Primero hay que saber sufrir: comenzó el gobierno de Javier Milei

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    Milei habla en Casa Rosada el día que asume la presidencia 2023
    Foto: Noelia Guevara
EL AJUSTE AVANZA

Primero hay que saber sufrir: comenzó el gobierno de Javier Milei

11 Diciembre 2023

Javier Milei es el nuevo presidente de Argentina para los próximos cuatro años. No es una distopía, es real. El hombre torturado por sus padres, bullyineado en la escuela, el perdedor, el loco, el economista, el mediático, el que habla con sus perros muertos a través de una médium ha logrado llegar al cargo más alto al que puede aspirar alguien con apenas dos años de experiencia en el tablero político. La alianza “fácilmente infiltrable” que se consolidó en 2021 como La Libertad Avanza, ha llegado al poder.

Milei es el primer presidente de la democracia en ganar una campaña electoral prometiendo recortes brutales sobre la educación, la salud, el empleo y los salarios. Hay que destacar su mérito, dijo todo lo que Carlos Menem no se animó a decir en su campaña ochentosa. En su primer discurso como presidente, Milei prometió sufrimiento a cambio de “una luz al final del túnel”, retomando una metáfora de Gabriela Michetti durante su gestión como vicepresidenta del gobierno de Cambiemos.

“No buscamos ni deseamos las duras decisiones que habrá que tomar en las próximas semanas pero lamentablemente no nos han dejado opción”, dijo Milei ante una multitud y advirtió que se vienen meses muy duros, con un 40% de inflación por mes para una economía que venía soportando a duras penas un número inferior: 8% mensual.

Sobre el anunció de ajuste y represión, la gente respondió con cánticos de aliento al presidente y la policía. Milei salió al balcón de Casa Rosada entonando Panic Show de La Renga, la banda de sonido de su triunfo. Por favor, no huyan de mí / yo soy el rey de un mundo perdido / soy el rey y te destrozaré, cantó el nuevo presidente, mientras sostenía un bastón forjado con el rostro de sus cinco perros. “Hoy los argentinos de bien hemos decretado el fin de la noche comunista” expresó Milei con un soplo de guerra fría y emulando a Donald Trump con su Make America Great Again, dijo: “hagamos nuevamente grande a la Argentina”.

El desmoronamiento

Existe un libro del periodista George Packer (The New Yorker) llamado El Desmoronamiento. Fue publicado en el 2013, cuatro años antes de la victoria de Trump. Allí, Packer se encargó de reconstruir las vidas de algunos actores de la economía norteamericana que sufrieron los golpes de la crisis hipotecaria y otros eventos de magnitud social y política que los representantes estaban pasando por alto. En las ciudades la gente se había quedado sin trabajo, sin industria, sin perspectivas de futuro. El periodista escribió cinco perfiles de trabajadores, artistas, políticos y empresarios intercalados en el libro para contar vidas individuales y aparentemente aisladas unas de otras, atravesadas por el desmoronamiento de un contrato social. Esforzarse no era suficiente para atraer el sueño norteamericano, ya no. Era el fin de una manera de concebir la vida y ver el mundo. El día que ganó Trump, el libro volvió a imprimirse y llegaron las traducciones a otros idiomas. En las vidrieras, se exhibieron con una faja: “el libro que predijo la llegada al poder de Donald Trump”.

La asunción de Milei es el fin de un contrato social, nuestro desmoronamiento, el que no supimos frenar. El candidato que votaron quienes se cayeron del sistema, quienes quedaron fuera del Estado de bienestar, quienes sufrieron las consecuencias más macabras de la pandemia. Esos que ven privilegios en los trabajadores y trabajadoras del Estado que reciben un ingreso fijo, salen de vacaciones y cobran aguinaldo. Quienes integran esa masa informal del mercado laboral y creen en el legado de la Argentina inmigrante, la que forjó el trabajo duro y el sacrificio individual antes de que llegara el peronismo. Los que comprobaron que estudiar en la universidad pública ya no es suficiente para saltar la línea de pobreza, comprar un auto, construir una casa. A Milei (que contaba en televisión cómo hacía malabares para pagar su alquiler o la manera en la que padeció la hiperinflación de Alfonsín) lo eligieron los outsiders de la economía, los rotos, los que día a día tienen que ver cómo van a hacer para comer antes de que se ponga el sol.

Milei también es la destrucción de todo lo que dimos por sabido. Fue el vaciamiento de las calles para la reclusión domiciliaria durante el 2020, la falta de movilizaciones durante el albertismo, las crisis dirigenciales, las internas a cielo abierto, las voluntades propias, ya no de las agrupaciones. Es la batalla cultural que perdimos, la imaginación política que olvidamos. A Milei lo votó una generación que no conoce los detalles de la dictadura y los estallidos económicos del 89 y el 2001. Eso no la convierte en una generación negacionista, pero sí en una que pide considerar los “nuevos derechos humanos” de vivienda propia, ambiente y trabajo de calidad. Una generación que también lee, que no solamente consume lo que ve en las redes. Es imposible desligar la victoria de Milei del boom editorial de las nuevas derechas con salas llenas en presentaciones de libros de Agustín Laje y otros autores. Eventos donde Laje incitaba a los jóvenes a leer más para saber profundizar ideológicamente en las discusiones. Sobre eso hay una excelente entrevista a Ezequiel Saferstein que recomiendo. Milei ha logrado ser el ordenador de un gran discurso social harto del cinismo y los fracasos de estos últimos ocho años de crisis por goteo. En su bronca hay una piedra angular hecha de frustraciones y un cuestionamiento ético que ignoramos por voluntad propia. Discursos de libertad, seguridad, corrupción y república que hemos cedido, por no saber cómo responder. Ofrecimos una oportunidad y la perdimos, ¿qué nos hacía pensar que podíamos atraer un futuro con palabras repetidas?

La fortaleza y la debilidad de Milei es que no tiene pasado. Es lo nuevo, la idea de cambio sin experiencia de gestión. En una reunión en la casa del periodista Eduardo Feinmann, el ex presidente Mauricio Macri le recriminó al libertario la cosecha de lealtades de parte del peronismo no kirchnerista. Alguien decía en X (ex Twitter) que Milei odiaba al radicalismo, pero que un poco de peronismo no le vendrá mal a la musculatura de su gobernabilidad, sobre todo si el socio del paquete mayoritario es Macri. Milei reconoce que el PRO le brinda - por ahora - un colchón. Habrá que estar atentos a la figura de Guillermo Francos, nuevo ministro de Interior, ex militante del partido de Domingo Cavallo y ex funcionario del gobierno de Isabelita en la década del setenta.

Saber sufrir

En su discurso desde el balcón de la Rosada, el nuevo presidente volvió a pronunciar de memoria el mantra del los libertarios: “el liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”. Es el relato de la época. Es el nuevo “vengo a proponerles un sueño” o mejor, “vengo a posponerles un sueño” porque primero hay que esperar, primero hay que saber sufrir.

En su libro La promesa de la felicidad, Sara Ahmed anota: “la felicidad es lo que hace que esperar sea soportable y deseable; cuanto más se espera, más se nos promete a cambio, mayor es nuestra expectativa de lo que habremos de obtener”. El objeto feliz circula como promesa aún en la ausencia de felicidad porque es lo que hace tolerable el presente. El peronismo de estos años no ha tenido un segundo semestre para ofertar. Una vida feliz implica regular el deseo, es lo que parecen decir los gobiernos de derecha. El discurso se cuela entre las pantallas de streaming y las app de delivery. Lo individual ha prevalecido por encima de lo colectivo. Una mujer le responde a un notero “yo voy a aguantar”, ella dice “yo”. Es ella primero, porque viene aguantando desde antes y porque puede aguantar un poco más. ¿Qué pasará con los demás? Parece no importar.