El naufragio del sálvese quien pueda

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    TRUMP MILEI

El naufragio del sálvese quien pueda

23 Septiembre 2026

Para comprender la crisis social y política que atraviesa nuestra Patria no basta con analizar las planillas del Banco Central ni los indicadores macroeconómicos. El impacto del modelo neoliberal no solo destruye el aparato productivo y desmantela el Estado; destruye, fundamentalmente, la trama humana y la subjetividad de nuestro pueblo. En la cima de esta cultura del individualismo salvaje germina una configuración psíquica particular: el sujeto “border-narcisista” o a-estructuras.

Podemos pensar, entonces, que el gran logro del capitalismo actual fue generar un quiebre en el sujeto, y de ahí a la sociedad. Un gran error como militantes pensadores fue no ver venir lo que significaba la generación de gente frágil, atravesada por el aislamiento y con un profundo pensamiento mágico.

La anatomía de la fragilidad: ¿Qué es la subjetividad border-narcisista?

Desde la perspectiva de la salud mental y las ciencias sociales, el perfil border-narcisista representa una síntesis destructiva entre dos lógicas de sufrimiento contemporáneo:

El componente narcisista: Se caracteriza por un ego hipertrofiado pero profundamente frágil. Es la necesidad imperiosa de validación externa, de sentirse superior y de utilizar al otro como un mero reflejo o peldaño. Bajo el eslogan del "hombre que se hace a sí mismo", el narcisista no tolera la vulnerabilidad, la frustración ni la dependencia mutua.

El componente borderline (límite): Aporta la inestabilidad emocional pura, la desregulación, el vacío existencial y una visión polarizada del mundo (donde todo es en blanco o negro, héroes o traidores, amigos o enemigos mortales). Existe una incapacidad estructural para tolerar la ambigüedad o construir vínculos sostenidos en el tiempo.

Cuando ambas dinámicas se fusionan en la sociedad, emerge un comportamiento caracterizado por la impulsividad, la falta de empatía, el anhelo desmedido de figuración y una angustia permanente provocada por la falta de un eje interior sólido. Es el producto directo de una sociedad que glorifica el consumo individual y desprecia el esfuerzo colectivo.

Hay una preponderancia del pensamiento mágico, que junto a la necesidad de los inmediato se hace muy dificultoso el planificar sus vidas o pensar un proyecto colectivo a largo plazo. Es una de las razones donde los gobiernos duran solo un mandato. No menor, la relación de los bajos ingresos, con lo impulsivo, también se junta con la dificultad de poder acceder al pensamiento “formal Abstracto”. 

Qué es el pensamiento formal abstracto? El pensamiento formal abstracto es una etapa del desarrollo cognitivo que se caracteriza por la capacidad de razonar de manera abstracta, hipotética y sistemática. Durante esta etapa, los individuos pueden pensar en términos de conceptos y principios abstractos, separados de situaciones concretas. Este tipo de pensamiento permite a los adolescentes y adultos formular hipótesis, deducir consecuencias lógicas y realizar operaciones mentales complejas. Además, el pensamiento formal abstracto fomenta la reflexión crítica y el desarrollo de la mente, permitiendo a los individuos analizar y evaluar diferentes puntos de vista y perspectivas. 

Podemos pensar que parte del gran fracaso de los exámenes PISA, proviene de la imposibilidad de comprender, de leer críticamente y entender consignas; ni que hablar de las materias abstractas. 

Es imposible no pensar la relación de lo individual, con los social, con la instrucción de las escuelas y la pobreza. Pensar que porque se “manifieste” se cambiará la realidad, es propio de estas formas de pensamientos más concretos. 

La trinchera doméstica: Inseguridad, encierro y el mito de la igualdad digital

El repliegue del sujeto en su burbuja no ocurre en el vacío; se retroalimenta del deterioro de la vida cotidiana. La violencia urbana y la proliferación de los robos pequeños generan un estado de amenaza permanente que fragmenta el espacio público. Ante el miedo, la respuesta es el encierro: el espacio de la calle —donde históricamente se construía el encuentro entre iguales y la organización vecinal— es abandonado.

En esa trinchera doméstica, el sujeto se refugia en la pantalla, las redes sociales y los videojuegos, donde construye vínculos virtuales y superficiales que reemplazan el compromiso comunitario. En este contexto de empobrecimiento material, el sistema opera una refinada ilusión pedagógica:

1. La democratización ficticia del consumo: El acceso generalizado a internet y a los teléfonos celulares genera un efecto de espejismo. Dado que tanto el trabajador como el gran empresario consumen los mismos productos digitales e interactúan en las mismas plataformas, se instala la falsa idea de que *"todos somos iguales"* y que las clases sociales han dejado de existir.

2. La invisibilización de las estructuras de opresión: Al borrar simbólicamente la brecha de clase a través del consumo tecnológico, la desigualdad deja de explicarse por la concentración económica o la falta de derechos. La pobreza pasa a ser leída únicamente como una falla moral individual: “si soy pobre es porque no me esfuerzo”.

La paradoja de la clase política: Dirigencia a-estructural, mesas chicas y ceguera histórica

Nuestros dirigentes políticos no bajan de una nave espacial ni habitan una estratosfera abstracta; emergen de esta misma sociedad fragmentada. El liberalismo también les ganó la batalla cultural a muchos de nuestros propios dirigentes, colonizando su forma de pensar y actuar.

Claramente podemos pensar dos o tres temas que se juntan para entender esta encrucijada de la clase política:

El pensamiento fragmentado y sin Plan Nacional: Al estar atravesados por la inmediatez, se perdió la capacidad de planificar el país en su totalidad, reduciendo la gestión estatal a simples parches y acciones parciales. Se ataca una sola cosa a la vez, y a nuestros políticos partidarios les cuesta pensar un proyecto verdaderamente nacional y popular. Corren el riesgo de que, aun siendo peronistas, terminen administrando la economía con el mismo herramental técnico y ortodoxo que los liberales.

No hay capacidad de expresar un plan donde se cambie la “matriz” económica, sino generamos otra matriz, no podremos hacer un país para todos. Sólo haremos derramar un poco más, que los liberales actuales, pero no generaremos una posibilidad nueva para generar un país distinto. 

La omnipotencia narcisista de la "mesa chica": La dirigencia se acostumbra a decidir todo en mesas chicas cerradas, minusvalorando a la militancia de base. Se convencen con soberbia de que la militancia solo debe obedecer y ejecutar órdenes, obturando la participación y el debate real. No se registra que el cambio en la subjetividad es fuerte, no hay alianzas eternas, sino acompañamientos si responden a mi necesidad. Nuestra historia gloriosa, no motiva sino generamos una actualidad digna. Los ciudadanos no sostienen estructuras que no reditúen en calidad de vida, y en esto la sociedad ya creció, necesita ser oída. 

La lectura desde el recuerdo frente a una sociedad momentánea: Piensan que la gente vive del recuerdo de viejas glorias o conquistas pasadas, y no se dan cuenta de que la sociedad actual es fuertemente momentánea, dominada por la coyuntura del día a día y las necesidades inmediatas del trabajador empobrecido.

El olvido del trabajo como ordenador: No terminan de entender que el trabajo, aunque esté cambiando aceleradamente a nivel social y de país, sigue siendo la herramienta indispensable que organiza a la persona, le ordena el día y le devuelve la dignidad humana. La sociedad mundial cambió al respecto, pero en nuestras filas no es un debate de lo que queremos; y es una claudicación del ejercicio de la política: donde debería planificar una nación, y trabajo para los argentinos. 

La trampa del pensamiento mágico: "Si lo manifiesto, lo logro"

Ante el vaciamiento de la solidaridad comunitaria y la renuncia de la política a transformar la realidad material, el sistema instala la doctrina alienante del pensamiento mágico. Bajo la premisa de que "si lo deseo con fuerza" o "si lo manifiesto lo atraigo", se convence al individuo de que la sola fuerza de su voluntad alcanza para convertirse en un empresario "triunfante".

Esta fantasía desvía toda la energía vital y el esfuerzo personal del trabajador hacia una lucha estrictamente individual por modificar su realidad económica:

Invisibilización de las estructuras: Si la realidad depende únicamente de la mente, la explotación, la inflación, la falta de empleo y los monopolios desaparecen del análisis.

Culpabilización e internalización del fracaso: Cuando las leyes implacables del mercado destruyen la ilusión del "éxito", toda esa energía invertida se vuelve de forma agresiva contra el propio sujeto.

El colapso subjetivo: Al no alcanzar el objetivo irreal, el individuo no cuestiona al sistema, sino a sí mismo. Se convence de que es un "inútil", un "fracasado" que no tuvo la mentalidad adecuada, empezando a circular las ideas más oscuras sobre terminar con la propia vida.

La patología del aislamiento frente a la doctrina de la comunidad organizada

Como nos enseñara el General Juan Domingo Perón en “La Comunidad Organizada”, el ser humano solo se realiza plenamente en una comunidad que también se realiza. Nadie se salva solo. La doctrina peronista siempre sostuvo un equilibrio armónico entre la personalidad humana y la responsabilidad social.

Por el contrario, el modelo del "emprendedor aislado en su pantalla" y ser el único responsable de la situación económica, te llevan a: la patología del aislamiento. Lo que se viene repitiendo es una triste secuencia: encierro individual, promesas mágicas de mercado – pensamiento mágico, frustración cotidiana, vaciamiento del tejido colectivo que sostiene, concluye en el suicidio como salida al dolor psíquico, el gran logro liberal es no pensar en lo estructural, una economía que apunta a darle beneficios a una minoría. 

"La verdadera democracia es aquella donde el Gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo. Frente al egoísmo capitalista del 'sálvese quien pueda', “ se salvan los mejores”, el Movimiento Nacional debería proponer a los gritos: la solidaridad y la justicia social."

Del "yo" desbocado al "nosotros" transformador

Muy “naïf” sería pensar que esta desarticulación social es mera casualidad. El gran desafío histórico del peronismo en el siglo XXI exige romper la burbuja liberal dentro y fuera del movimiento, abrir las puertas de las mesas chicas y volver a escuchar la voz de la militancia.

Frente al discurso de la antipatria —que alimenta la paranoia border, el narcisismo individualista y oculta las estructuras económicas de opresión—, el peronismo debe volver a situar al trabajo como eje organizador de la Patria y reconquistar la Comunidad Organizada. La única cura contra el vaciamiento de la política y el aislamiento individual es recordar que la libertad no es la soledad del individuo en su trinchera, sino la conquista colectiva de un Proyecto Nacional con Justicia Social.