Fernando Barrera: “El movimiento obrero siempre ha estado cerca de los trabajadores”

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Fernando Barrera: “El movimiento obrero siempre ha estado cerca de los trabajadores”

20 Diciembre 2023

APU Stream, el programa de la Agencia Paco Urondo que sale los sábados de 11 a 13 hs por el canal de Youtube y Twitch de Gelatina, dialogó con Fernando Barrera, secretario de Profesionales de UPCN (Unión del Personal Civil de la Nación) y presidente de la Agrupación Peronista Blanca, quien analizó el resultado de las elecciones y el panorama laboral.

Agencia Paco Urondo: Para comenzar, el gremio tiene su agrupación política. ¿Cómo funciona eso?

Fernando Barrera: Es una agrupación política que integra el Partido Justicialista (PJ) de la Ciudad de Buenos Aires. Hace ya 25 años que la tenemos, con desarrollo territorial en todo el territorio y militancia dentro de la estructura del partido. Yo soy secretario de relaciones institucionales. Integramos la mesa ejecutiva con Mariano Recalde.

APU: Por momentos incluso han presidido el partido.

FB: Sí, claro. Yo he sido veinte años apoderado del partido. Andrés Rodríguez ha sido presidente. Tenemos una larga trayectoria dentro del PJ de la Ciudad de Buenos Aires y creo somos una de las cuatro agrupaciones con mayor desarrollo político y territorial en el distrito, junto con La Cámpora, el NEP –Nuevo Espacio de Participación-, y el Peronismo por la Ciudad. Ahora conformamos un espacio muy interesante porque venimos trabajando de manera informal en los barrios en las comunas, hace ya unos cuantos años, pero a partir del año pasado formalizamos un espacio común que le dimos el nombre de Unidos. 

Unidos aglutina la experiencia militante no sólo de nuestra agrupación sino que suma también al Movimiento Evita y a otras del peronismo de la ciudad que también tienen su trayectoria territorial. Hoy todos nosotros formamos Unidos. Nos reunimos y hace ya un año y medio estamos trabajando organizadamente en la Ciudad ahí. 

APU: ¿Cuál es el problema con el peronismo de la Ciudad que no puede ganar la elección?

FB: Creo que hay varios factores. Primero, nunca tuvimos una política de interpelar a los porteños, sino que siempre el peronismo de la Ciudad fue un acápite del gobierno nacional. La cercanía del peronismo porteño con el Gobierno central, generalmente con el Poder Ejecutivo, terminaba haciendo que el Ejecutivo tomaba decisiones por encima del PJ de la ciudad y, de alguna forma, el éste acompañaba el proceso político nacional sin una identidad propia. 

APU: ¿Eso con Alberto Fernández se ha agudizado?

FB: Sí, por supuesto, en varios en varios momentos. Alberto Fernández, cuando fue el jefe de Gabinete de Ministros, también era presidente del PJ de la Ciudad. Es el ejemplo cabal. La injerencia del gobierno nacional en la estructura del partido, por lo menos en la Ciudad de Buenos Aires, siempre fue muy fuerte. Era un brazo político del gobierno nacional.

APU: ¿Cuál es la consecuencia?

FB: Se empieza a perder identidad del partido como una expresión política porteña porque termina atado a una agenda, la nacional y la del gobierno, y no le permite debatir las cuestiones vinculadas con lo que le importan a los vecinos y las vecinas de la Ciudad. 

APU: Una de las cuestiones que se menciona es que Cristina Fernández de Kirchner, al elegir a Mauricio Macri como opositor, empujaba la identidad porteña hacia ese lugar. 

FB: El porteño siempre tiene una necesidad que es de construir este liderazgos políticos con proyección nacional. Se ha dado la característica de que la Ciudad de Buenos Aires ha formado dirigentes que automáticamente se proyectan como políticos nacionales, más allá de la Ciudad, y terminan compitiendo por la Nación. Fernando De la Rúa, Macri, Alberto, Javier Milei.

Milei termina siendo un referente porteño que se transforma en una cuestión política nacional y que termina teniendo los votos que tiene a nivel nacional cuando ni siquiera hizo campaña ni conoce muchos de los lugares donde ganó en el interior del país. Se da esta característica en la Ciudad de Buenos Aires lo cual tiene su sus bemoles. Creo que nosotros, como peronistas de la Ciudad, tendríamos que trabajar muy fuerte en construir identidad porteña, algo lo hemos hecho en esta última elección. 

APU: ¿Encontramos las temáticas?

FB: Sí, pero hace falta fortalecer el entramado social, militante y político que tienen el peronismo y las organizaciones sociales en la Ciudad y transformar eso en una en una alternativa política. A mí me sorprende, es una ciudad no sólo de servicios, si bien son la fuerza económica más fuerte, pero hay muchísimas actividades productivas también. En algún momento fue eminentemente productiva. Recorres la zona sur y hay un montón de fábricas abandonadas, la gran mayoría era un polo de desarrollo productivo. ¿Cómo puede ser que las organizaciones sindicales que expresan la identidad de sus trabajadores no tienen expresión política dentro del peronismo de la Ciudad? 

APU: Al menos desde 1983 hasta acá hay una desindicalización del PJ, lo que se traduce en una discusión entre el partido político contra los que vienen de origen sindical, como si fueran dos lenguajes distintos. Por qué pasa eso? 

FB: Creo que son procesos políticos, tiene que ver también con un proceso histórico. No siempre fue así. En su momento las 62 organizaciones del movimiento obrero tenían una fuerte expresión política dentro, no sólo en la Ciudad sino a nivel nacional, y a partir del advenimiento de la renovación en los 80 se empezó a generar esta visión de que la política tenía que correr por separado de la representación social y fundamentalmente sindical.

APU: ¿Esa renovación fue anti sindical?

FB: Por supuesto. En realidad, fue la respuesta a la organización del campo sindical en la expresión política. Después de la derrota de 1983 un debate profundo que se dio en el peronismo era romper con la ortodoxia, lo que era cobrarle a los sindicatos la expresión política dentro del movimiento. La renovación vino a cubrir ese espacio. Incorporó sectores del sindicalismo, como los 25, que formaban parte de las estructuras partidarias, pero el poder político del partido y del movimiento pasó exclusivamente a un sector dirigente que entendía que el movimiento obrero estaba para discutir nada más que salario, condiciones laborales de los trabajadores y no tenían que influir directamente en la conducción política del movimiento. 

APU: El fuerte proceso de desindustrialización afectó el poder de fuego de los sindicatos en la política.

FB: Sí, en realidad lo afectó a nivel económico e institucional. Tenés organizaciones sindicales como la UOM –Unión de Obreros Metalúrgicos- de un millón de afiliados que terminaron en un proceso de desindustrialización y de destrucción del sistema productivo argentino con pérdida de trabajadores. Eso derivó en la pérdida de la fuerza sindical en el marco de la estructura.  No tuvo que ver con el modelo económico sino más que nada con una visión política. Después se vio fortalecido en esto de que los políticos tenían que ser los famosos que medían bien, que vino con Carlos Menem.

Los candidatos eran los que mejor medían, entonces había que buscar famosos, reconocidos por la gente o al que se conocía por los medios. Alguien peleando en la calle por un conflicto sindical no era importante desde el punto de vista político, que también conlleva una visión ideológica y tiene que ver con una identidad. El dirigente político dejó de lado su propia identidad y se empezó a vestir con saco y corbata, a hablar distinto y a tomar diferencias. 

Juana Grabois decía que, al acompañar a Natalia Zaracho, que asumió de diputada nacional, se encontraba en el bloque y la miraban feo por donde venía. Uno podía suponer que eran de la oposición pero eran los nuestros. Esta situación en la que la dirigencia política empezó a adoptar una identidad diferente a lo que expresan o lo que deberían representar como movimiento terminó profesionalizando la política, separándola de los esquemas de representación y, fundamentalmente, de los espacios de identidad. Esto generó diferencias con el movimiento obrero y las organizaciones sociales, no es menor.

APU: La identidad obrera se pierde o está bajo mucha erosión.

FB: Tal cual, no sólo obrera sino trabajadora en su conjunto formal e informal. También empezó a haber una separación entre la clase dirigente y la expresión de la identidad política de los sectores que nosotros representamos ideológica, institucional y doctrinariamente que son los trabajadores.

APU: Otra cuestión con el peronismo porteño es que se empieza a generar un sentido común de que como la ciudad es gorila no la puede encabezar un peronista. ¿Estamos atrapados en esa dinámica?

FB: No, no creo que sea así. Sí necesita, y necesitamos nosotros, un debate profundo acerca de nuestra identidad hacia adelante en la reconstrucción como movimiento. A quién representamos, cómo lo hacemos y de qué forma constituimos nuevos liderazgos, que creo que es un debate que excede a la Ciudad y tiene que ver con el peronismo en su conjunto. 

APU: ¿Eso se está debatiendo hoy?

FB: Sí, está pasando. Está empezando a debatirse. Creo que estamos en un proceso de debate, hay que profundizar una discusión muy incipiente porque los liderazgos están todavía muy líquidos, no se expresan muy claramente. La derrota es consecuencia de eso mismo, de un proceso de años, identifico los últimos quince, en los cuales nos ha costado construir liderazgo que contengan al conjunto. Hoy se expresa en que, dada la coyuntura, no aparecen liderazgos. Tenemos que trabajar mucho para construir un debate que reconstruya liderazgos que nos permitan encarar el duro proceso que viene a nivel político y económico. 

APU: La misma acusación de ciudad gorila sucede en Bahía Blanca y acaba de ganar Federico Susbielles.

FB: Si nos vamos a resignar a que el porteño es gorila, nos mudamos de distrito o nosotros somos extraterrestres que caímos acá y pensamos distinto. Nosotros laburamos, estudiamos, crecimos, nos desarrollamos, formamos una familia en este distrito digo y vivimos lo mismo que cualquier persona. Espero algún día quedarme y ser solo un relato histórico de las generaciones que me sigan.

APU: Milei salió de esta Ciudad en 2021 pero este año no le fue tan bien como podría haberse pensado en algún momento. ¿Cómo lo caracteriza?

FB: Es un fenómeno muy particular, con todo lo que significa el concepto de fenómeno. Es una persona con una profunda inestabilidad emocional, es un hombre muy emocional. Supo observar la bronca frente al problema de la representación política y lo capitalizó perfectamente. Supo canalizarlo y eso le permitió en dos años construir una identidad y una imagen que le permitieron ahora ser presidente. Es una persona inestable emocional, con poca experiencia, que ojalá pueda encaminar algo. No empezó bien.

APU: ¿Imagina un Milei que viene a aplicar su anarcocapitalismo o un conservador más pragmático?

FB: Creo que él no sabe todavía ni siquiera hacia dónde tiene que ir. Estamos en un momento donde hay muchísima incertidumbre e improvisación, incluso dentro del gabinete, también amateurismo. Hay fuerzas conservadoras que están presionando sobre la decisión del presidente, es decir, es un cóctel explosivo que hay que ver cómo reacciona. 

Las primeras medidas fueron de neto corte conservador. Mientras escuchaba a Luis Caputo rememoraba discursos de 1976 en adelante. Era chiquito pero, de lo que he visto de 1983 hasta acá, muchos de esos discursos eran similares a lo que Caputo dijo el otro día. La receta vuelve a aplicarse y no era nada anarcocapitalista ni heterodoxo lo que planteó en cuanto a medidas económicas. Tampoco son un programa de gobierno, sino que fueron propuestas que, de alguna forma, avanzaron en un ajuste que se viene aplicando en Argentina hace ya cincuenta años. Es preocupante la situación.

APU: ¿Por qué considera que lo estatal aparece como enemigo principal de los liberales conservadores?

FB: Porque el enemigo es el Estado y una concepción que entiende que el Estado debe ser el articulador y regulador de los desequilibrios sociales, entonces obviamente se ataca al trabajador para atacar al Estado. El Estado no se hace sino con sus trabajadores, entonces atacarlo es atacar al Estado, lo cual es atacar a un modelo de país que entiende que debe haber un equilibrador de las relaciones sociales, un sujeto, que es el Estado, que debe establecer condiciones y regulaciones a los sectores poderosos para permitir que el crecimiento alcance y sea para todos, que la calidad de vida de nuestra gente sea mejor permanentemente, que el pueblo pueda avanzar en una política de desarrollo, social y económica. 

Atacar al trabajador es atacar al Estado, es más fácil atacarlo que al Estado. Estos atacan a las dos cosas por su lado. No pierden el tiempo. Hasta ahora hay muchas palabras pero todavía no, por eso decía lo de la improvisación y el amateurismo. Todavía no está muy claro qué es lo que van a hacer concretamente, lo que están mostrando no es bueno. El Estado parece ser uno de los espacios sobre los cuales quieren actuar.

APU: ¿Todavía están en una fase contradictoria pero de amenaza?

FB: Sí, todavía concreto no hay nada. Desde la militancia sindical estamos esperando. El gobierno tiene que tomar las decisiones. La CGT –Confederación General del Trabajo- emitió un comunicado planteándole que estamos dispuestos al diálogo, como con todos los gobiernos, esa debe ser la función del movimiento obrero de la Confederación, pero atentos. Como decía el General, atentos y vigilantes, es decir, cuidando, a ver qué es lo que quieren hacer efectivamente, qué decisiones quieren tomar, hacia dónde quieren llevar el rumbo de la economía y ahí veremos qué es lo que tengamos que hacer al respecto al trabajo.

APU: Otro de los relatos fue que los sectores precarizados miran con enojo, casi revanchismo, a los formalizados por los derechos que tienen. ¿Considera que pueda existir esa figura que envidia sobre todo al estatal por sus “privilegios”?

FB: Lo pueda haber, por supuesto. En la individualidad de cada uno hay un proceso que es mucho más profundo. Hay un proceso histórico que tiene que ver con el capitalismo global que lleva a que tratemos de individualizar las definiciones políticas y no generar consensos o encuentros colectivos. No generar comunidad, en lo individual muchos pueden pensarlo. Esto es indiscutible. 

Ahora, lo que tenemos que hacer es no caer en la individualidad de la bronca o del reclamo que pueda tener una persona en particular, sino en pensar cómo construimos un proyecto y un colectivo que trate de hacer que aquellos sectores que no poseen los derechos que tienen en el trabajo registrado puedan empezar a acceder a las condiciones que legítimamente merecen como trabajadores y como hombres y mujeres de esta patria. Hay un reduccionismo de la política a la individualidad, que es parte del problema. Hay que pensar en un proyecto colectivo y de qué manera llegar a estos sectores de la informalidad, que son muchísimos.

APU: Es difícil llegarles.

FB: Creo que el movimiento llega. Soy un convencido de que el pueblo argentino tiene una gran cultura política, que lo lleva a crear formas asociativas y encontrar lugares donde empiezan a generar sinergias. Capaz que no es la política la que lo organiza, pero sí en su barrio, comedor, club. Si busca formas asociativas, basta con recorrer los sectores más populares, la misma comunidad va encontrando sus lugares de socialización, de conformación de comunidad, para tratar de dar respuesta a sus propias necesidades. 

APU: Por ejemplo, los clubes de barrio en crecimiento en la Ciudad.

FB: En todos los sectores populares vas a ver expresiones disímiles de organización popular, lo que me parece que no tiene es contención política entonces parece como que pasara desapercibido. Hay una fuerte impronta del capitalismo global que intenta que eso se diluya y se transforme en expresiones individuales. Trata de desvirtuar la natural organización de los sectores populares para mostrarlos como individuos autómatas y autosuficientes, que si tuvieran plata serían emprendedores, pero que no tienen una concepción o un contexto social y colectivo. El pueblo argentino lo tiene.

APU: ¿Y podemos confiar entonces?

FB: Soy un convencido de que siempre el pueblo argentino encontró la forma de resolver sus intríngulis económicos, sociales e históricos. Sólo hay que darle tiempo. Perón hablaba de que los procesos son subterráneos, es decir, no se develan permanentemente. A veces transcurren subterráneamente a la realidad. La sociedad no los ve, pero existen y emergen cuando encuentran el momento histórico y un liderazgo que les permite expresar esa identidad, que ya se vino construyendo en lo social, en lo político. 

Quizás estemos viviendo un momento en el que tenemos que avanzar en recuperar esa organización, esa capacidad de organización y de expresión que tiene el pueblo argentino, especialmente los sectores populares, para construir lo que falta. Lo que está fallando es la dirigencia política y social que pueda recuperar y transformar esa fuerza que tiene el pueblo argentino en un liderazgo que proyecte un modelo de país.

APU: En eso la dirigencia política del peronismo, del cual muy marginalmente uno se siente parte y todo militante debería hacerlo, ha fracasado. Hemos quedado atrapados en dinámicas donde a la pérdida de un proyecto de político nacional la hemos reemplazado con narcisismo.

FB: Hay que desensillar, sostener el trabajo popular. Soy un convencido de que hay que ir a buscar en las verdaderas expresiones populares el lugar del reencuentro de la identidad. Lo veo en la militancia territorial, en el esfuerzo y el trabajo que está haciendo, por ejemplo, la Iglesia en los sectores populares, que es impresionante, así como las organizaciones sociales. Lo veo en las organizaciones sindicales y hay muchas que mantienen y preservan esa identidad y esa expresión de referencia con sus trabajadores. Veo la confianza que en lo sindical tienen los trabajadores a la expresión de sus organizaciones. 

APU: ¿Qué consejo le daría a un delegado gremial?

FB: Que esté cerca siempre de sus trabajadores, que los escuchen y contengan. Es un momento donde tenemos que contener a nuestra gente. Un momento difícil, de mucha incertidumbre y preocupación, de temor, y nosotros como dirigentes, especialmente de trabajadores, tenemos que estar más cerca que nunca conteniendo, escuchando y dando por lo menos la tranquilidad que debemos dar de que vamos a saber expresar y representar como lo hemos hecho siempre el interés de nuestros compañeros y nuestras compañeras.

Esa es la fortaleza que tienen el movimiento obrero y las organizaciones sindicales. Siempre hemos estado cerca de los trabajadores en distintas circunstancias y coyunturas, con errores, defectos, dificultades, traiciones, pero siempre se ha expresado el movimiento sindical argentino como concepto y modelo de organización, que nos delegó el General Perón, en estar cerca de los trabajadores y expresar la representatividad de sus intereses.

APU: Por último, ¿considera que es difícil encontrar sindicalistas que hablen más publicamente?

FB: Una vez, en una charla hace muchos años en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, tras hacernos preguntas, los alumnos se levantaron y empezaron a aplaudir. Una de las chicas en el fondo dijo que era la primera vez que tenían contacto con un sindicalista y que les sorprendía. Hay que hacer autocrítica, por supuesto, pero también hay que empezar a construir esa identidad. Hemos dejado fuera de la identidad una expresión muy importante del movimiento nacional. Esto es un trabajo que tenemos que ir desarrollando y fortaleciendo juntos.

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