad no les resultaba satisfactoria recrearon ellos su propio “mundo al revés”. El absurdo no termina ahí: numerosos sitios publicaron aquel 7 de enero sus aparentes opiniones sobre el capítulo 9, afirmando que ya se encontraba disponible en la plataforma instalando la idea de que existía. Lo acontecido es una muestra cabal del modo de percibir la realidad que tiene la población absorbida por el posmodernismo: parecen vivir como los cautivos del malvado personaje de Stranger Things, quien les impregnaba los pensamientos haciéndoles creer que vivían en una realidad rosa cuando era una mera ilusión. La situación es sumamente ilustrativa: los personajes prisioneros de Vecna viven el posmodernismo siendo irreflexivos, subjetivistas, porfiando todo atisbo de sentido común.
Demogorgons en Patagonia
Dos días antes del estreno del capítulo 9, que no existió aunque muchos sostenían que sí y aún lo esperan, empezaron los incendios intencionales en nuestra Patagonia. Sin embargo, las noticias se hicieron públicas, y fueron levantadas por los principales medios hegemónicos el 7 de enero. Es decir, mientras gran parte de la población negaba el final definitivo de la serie esperando el auténtico recién empezaban a filtrarse informes sobre una tragedia natural que impresiona. Es la lógica trágica, si no está reflejado en la virtualidad, no existe. Y lo que existe en la virtualidad no necesariamente sea real, sino meros deseos irracionales. En tanto, mientras la tragedia ambiental se les iba de las manos, los medios comenzaron aducir teorías absurdas donde podrían ser simples imprudencias de turistas demogorgons que quisieron “hacer un fueguito” o bien una serie de mapuches resentidos que intencionalmente quieren prender fuego la tierra de sus ancestros.
¿Por qué se evita desconocer lo real? La respuesta es más que obvia, aunque encierra una potencia que la mayoría desconoce: porque la avanzada entreguista del gobierno, en desmedro de nuestra soberanía termina siendo escandalosa. Y los dueños del relato virtual, pueril e insensato saben que, como ya ha afirmado Juan Rattenbach, nuestra identidad nació con el rechazo a las invasiones inglesas y se ha reforzado en varios momentos de nuestra historia como en la gesta de Vuelta de Obligado, en las montoneras que rechazaron la guerra imperial contra Paraguay, en nuestro Pueblo humilde pero sensible que aún sueña con recuperar Malvinas. Cuando varios despierten inevitablemente del letargo absurdo que domina el Upside Down y observen que los demogorgons son esbirros de los capitales extranjeros que buscan vaciar nuestros recursos, y tomar posesión de nuestro territorio, ahí volveremos a nuestra realidad. La Nacional. Porque, como decía el General, la única verdad es la realidad