Moyanogate: un mal viaje
¿Por qué un incidente con drogas en el exclusivo barrio de Belgrano se convierte en noticia nacional, mientras que en los sectores populares se etiqueta simplemente como marginalidad? Esta disparidad revela la geografía de la desigualdad: un escenario donde el consumo atraviesa todas las clases sociales, pero la respuesta del Estado varía entre la cordialidad para los sectores pudientes y el trato inhumano para los más vulnerables.
Recientemente sucedió un hecho en el barrio de Belgrano por Avenida Libertador que involucró a dos personas con relativa gravitación pública. Si la misma escena hubiera sucedido en un barrio del sur de la ciudad o en el conurbano, no hubiera sido una noticia destacada o posiblemente se hablaría en términos de “fisuras” en un contexto marginal.
Sin embargo, la misma escena sucede en muchos lugares que no tienen edificios lujosos ni avenidas de renombre, mucho menos gente “cool”.
Más allá del hecho en sí, me parece importante reflexionar sobre lo qué está pasando. Y cual es la forma de abordarlo que se plantea desde el Estado.
Ahora bien, es un fenómeno que tiene varias dimensiones y aspectos, pero también atravesadas por las dinámicas territoriales.
Por lo tanto el tipo de consumo varía, más allá de que varios especialistas hablan de una tendencia al policonsumo, ósea el uso de distintas sustancias psicoactivas en un mismo rango de tiempo.
Mencionado eso, también hay distintos trabajos que evidencian el aumento del consumo de las drogas de diseño, que a diferencia de las drogas tradicionales, estas son producto de distintas síntesis químicas.
El mercado que vincula la demanda y la oferta, a través de la comercialización y distribución, también se está ampliando y estructurando. No solo a nivel global, sino regional y local.
Pero a su vez la crisis económica también pega en esos mercados, donde la mercancía a comercializar debe ser más estirada para que rinda más. Es así que las distintas drogas deben ser cortadas con otras sustancias que pueden ser más nocivas para la salud.
También el aumento del consumo genera más negocio para el rol de los “transas” y sumado a la tecnología de la comunicación y las plataformas de delivery, se combinan elementos que facilitan el aumento del mercado.
Más allá de una mirada prohibicionista o abolicionista de todo esto, la realidad es que los factores que posibilitan la ampliación del mercado ilegal, en mi opinión, está más vinculado a un modelo económico excluyente.
Por lo tanto, pensar en políticas públicas vinculadas al control de daños, podrían ser una herramienta de prevención para las personas que decidan hacer uso de distintas drogas y así saber que se está consumiendo. Y por otro lado informar sobre las consecuencias en la salud mental que producen los distintos consumos de sustancias psicoactivas, no solo en relación al efecto psicoactivo en sí, sino también en relación a los días posteriores al uso.
Insisto en que lo que sucedió en Belgrano, no es un caso aislado, sino que responde a un fenómeno que se está ampliando y que no discrimina por clase social. Por eso me parece importante pensar cuales son las respuesta del Estado ante este estado de situación, porque estas respuestas si hacen diferencia según el territorio en el que intervienen.
Si las personas que pertenecen al percentil más bajo de ingresos, padece algún problema vinculado al uso o abuso de sustancias el trato por parte de las fuerzas de seguridad es bastante inhumano por decirlo de alguna manera. Ahora si le sucede a alguien que pertenece a los percentiles más altos de ingreso, el trato es mucho más cordial.
Mismo el acceso a salud también varía, principalmente porque quien tiene más recursos tendrá más oportunidades de recibir un tratamiento más integral y mejor para las dolencias que padece.
Pero esto responde a una estrategia para abordar desde el Estado una “guerra contra las drogas” que tienen como única herramienta el uso de la fuerza. Que en sí históricamente ha fracasado pero que mantiene buen marketing, pero el problema es mucho más profundo y que cuando el Estado se corre de su función social le da la bienvenida a la proliferación y estructuración de un mercado que genera mucho dinero.
Por eso vamos a ver que en los territorios en donde viven personas de menores recursos, la respuesta del Estado es como por ejemplo el operativo “Tormenta negra” donde se pone en suspenso el Estado de Derecho y se permite cualquier cosa. Pero para los sectores más pudientes se los beneficia con blanqueos de capitales o inocencia fiscal, donde los Flujos Financieros Ilícitos encuentran formas de integrarse a la economía legal, en un modelo económico que necesita de liquidez constante.
Son dos caras de la misma moneda.
Mientras tanto seguiremos viendo cómo el Estado actúa de manera desigual según quien sea y donde sea. En un estado de situación que empeora, donde el consumo aumenta, el mercado se expande y la salud mental se deteriora, pero la fiesta sigue.
Pero nadie está ajeno a tener un “mal viaje” producto del uso de sustancias psicoactivas que se estiran y cortan con cualquier cosa en pos de emular un efecto psicoactivo esperado.
Y que básicamente el “transa” no tiene un control de calidad sobre lo que vende, ni mucho menos te pide un psicofísico para venderte. Es solo negocio. Donde tampoco nadie tiene el número del “transa” de Mick Jagger ni tampoco consumen la de Mick Jagger. Sin embargo, todos creen que sí.
No es cuestión de ponerse ortiva, pero hay que cuidar un poco más a nuestra gente. Porque el negocio nos va hacer comer un “mal viaje” a todos.