El error sobre Manuelita Rosas, el sable corvo y su utilización como botín político
En tiempos donde el debate histórico tiende más a intentar resolverse dentro del carácter de la "filosofía de la Historia" y no desde la disciplina en su correcta utilización, naturalmente, se fue tergiversando el asunto, en cuanto a lo surgido por decisión del gobierno nacional a raíz de trasladar del Museo Histórico Nacional al cuerpo de Granaderos del general San Martín en lo que respecta al sable corvo.
Un poco de historia...
San Martín en la cláusula 3° de su testamento lega el sable corvo que lo acompañó en su patriada emancipadora al Brigadier General J.M de Rosas, que a su vez en sus disposiciones testamentarias dice lo siguiente:
"18° A mi primer amigo el señor Dn. Juan Nepomuceno Terrero, se entregará la espada que me dejó el excelentísimo señor Capitán General Dn. José de San Martín ("y que lo acompañó en toda la guerra de la Independencia") "por la firmeza con que sostuye los derechos de mi Patria". Muerto mi dicho amigo, pasará a su esposa la señora Da. Juanita a Rábag o de Terrero, y por su muerte a cada uno de sus hijos, e hijas, por escala de mayor edad". ¹
Se supone que hay testimonio de un joven llamado Jacinto Anzorena, en cuanto haber visitado a Manuelita Rosas y Máximo Terrero en Londres hacia 1886 y haber visto en un cofre expuesto en el comedor del hogar, el sable corvo que don José le legara al Restaurador. Ante la sugerencia del joven que dicho patrimonio histórico debía conservarse en Buenos Aires a la vista del pueblo, Máximo le espetó con cierto desdén y enojo:
" [...] Ese sable no volverá a la Argentina sino con los restos del general Rosas" ²
Allí y según el relato del joven, Manuelita dijo:
"No, Máximo, este niño tiene razón; esa reliquia debe volver a Buenos Aires y a su tiempo los argentinos le harán justicia a Tatita" ³
Diez años después, Adolfo Carranza (primer Director del Museo Histórico ubicado en aquel entonces en lo que hoy es el jardín botánico) envía una carta a Manuelita fechada el 5 de septiembre de 1896:
"Durante el largo perfodo de gobierno que ejerció su señor padre en este país, tocóle defender y mantener sus derechos e integridad comprometidos por la agresión de dos poderosas naciones europeas.
Han pasado los años, se han calmado las pasiones que se agitaban en aquellos días, y hoy creo poder asegurarle que se ha hecho opinión general la que fue entonces por algunos resistida, y es que con su actitud su padre salvó el honor de nuestra bandera y protestó bizarramente contra el proceder de la diplomacia extranjera".⁴
Seguidamente repitió las palabras del testamento del general San Martín, agregando:
"Me permito solicitar de Vd., con destino al Museo que dirijo, aquella espada redentora de un mundo, para que aqui, en el seno de la Patria que le dió el ser, pueda ser contemplada por los que la habitan y que sea ella en todo tiempo la que les inspire para defender la soberanía nacional, como en la ocasión que originó se la obsequiaran a su señor padre".⁵
Nada podía tocar más el corazón de Manuela que este reconocimiento a la gestión de gobierno de Rosas. En su respuesta a Carranza, fechada 26 de noviembre, le dijo:
"Oportunamente recibí su fina carta del 5 de septiembre último, la que es para mi esposo, para mí y para nuestros hijos tan interesante por la justicia que hace Vd. en ella a la actitud heroica de mi lamentado padre General D. Juan Manuel de Rosas, que durante su gobierno salvó el honor de nuestra bandera ultrajada por potencias extranjeras, que trataban de humillarla. Por disposición testamentaria de mi padre, el sable que le fue legado por el ilustre Capitán General don José de San Martín, valiosísima prenda que con palabras gratas me pide Vd. destine al Museo Histórico Nacional de nuestro país, hoy pertenece a mi esposo, y como fácilmente comprenderá Vd., mucho le cuesta a él, como a todos nosotros, hacer el sacrificio de desprendernos de ella
Es ésta la razón por la demora de mi contestación a su pedido. Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido a donar a la Nación Argentina este Monumento de Gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Vd., señor Carranza, contar con que al recibo del pedido oficial que Vd. ofrece, la contestación será el envío del sable.
Mandamos también los objetos históricos que pensamos serấn de valor para el Museo Histórico Nacional.
En unión de mi esposo y mis hijos saludamos a Vd. cordialmente y soy, su atenta segura servidora (Fdo.) Manuela de Rosas de Terrero". ⁶
Para comprender la actitud de Manuelita debe analizarse lo legal y lo legítimo. Manuelita estaba legitimada por su condición de ser la persona más importante para Rosas después de la muerte de Encarnación Ezcurra. La legalidad sobre cómo disponer del bien preciado, le correspondía a Máximo que tenía potestad sobre el sable por disposiciones testamentarias. Manuela convence a su marido de entregar tal honor, para poder ser apreciado por todo argentino que así lo quisiera.
Máximo recibe una carta -escrita previa respuesta de Manuelita a Carranza- donde se le pedía formalmente y con el respeto del caso, el sable para poder ser expuesto a todo el pueblo argentino.
Máximo responde al pedido oficial con los mismos argumentos de Manuelita y el hijo del matrimonio Manuel Máximo Terrero, se presenta en la embajada argentina en Londres, donde hace entrega del sable en el mismo cofre que su abuelo (Juan Nepomuceno Terrero) lo había recibido.
El mismo cofre despachado en un vapor inglés "Danube", arribaba al puerto del Plata el 28 de febrero de 1897, siendo trasladado por la corbeta "Argentina" de allí hasta Puerto Madero. Allí aguardaba ansioso el Presidente de la Nación José Evaristo Uriburu, acompañado por una comitiva militar de la que formaba parte el teniente general Donato Alvarez.
"El monumento de gloria"
Así denominaba Manuelita Rosas al sable y así pensó desde su legitimidad, el destino que el mismo debía tener en el corazón del pueblo criollo.
Los errores acerca de los datos históricos que se aseveran o se omiten, en cuanto a analizar el asunto de Milei con el sable y las respuestas de los descendientes de Rosas, son necesarios señalar y aclarar:
● El sable no fue legado a Manuelita Rosas. La importancia de Juan Nepomuceno Terrero en la vida de Juan Manuel, puede apreciarse en poner la custodia del sable a la familia Terrero.
● Una supuesta descendiente de Manuelita Rosas (Candelaria Dominguez) presentó un amparo contra la voluntad del gobierno nacional en cuanto al destino del sable.
● Manuelita Rosas tuvo dos hijos varones (Manuel Máximo y Rodrigo Terrero) que a su vez no pudieron dejar en el tiempo descendencia directa de Manuelita (Janie Terrero) rompiendo con una línea sucesoria de linaje (en este caso el particular de Manuelita)
El botín político
Es desmedro a la memoria popular, un instrumento como el sable que debería llenar de orgullo a los hombres, las mujeres, los ancianos y los niños que habitan suelo argentino, que debería unir y no dividir, ha sido utilizado como instrumento de extorsión tanto a partir de su exposición como cuando sufrió el robo en 1963 por parte de Agosto como con esta nueva canallada pergeñada por el Presidente de la Nación.
El sable y su espíritu de unidad que fue heredado en sucesión por los hombres y mujeres más destados de la historia nacional, sigue siendo utilizado para dividir. Aún más peligroso es cuando desde el Estado genera esa división o alimenta viejos rencores que parecían resueltos.
¹ Testamento de San Martín, Rosas y la protesta de Rosas. Fermín Chávez.
² Manuelita Rosas. Ramón F. Vidal
³ ídem
⁴ ídem
⁵ El Exilio del Restaurador. Ediciones Fabro. Doallo
⁶ ídem
* Museo Histórico Nacional