Francisco Magallanes: “Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta”

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INFORME DE UN DÍA

Francisco Magallanes: “Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta”

01 Noviembre 2026

La nutria es una novela del escritor platense Francisco Magallanes, se enmarca en la colección de la editorial Club Hem, donde los libros dialogan y logran una continuidad, independientemente del autor o autora de cada obra. 

Si tuviera que hacer una reseña que incluya todas las obras juntas, diría como factor común que son novelas donde el protagonista es el lenguaje y el pacto con el lector/a convoca a formar parte de ese juego. 

Umberto Eco en Lector in fabula hace referencia a los distintos tipos de lectores e inclusive los clasifica según los textos, si pensara desde ese lugar diría que los textos de Club Hem son abiertos, multiplican los sentidos y dan lugar a la cooperación e interpretación de quien lee. Le ofrecen al lector/a un tipo de libertad capaz de ser un personaje más y de actualizar la escritura en cada situación empírica de lectura. 

Me atrevo a esta introducción porque puedo percibir el carácter colectivo de la editorial, el intercambio prodigioso que se genera en un grupo creativo. 

En La Nutria, que no elude estas características, Francisco Magallanes escribe desde la poesía, como cuenta en el diálogo con AGENCIA PACO URONDO, en la novela predomina la musicalidad en la elección del título, en los diálogos, en el nombre de los personajes. Es una novela que marca el ritmo de un viaje, entonces las palabras son eslabones que funcionan con un movimiento propio. El lenguaje acompaña el curso del viaje, con el ritmo pero también con las pausas, con los idas y vueltas, con los obstáculos, con todo aquello que nos irrumpe en una ruta. 

El tópico de la fe pareciera mover la estructura de la novela, que también habla de la escritura y de la vida como si se tratara de la misma cosa.

Como Francisco explica, la nutria es el personaje principal, cuando habló sobre el tema me hizo acordar a una entrevista que le hice a la poeta Anahí Mallol, cuando le pregunté sobre el proceso creativo de sus libros y me dijo “es como ponerse unos anteojos con un cristal de determinado color y comienzo a ver todo de esa manera”.

Francisco se puso los anteojos y la nutria empezó a aparecer para trazar el rumbo del libro.  

En La nutria se cruzan personajes singulares que se dedican a actividades diferentes pero que todos se caracterizan por ser populares, trabajadores y proféticos, como la figura del Poeta.

Atravesar el río de caracoles no es fácil pero el arte se impone como una salvación a la altura de la fe, como escribe el personaje “No se trata de entender” “sino de entregarse al arte”. 

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la nutria libro

 

Francisco Magallanes conversó con AGENCIA PACO URONDO sobre el proceso creativo de La nutria, la construcción de los personajes, la importancia de lo colectivo en la literatura, del conjuro con sus dos pasiones  y de la fe. 

AGENCIA PACO URONDO: En los epígrafes de cada capítulo la nutria nos va guiando a través de las voces de distintos escritores, ¿la elección del nombre fue a partir de esas voces o precedente? 

Francisco Magallanes: La nutria apareció por primera vez adentro de la novela. En las primeras versiones ya estaba, pero después se impuso como título por su sonoridad. A partir de esa definición, empezaron a aparecer nutrias en los libros que iba leyendo. A veces los libros me hablan, ¿no te pasa?, mientras leo encuentro preguntas, respuestas, revelaciones. Pero cobró protagonismo a partir del título, sino esas apariciones en mis lecturas no las hubiera visto. 

APU: ¿Qué representa la nutria en la novela? ¿Remite al lenguaje en sí mismo o a algún personaje?

F.M. : La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez. Remite al lenguaje en sí mismo pero también es un personaje ineludible de la novela.

APU: ¿Cómo fue el proceso creativo? ¿Te acordás de la imagen inicial que te convocó a hacer la novela?

F.M.: Yo siempre escribo las primeras versiones en los cuadernos artesanales que hace el artista Falu Montero. Esa parte del proceso creativo es un trance, la libertad total, no corrijo ni releo absolutamente nada. Después esa versión pasa a la computadora y ahí sí me obsesiono bastante con la reescritura, el borrado, la sobreescritura. Hay mucho que queda a un lado en el montaje final. Pero toda esa escritura está ahí, aunque no se vea.

APU : En una entrevista comentás que empezaste en el 2016/17 de ese momento a la actualidad ¿se mantuvo la idea o fue recreando otra forma? Si es así ¿cómo se fue dando esa metamorfosis? ¿Es una exigencia del propio texto o el factor tiempo va configurando  nuevamente las historias?

F.M: Fue una gran metamorfosis escribir La Nutria, no exagero. Lo que siempre estuvo fue el personaje del Ruso, que es el conductor, el chofer de la trama en la novela. Ese personaje, ese capítulo lo encontré en uno de mis cuadernos de 2016. Pero el resto de la novela la escribí después de la salida de El Palomar. Incluso incrusté una novelita que había escrito, que se llamaba “la sensación” y pasó a ser la historia del Gran Caudillo del Litoral. En el último año, la novela encontró su forma definitiva gracias al testing y el pos-tenting de Manuel Estellés y Ariel Luppino, en la Escuela Clandestina de Escritura, que es un espacio genial para ver la escritura con mayor perspectiva.  

La nutria es el corazón de la novela. El músculo que bombea para que la trama y las subtramas avancen y retrocedan, una y otra vez.



APU: La novela, más allá de la historia principal, tiene distintas capas de escritura y como sucede en El palomar recreás universos que pertenecen a distintos usos de la lengua, de la jerga barrial a la competencia literaria (de hecho los personajes centrales están en las dos novelas)

¿Cómo construís los personajes? ¿Sos un escritor de los que creen que la escucha atenta es fundante para la construcción de los diálogos?

F.M.: Los personajes son centrales en todo lo que escribo. Casi siempre aparecen primero como una voz. Tienen su origen en lo cotidiano, cuando escucho una forma de hablar que me resuena. Ese fraseo, esa música que adquieren las palabras dichas por otro, de una forma única. Cuando estoy al lado de algún cuentero me quedo callado, puedo estar horas hasta que me apropio de esa música. Mis personajes toman moldes de la realidad para materializarse en la escena pero después despliegan una lógica propia, que no tiene nada que ver con lo real, y que voy descubriendo a medida que los escribo. El caso del Arveja, que es el personaje icónico de mis dos novelas, rompe esa lógica porque apareció primero como un sobrenombre: El Arveja. A medida que lo escribía fue tomando espesor y por su propia fuerza se volvió el personaje favorito de los lectores.  

APU: La nutria subrepticiamente es una novela sobre la fe y la escritura, el camino del Gauchito y constancia en el acto de escribir. ¿Es posible también que el autor dirima algunas inquietudes sobre el statu quo de los talleres literarios, la federalización de la escritura y la figura del maestro como “habilitante” de la palabra?

F.M.: Qué genial que La Nutria sea todo eso que decís, no lo había pensado. No creo en la figura del maestro como habilitante de nada. Entiendo que muchas veces funciona así, pero a mí eso no me interesa. Sí creo en los grandes escritores como formadores. Siempre a partir de compartir su experiencia vital con la escritura. Aprendo mucho con Hebe Uhart aunque nunca la conocí. De los efectos que genera su escritura. Por ejemplo, después de leer su cuento “El budín esponjoso” ya nunca pude dejar de pensar que a las galletitas le falta la tercera dimensión. Además tengo el privilegio de compartir una amistad con Felipe Polleri, un escritor de los grandes, con una ética intachable, que tiene una obra que todavía no terminamos de dimensionar. Escucharlo hablar de la escritura, de sus autores favoritos, que lea mis novelas y me haga comentarios que solo él puede hacer, es un aprendizaje invaluable. O las terrazas del Espacio compartidas con Carlos Ríos hablando de sus novelas, de cómo las escribe, son experiencias claves para después sentarme con mi cuadernito. 

APU: Por otro lado, lo mismo pregunto por el lado de la fe, ¿aparece ahí un Magallanes haciendo la ruta de su santo? 

F.M: “Haciendo la ruta de su santo” me encanta cómo suena. El Gauchito Gil es mi conexión con la fe. No se puede hacer nada sin fe. Hace poco volví al santuario del gauchito después de 5 años y cambió completamente. Lo hicieron todo nuevo, con una infraestructura muy superior a la anterior. Pero el santuario viejo tenía una carga energética que este todavía no, porque le falta la intervención de los devotos en el tiempo. Todo se modifica en la historia del mundo por eso la escritura es tan poderosa, porque cuando leemos dialogamos con los escritores de otros tiempos, del pasado y del futuro alternadamente. 

APU: en este orden también de hurgar sobre la profundidad de la novela, el Movimiento Acelerado que vence al tiempo y quiere hacer a los pueblos felices ¿se inspira en el peronismo?

F.M.: El Movimiento Acelerado fue fundado en el Siglo 3 AC. Es anterior al peronismo, sin embargo en la novela aparece Perón como uno de los principales líderes latinoamericanos, alineado al Movimiento Acelerado. La felicidad de los pueblos me parece un sueño revolucionario. Yo creo que se logra a partir del pleno empleo en el sector productivo con un costo de vida acorde al salario, que permita el consumo interno. Pero yo no soy economista, soy escritor y no puedo hacer otra cosa que escribir.  

APU: El fútbol también aparece en las dos novelas como si fuera un conjuro, o un rasgo de estilo ¿Gimnasia va a estar siempre en tus novelas por decisión previa o porque hace a la escritura? 

F.M.: Gimnasia es pura escritura y la escritura es lo más importante. Son las dos pasiones de mi vida. Pero no me gustaría que esté por una decisión previa. Cuando una novela está minada de decisiones previas está muerta. Hasta ahora nunca fue así. Como vos decís, hace a la escritura, se impone como un conjuro y yo siempre intento dejar ser a los personajes. 

APU: Mencionás bastante a los sueños ¿qué tan importantes son a la hora de encarar un proyecto de escritura? 

FM: Los sueños aparecen como un recurso más de la escritura. Pero lo cierto es que no soy tan consciente de eso. A partir de tu pregunta pienso en esa frase tan genial de Faulkner de que “hay que tener grandes sueños para no perderlos de vista mientras se persiguen” y creo en eso, porque todo lo que hicimos hasta ahora tiene ese espíritu en el horizonte, tanto el Espacio como Club Hem, Malisia, EDITA y Las Hamacas Voladoras, y los proyectos con Luppino, son parte de esos grandes sueños. 

 APU: ¿Qué es la vanguardia hoy?

FM: No tengo la menor idea. Creo que en más de una ocasión se vuelve otra etiqueta que puede resultar peligrosa. Muchas veces se tilda de vanguardia a las escrituras que buscan escapar a la estandarización del mercado, escapar al gusto impuesto por la institución literaria. Entonces se lo etiqueta de “raro” o “vanguardista” para que no lo lea el gran público. Y eso me parece un horror, porque es subestimar al lector. En La Nutria un personaje dice: “La vanguardia tiene que ser popular”.