29 de mayo de 1969: crónica del cordobazo
Lo que preocupaba por esos días a los principales dirigentes del movimiento obrero cordobés para poder avanzar con pasos firmes en la lucha contra la dictadura era “el camino que los condujera a la unidad gremial para poder realizar un paro general” contundente. Esa unidad no podía darse sin el acuerdo de las dos CGT en Córdoba: la de Azopardo y la de los Argentinos, ambas todavía muy vigentes en Córdoba.
Las conversaciones con Agustín Tosco -CGT-A- dieron resultados, y el Plan de Acción consensuado fue presentado en las dos CGT.
“En ambos plenarios -cuenta Elpidio Torres en su autobiografía- las ponencias fueron aprobadas por unanimidad y se conformó un Comité de Organización encabezado por los secretarios generales de ambas centrales obreras regionales (Miguel A. Correa, del Sindicato de la Madera, y Miguel A. Godoy, del gremio de los Panaderos)”.
“Los sindicatos cordobeses, tanto de la línea “ongarista” (Tosco, Correa, Simó, Martini) como los legalistas de la filial de la CGT de Azopardo (Elpidio, Godoy y otros) -refiere el historiador Roberto A. Ferrero- acuerdan entre sí y con la dirigencia estudiantil que el paro en Córdoba se adelantará para el día 29 a partir de las 10 de la mañana”.
De esa manera, ambas CGT resolverían en conjunto adelantar para el 29 de mayo y por 36 horas (o sea hasta el 30/5 inclusive) el Paro que habían convocado las dos CGT nacionales para el 30/5. La modalidad sería con abandono de los lugares de trabajo a partir de media mañana del día 29, para concentrarse en la Plaza Vélez Sarsfield, centro principal de la sociedad cordobesa.
Una vez aprobado el plan por sendos plenarios cegetistas los días 27 y 28 de mayo, “la acción estuvo encaminada a la organización de la medida adoptada”. Se sucedieron “una serie de reuniones del comité organizador con los diferentes gremios, manteniendo contacto permanente con las organizaciones estudiantiles, con las cuales ya se tenía relación” y se coordinó a su vez la estrategia para mantenerse conectados durante la movilización. El 28 a la noche se reunían por última vez con Elpidio Torres, Agustín Tosco y Oscar Settembrino (de Telefónicos) en el local de SMATA, disponiendo que los estudiantes se concentrarían en el Barrio Clínicas, en Av. Gral Paz esquina Santa Rosa y en la esquina de Olmos y Maipú.
Contra la corriente mayoritaria, “los grupos de ultraizquierda se opusieron terminantemente” al Paro y a la participación en la huelga y la movilización del 29 y 30, alegando unos que, de apoyar, le “harían el juego a los golpistas que querían desplazar a Onganía por otro militar”; otros, que “la huelga estaba dirigida por la “burocracia sindical”, e invitaban a los estudiantes “a agitar en la puerta de las fábricas y de los barrios”; y hubo quienes adhirieron, pero dejando en claro “la repugnancia que sentían de actuar junto a los “burócratas” de la CGT”, con lo que ponían en evidencia sus sentimientos de clase.
La historia se pone en marcha
El 29 de mayo de 1969, a la hora señalada por sus organizadores, se produjo el abandono masivo de la planta de IKA -hoy Renault- de Santa Isabel, quedando en la planta “únicamente la guardia de seguridad del establecimiento”, según lo recuerda el propio Elpidio Torres en su libro sobre El Cordobazo.
Después de superar el inconveniente que resultó el adelantamiento del paro de colectivos, que debía comenzar recién a las 12 para permitir la confluencia al centro, los obreros mecánicos comenzaron su marcha a pie hacia el centro de Córdoba, a la que “se fueron agregando al pasar cientos de trabajadores provenientes de distintos talleres”.
Al llegar a la rotonda que divide los caminos a Despeñaderos y Alta Gracia, se encontraron “con una verdadera concentración esperándonos”: trabajadores del Vidrio (CIVE), los metalúrgicos de la fábrica Del Carlo a la cabeza, los de la Fábrica Argentina de Engranajes, los compañeros de ILASA Vélez Sarsfield, afiliados al SMATA y de muchos talleres de menor envergadura, “todos dispuestos a la lucha”.
Al llegar al Hogar Escuela Pablo Pizzurno (hoy sede del Ministerio de Salud y Acción Social de Córdoba), situado en la Av. Vélez Sarsfield, que conduce en forma directa al centro de la ciudad, al ser duramente reprimida por la Guardia de Infantería, Guardia de Caballería y Compañía de Gases, la columna que a esa altura ya era de 10.000 trabajadores se dividió en dos: una atravesó la Ciudad Universitaria y, bajando luego por la Av. Hipólito Yrigoyen, se dirigió al punto de concentración en la intersección de Av. Yrigoyen, Bv. San Juan y Av. Vélez Sarsfield, en la plaza homónima. A esta columna se agregaron numerosos estudiantes pertenecientes a las Facultades de Derecho, Arquitectura e Ingeniería que funcionaban en el centro de la ciudad.
La otra columna -encabezada por Elpidio Torres- bajó por barrio Güemes y Bella Vista, por Arturo M. Bas, hasta Bv. San Juan. Al llegar a esta intersección, en un nuevo enfrentamiento con la Guardia de Caballería, cayó herido de muerte el compañero Máximo Mena “con el corazón destrozado por una bala asesina”.
Al ver la reacción airada y desesperada de los trabajadores sobre “los “cosacos” del régimen”, la policía “huyó” hasta La Cañada esquina Belgrano, donde se encontraban los vehículos policiales.
“A esos vehículos subieron la Guardia de Infantería y la Compañías de Gases y de Perros, mientras la Guardia de Caballería al galope tendido buscaba el mismo destino de los demás: la plaza San Martín, donde se encontraba la Central de Policía. De allí no se atrevieron a salir hasta aproximadamente las 18 horas, cuando fueron informados de la presencia de las tropas del Ejército y de la Gendarmería en las calles”.
Lo mismo había sucedido con la otra columna del SMATA, engrosada por la “importante presencia de estudiantes universitarios, trabajadores de AOMA (Asociación Obrera Minera Argentina) provenientes de la fábrica Corcemar, de Luz y Fuerza de la planta de camino a San Carlos, empleados nodocentes de la UNC y de Transax -afiliados al SMATA- y de muchos otros talleres de la zona de camino a San Carlos y San Antonio”.
La policía abrió fuego “sin miramientos de ninguna naturaleza” y murieron tres estudiantes (que no fueron registrados o su identidad fue ocultada), produciéndose igualmente la reacción airada de la multitud y la huida de la policía: “Ante el ímpetu de los trabajadores y el repliegue policial, los manifestantes se apoderaron de la calle”.
Por La Cañada (viniendo del Oeste) ingresó al centro de la ciudad la columna de obreros de la Fábrica Militar de Aviones, de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y de muchos talleres mecánicos y metalúrgicos, estaciones de servicio y distintas fábricas del sector de Ruta 20.
Simultáneamente lo hizo desde el norte de la ciudad la columna de Luz y Fuerza, encabezada por Agustín Tosco, que después de hacer abandono de sus lugares de trabajo “avanzaba por la calle Humberto 1º hacia la Av. Gral Paz con rumbo a la intersección con Av. Colón”.
Por el Camino a Pajas Blancas (desde el noroeste) convergieron los hombres y mujeres del SMATA de la planta de matrices de IKA e ILASA, a los que se sumaron los trabajadores de concesionarias y talleres mecánicos y metalúrgicos, del SUTIAGA y Gráficos en su recorrida hasta el Centro por Av. Castro Barros, Avellaneda y Av. Colón. Desde Alta Córdoba llegaron los ferroviarios. Otros gremios confluyeron por Av. 24 de Septiembre, Av. Olmos – Av. Colón, que se fueron concentrando en Colón y Gral. Paz, donde se sumaron los trabajadores de Correo y Comercio. Al enfrentarse con la policía, que intentaba cerrar la vía a la concentración de todas las fuerzas, “las fuerzas del orden debieron replegarse” también.
Al conocerse lo que sucedía en las inmediaciones de la Plaza Vélez Sarsfield con las primeras columnas del SMATA y estudiantes, comenzaron las barricadas en la zona Norte.
Por la calle Agustín Garzón bajaban hacia el centro de la ciudad trabajadores del sector de Barrio San Vicente: Barraqueros, de la Alimentación, del Cuero y Metalúrgicos, a los que también se sumaron los obreros del Ferrocarril Mitre. Al llegar a la intersección de la Av. Sabatini, Ruta 9 y Tránsito Cáceres de Allende, en la esquina de la actual Terminal de Ómnibus, se unieron a la columna que bajaba desde el sur procedente del núcleo industrial de Ferreyra, integrada por trabajadores mecánicos de Grandes Motores Diesel –“única planta del grupo FIAT que no tenía sindicato de empresa”-, Thompson y Ranco Argentina y varios talleres metalúrgicos y mecánicos del sector sur, como Luján Hermanos. Esta columna fue sumando a sus pares Molineros, Fideeros, Vitivinícolas, Madereros, del Vidrio y también a los trabajadores de la Carne a su paso por el Matadero Municipal, tal como se había previsto y organizado previamente.
No dejemos pasar en esta sucinta crónica o reconstrucción de aquel día, la presencia, protagonismo, aporte o directamente su inclusión en la marcha, de la inmensa mayoría de los barrios de Córdoba, cuando los obreros que confluían desde los cuatro puntos cardinales al centro de la concentración, atravesaban o pasaban cerca de cada uno de esos barrios y centros habitacionales.
Refiere Elpidio Torres en su libro, que además de contar con la colaboración mayoritaria de los vecinos del barrio Güemes, Nueva Córdoba, Centro y alrededores hacia el sector sur de la ciudad “para formar las barricadas y evitar la circulación policial”, se pudo ver en Nueva Córdoba
“a las monjitas del Buen Pastor arrojar todo tipo de trastos viejos que se amontonaban en techos y rincones, ante el vitoreo de los compañeros. Los incendios callejeros por las barricadas fueron la nota particular de esta postal de guerra entre las armas de la dictadura y la protesta de los trabajadores y distintos sectores de la sociedad”.
Las columnas estudiantiles
En la primera línea de la movilización estudiantil convocada por las dos CGT de Córdoba se encontraban el Integralismo (peronismo socialcristiano), la Franja Morada (radical), la Izquierda Nacional (PSIN-AUN), el FEN (peronismo ortodoxo), el MOR (comunistas) y las columnas de AREI (MNR) y de la UTN.
Desde la plaza Colón -refiere Roberto A. Ferrero en su “Historia del Movimiento Estudiantil de Córdoba” bajó una nutrida columna de estudiantes encabezada por militantes de AUN (izquierda nacional) tomados del brazo. Rechazados en La Cañada por la policía montada, se rehicieron y bajaron por la calle Artigas. Otros centenares de estudiantes “se descuelgan desde el barrio Clínicas en dirección al centro, avanzando por Avenida Colón”. En otras columnas se integraron los militantes de AREI (MNR) y de la UTN.
En el incendio de los símbolos del poder oligárquico-imperialista (Empresa XEROX, Citroën y Confitería Oriental) dejó su marca la marcha estudiantil.
Al medio día, alrededor de 1.500 estudiantes ocuparon el Palacio de Justicia y organizaron un gran acto que repitieron en la explanada del Palacio Municipal, donde habló el estudiante Eduardo González (IMAF - AUN), reconocido doctor en Física y militante popular (recientemente fallecido). Marta Gorsky, participante del Cordobazo y militante de la izquierda nacional también, diría orgullosamente unos años después: “No dirigimos el Cordobazo, no lo planeamos, pero estuvimos allí”.
Según Carlos Scrimini, citado por el historiador Ferrero, “el movimiento estudiantil aportó por lo menos 10.000 estudiantes de los 30/35.000 participantes del 29 de mayo”. Otro dato importante que aporta otro de los protagonistas del Cordobazo -Horacio Paccazochi-, es que en las distintas columnas que confluían sobre el centro de la ciudad “no se exhibían carteles o pancartas de ningún partido político, solo banderas argentinas”.
Recién al anochecer del día 30 de mayo, las tropas del gobierno lograron dominar totalmente el barrio Clínicas, donde se había concentrado la resistencia estudiantil con barricadas, fogatas y el corte de luz de los trabajadores de EPEC, después de conocer la detención y condena de los principales dirigentes obreros y estudiantiles y dejar la zona céntrica como centro de la protesta obrero-estudiantil.
Además de Elpidio Torres y Agustín Tosco, fueron sometidos a los Consejos de Guerra dos universitarios: Víctor Hugo Sáiz, conocido militante de AUN y Partido Socialista de la Izquierda Nacional, y Luis Rubio, del Integralismo (peronismo universitario). Tal vez, debido al encarcelamiento de los principales líderes obreros en las primeras horas del día 30, la participación obrera disminuyó notoriamente el segundo día. Fue entonces que
“los estudiantes y vecinos del Barrio Clínicas se constituyeron en el último bastión de la revuelta popular”.
Sin duda, el Cordobazo -como lo había sido en su momento el 17 de octubre de 1945-, otra vez con el protagonismo de los Trabajadores, esta vez en una provincia del Interior en el centro del país, fue la reacción de todo un pueblo mancomunado contra sus opresores en un momento particular de nuestra historia.
El SMATA, conducido por Elpidio Torres, le aportó a la sublevación popular de aquel día la mayor cantidad de obreros que se movilizaron durante esa jornada: 10.000 trabajadores; el dirigente de UTA Atilio López aseguró el paro total de transportes a partir de las 10 de la mañana; y Agustín Tosco, de Luz y Fuerza, llegó a la manifestación popular de aquel día a la cabeza de más de 1.000 trabajadores y trabajadoras, dejando a la ciudad sin luz durante la noche del 29.
El Cordobazo se había convertido en la sublevación popular más grande de la historia argentina después del 17 de octubre de 1945.
El 29 de mayo de 1969, a la hora señalada por sus organizadores, se produjo el abandono masivo de la planta de IKA -hoy Renault- de Santa Isabel, quedando en la planta “únicamente la guardia de seguridad del establecimiento”, según lo recuerda el propio Elpidio Torres en su libro sobre El Cordobazo.