Mi amigo el transa 4: el "tusi" en ascenso
La figura del transa , aquel que dinamiza la comercialización ilegal de drogas, nos permite comprender mejor cómo se manifiesta el fenómeno del narcotráfico a una escala que nos ayuda a entender distintas aristas que atraviesan al fenómeno. Dado que el transa forma parte de un entramado que lo supera por arriba y hasta ejecuta acciones por debajo, pero al mismo tiempo establece vínculos laterales.
Pero al mismo tiempo, la experiencia de vincularse con un transa no es como a principios de los años 2.000 o en la década del ‘90. Donde la sensación de exponerse a más riesgos estaba presente, hoy por hoy hasta te lo lleva a tu casa o te invita a jugar a la playstation. Y en el mejor de los casos hace una fiesta y te invita. Eso habla también de la imagen y como se proyecta.
Ahora bien este actor central en la dinamización del mercado ilegal de drogas, no puede ser confundido con un narcotraficante. Sin embargo, en algunos casos la violencia latente está dada justamente por ser un mercado que funciona en la ilegalidad. Y lo que se mueve al margen de lo legal, tiene la tendencia de prevalecer por la fuerza.
En una publicación anterior, hice un intento por describir el mercado de la cocaína . Que tiene sus particularidades, ahora me voy a detener en la comercialización de las drogas sintéticas. Pero quiero advertir que un transa puede tener caramelos para todos los gustos, osea puede comercializar cocaína, tussi, MDMA, etc. Sin embargo, cada consumo tiene particularidades y lo mismo sucede con la oferta.
La principal diferencia que existe entre las drogas sintéticas, en contraposición con las drogas extraídas de plantas, es que necesariamente se realizan en laboratorios y a partir de productos denominados “precursores químicos”. Las drogas extraídas de plantas como la cocaína o la heroína se alcanzan procesando productos de origen vegetal.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en su último informe sostiene que dado los bajos costos de producción y las menos posibilidades de ser detectadas en las rutas de tráfico, la comercialización de las drogas de diseño se viene expandiendo velozmente. Esta advertencia la vienen sosteniendo desde finales de los ‘90.
Y si observamos el fenómeno desde la demanda, tenemos que los consumidores a nivel mundial de estimulantes de tipo anfetaminas son 30 millones y de éxtasis son 21 millones, esto para compararlo con los consumidores de cocaína que son 25 millones.
A esto se le suma que las organizaciones más estructuradas que controlan históricamente las redes de distribución, comercialización y tráfico, están incorporando las drogas de diseño a sus redes. Con otra particularidad y es que las drogas de diseño no necesitan de plantaciones geográficamente ubicadas para obtener su materia prima.
Por ejemplo, el fentanilo es un opioide sintético que emula los efectos de la heroína, pero con desencadenantes negativos para la salud mucho más potentes. La heroína es un producto derivado de la planta de opio, durante la invasión de EEUU a Afganistán que duró casi 20 años las plantaciones de opio crecieron exponencialmente. Cuando EEUU se retiró en el 2021, el Gobierno de Afganistán prohibió las plantaciones de opio en 2022. Esto presionó al tráfico de opioides sintéticos como el fentanilo, que en el 2023 fueron el segundo tipo de droga sintética de mayor incautaciones, con la particularidad que el tráfico se concentra hacia EEUU. Consecuente con esto es el importante problema de salud pública que tienen en la actualidad con la adicción al fentanilo. Este ejemplo no me parece menor para dimensionar como el tráfico de drogas tiene una incidencia importante en el escenario global.
No voy a profundizar ahora en la dimensión puramente económica de este mercado, pero muchos especialistas geopolíticos, como el ex Ministro de Economía de Ecuador, Pedro Paez (del Gobierno de Rafael Correa) sostienen que el narcotráfico es una de las arterias más importantes que alimentan al sistema financiero global, regional y local. En Argentina tenemos que pensar qué rol cumple la ley de “Inocencia Fiscal” o las últimas leyes de blanqueo, dentro de este esquema.
Dentro del mercado de las drogas sintéticas me parece representativo lo que ha ocurrido con el origen del consumo de “tusi”, hasta la actualidad. Porque nos puede ayudar a comprender mejor que representan estos tipos de consumos.
En Medellín a fines del año 2000, los jóvenes la élite Colombiana socializaron entre esos grupos de pertenencia, una droga traída desde Europa, denominada 2C-B en forma de un polvo blancuzco o en pastillas. Se la empezó a considerar una droga de élite, mucho más cara que la cocaína, pero que su consumo se había empezado a masificar. Y en ese proceso empieza a tener protagonismo los actores locales vinculados tradicionalmente al narcotráfico. El efecto psicoactivo del 2C-B es de tipo alucinógeno, en ese primer momento.
Como el 2C-B tiene un olor fuerte, se le empezo a agregar colorante para comida de color rosado. Por lo tanto tenemos como resultado el “tusi” que su nombre es una deformación fonética del inglés “2C-B”. Es importante observar que era un consumo de las clases altas, también considerado un consumo de nicho. Dada su apariencia rosa empezó a ser más demandada, pero también porque generaba un sentido de pertenencia a las clases más pudientes de la sociedad Colombiana. Esto lo marco porque en el consumo de estas drogas de diseño existe una cuestión social y cultural que establece una diferenciación y pertenencia de clases sociales.
Pero dada la mayor demanda, los distribuidores de esta droga comenzaron a mezclarse con otras sustancias como cafeína, MDMA (es una síntesis de tipo anfetamínico) y ketamina (utilizada como anestésico en medicina veterinaria, pero que tiene efectos psicoactivos estimulantes y disociativos). Inicialmente el 2C-B que se consumía tiene un efecto psicoactivo de tipo disociativo, pero cuando comenzó a ser comercializado ya como “tusi” y mezclado con otros estimulantes el efecto psicoactivo comienza a ser de tipo estimulante y disociativo. Ya para el año 2021 un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y Delito sostenía que muy raro encontrar 2C-B en latinoamérica. Por otro lado autoridades colombianas, sostienen que el valor del “tusi” llegó a estar en u$s70 el gramo y después de hundir a u$s10, lo cual si bien era por la calidad también es posible que sea por su masificación.
Por lo tanto, me interesa destacar dos elementos de esto. Primero, que fue un consumo introducido por jóvenes de élite, lo cual el consumo proyecta una pertenencia. Segundo, que una vez instalado el producto, o sea el “tusi”, ya no importa mucho que químico contenía mientras genere un efecto psicoactivo esperado. Esto es como que a la carne del surubí la pintemos de rosa y digamos que es salmón. Y esto abre una ventana para pensar la importancia que tienen dentro de las políticas de control de daño, los testers que pueden determinar que tipo de sustancia tiene lo que se consume.
Ahora voy a poner el foco en la Ketamina, porque es la sustancia mayormente encontrada en las incautaciones de “tusi” en Colombia, Chile y Argentina. El uso no controlado de altas dosis puede causar efectos nocivos cardiovasculares, respiratorios y el agravamiento de síntomas vinculados a la salud mental. Un litro de ketamina puede costar entre u$s 3.500 y u$S 4.000, de un mililitro salen entre 100gr y 50gr de ketamina (polvo) y el gramo de “tusi” puede oscilar entre los $20.000 y $30.000. Si el costo es de u$u 3.500 la ganancia es de alrededor de u$s 16.000. Otro dato es que es que se consumen más de 1gr de “tusi” por noche.
Esto me parece muy importante para dimensionar el mercado, la generación de valor que existe y las posibilidades que representa para insertarse en algún eslabón de la cadena de comercialización. Además de que el dinero que se genera y acá tiene un rol central el “transa”, permite dinamizar a través de esas ganancias la economía de un barrio en el que se inscribe. Pero también, para tener acceso a distintos bienes que van demostrando prestigio y hacen social.
Próximamente, me voy a enfocar en el mercado de MDMA, pero quiero remarcar que un “transa” puede ofrecer a la venta desde cocaína, “tusi” o MDMA. Sin embargo, hay consumos que tienen características particulares, como también públicos particulares. En diálogo con personas que se inscriben en este mercado, me sostenían que por ejemplo el público que consume cocaína era muy molesto, por lo tanto en varias oportunidades y diferentes fuentes, me decían que preferían no vender cocaína.
Otro dato, para desarrollar próximamente, es el aumento del consumo de ketamina y drogas de tipo anfetamínico que muestran las encuestas realizadas por la SEDRONAR, en la población universitaria y de colegios secundarios.